Por qué aburrirse es necesario para la salud mental, según la neurociencia
La neurociencia explica que el aburrimiento no es una pérdida de tiempo, sino un proceso que permite regular emociones, procesar información y tomar mejores decisiones.

En una época en la que todo ocurre a la velocidad de un “swipe”, detenerse a pensar —y no digamos aburrirse— se ha vuelto poco común. Las notificaciones constantes, las redes sociales, las agendas llenas y la presión por estar siempre ocupados han reducido casi por completo los espacios de pausa. Sin embargo, la ciencia señala que esos momentos de aparente vacío no son un lujo, sino una necesidad para el cerebro.
Lejos de ser improductivo, el aburrimiento cumple una función clave en la salud mental. “El vacío es el terreno fértil donde germinan las ideas más brillantes, las emociones más profundas y las decisiones más lúcidas”. En esos lapsos sin estímulos externos, el cerebro procesa información, conecta experiencias y regula emociones.
El cerebro no termina de madurar antes de los 25 años
La neurociencia ha confirmado que el cerebro humano no alcanza su madurez completa hasta alrededor de los 25 años. Esta cifra no es arbitraria. A partir de esa edad se termina de desarrollar la corteza prefrontal, una región fundamental para el razonamiento, el control de impulsos y la toma de decisiones emocionales.
Esto explica por qué ciertas conductas, elecciones impulsivas o relaciones poco claras son más frecuentes antes de esa etapa. No se trata de falta de voluntad, sino de un proceso biológico en curso. Como resumen algunos especialistas, muchas decisiones emocionales se originan antes de que el sistema encargado de regularlas esté completamente listo.
Qué es el encéfalo y por qué dirige más de lo que creemos
Cuando se habla del “cerebro”, en realidad se suele hacer referencia al encéfalo, que es un conjunto más amplio. El encéfalo está formado por el cerebro, el cerebelo y el tronco del encéfalo. Junto con la médula espinal, integra el sistema nervioso central, responsable de coordinar emociones, memoria, impulsos y decisiones.
El cerebro, aunque es la parte más grande, funciona como un sistema organizado por zonas llamadas lóbulos. Cada una cumple tareas específicas. Este orden permite que distintas funciones ocurran al mismo tiempo sin interferencias, incluso cuando la persona cree que está “no haciendo nada”.
Mitos comunes sobre el cerebro que la ciencia ya descartó
Uno de los mitos más extendidos es que el hemisferio derecho es creativo y el izquierdo lógico. La evidencia científica muestra que ambos hemisferios trabajan juntos y están conectados por el cuerpo calloso. Las funciones no dependen de un solo lado, sino de redes activas en ambos.
Otro error frecuente es pensar que solo se usa el 10 % del cerebro. En realidad, múltiples áreas están activas de forma constante, aunque no siempre seamos conscientes de ello, como las que regulan la respiración, el equilibrio o la presión arterial.
Sustancia gris, sustancia blanca y cómo se comunican las neuronas
El cerebro se divide también en una parte externa, la sustancia gris o corteza, y una parte interna, la sustancia blanca. La diferencia de color se debe a la estructura de las neuronas. Las dendritas y el cuerpo celular forman la sustancia gris, mientras que los axones recubiertos de mielina conforman la sustancia blanca, encargada de transmitir información con mayor rapidez.
Las neuronas se comunican mediante un proceso llamado sinapsis. Esta comunicación puede ser eléctrica o química. En la sinapsis química intervienen los neurotransmisores, mensajeros que permiten estimular, inhibir o modular la actividad de otras neuronas.
Dopamina y serotonina: qué hacen y por qué influyen en tus decisiones
Entre los neurotransmisores más conocidos están la dopamina y la serotonina. La dopamina está relacionada con la motivación, la recompensa y el control del movimiento. Se libera cuando una acción resulta placentera o útil para la supervivencia, lo que impulsa a repetirla.
La serotonina participa en la regulación del estado de ánimo, el sueño, el apetito y la temperatura corporal. Aunque suele llamarse “la molécula de la felicidad”, su función es más amplia y está vinculada a la estabilidad emocional y la calma.
Corteza prefrontal y sistema límbico: razón contra impulso
El sistema límbico es la zona del cerebro donde se originan las emociones intensas y los impulsos. Incluye estructuras como la amígdala, el hipocampo y el hipotálamo. Aquí nacen muchas decisiones rápidas, desde enviar un mensaje impulsivo hasta retomar una relación dañina.
La corteza prefrontal actúa como un filtro. Evalúa consecuencias, regula impulsos y permite tomar decisiones más racionales. Cuando esta región aún no está completamente desarrollada, su capacidad de control es menor, lo que explica ciertas conductas emocionales en edades tempranas.
Lo que un accidente histórico enseñó sobre la personalidad
El caso de Phineas Gage marcó un punto clave en el estudio del cerebro. Tras sobrevivir a un accidente en el que una barra de hierro atravesó su cráneo, su personalidad cambió por completo. Este hecho permitió identificar la relación entre la corteza prefrontal y aspectos como el comportamiento social y la toma de decisiones.
A partir de casos fortuitos como este, la ciencia ha avanzado en la comprensión del cerebro, ya que los experimentos directos en humanos no son éticamente permitidos.
Aburrirse no es perder el tiempo, es una función cerebral
La evidencia actual sugiere que el aburrimiento no es una señal de pereza, sino una función evolutiva. Permite al cerebro reorganizar información, procesar emociones y tomar distancia de estímulos constantes. En un entorno saturado de distracciones, estos espacios son cada vez más necesarios.
Frenar, no hacer nada por unos minutos y dejar que la mente divague no es improductivo. Es una forma de cuidar la salud mental y favorecer decisiones más claras. A veces, lo más útil es permitirle al cerebro hacer lo que mejor sabe hacer cuando nadie lo apura: pensar.
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