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Cumplir 60 años: cómo cambia la identidad, el trabajo y la forma de pensar el futuro

La jubilación, el nido vacío y los cambios físicos pueden generar preguntas sobre la identidad y el sentido de la vida, e incluso derivar en una crisis.

Cumplir 60 años: cómo cambia la identidad, el trabajo y la forma de pensar el futuro

Cumplir 60 años suele percibirse como una bisagra en la vida adulta. Para muchas personas, esta etapa trae preguntas profundas sobre la identidad, el sentido personal y la manera de transitar los años por venir. El retiro laboral y el llamado “nido vacío”, cuando los hijos se independizan, suelen coincidir y provocar una revisión de la propia historia.

En este contexto aparecen dudas frecuentes: ¿quién soy sin mi trabajo?, ¿qué quiero hacer ahora?, ¿cómo quiero vivir esta etapa? La conciencia del paso del tiempo se vuelve más clara y la juventud comienza a verse como una etapa pasada, incluso en personas activas y con buena actitud. A esto se suman molestias físicas o limitaciones que antes no estaban presentes y que invitan a reflexionar sobre el envejecimiento.

Jubilación, familia e identidad personal

La doctora Graciela Moreschi, médica psiquiatra (MN 41018), explicó a Infobae que la década de los 60 representa un momento clave. “Se produce un cambio laboral importante con la jubilación y, en nuestra sociedad, la identidad está muy ligada a la actividad profesional”.

Según la especialista, al dejar de trabajar también se modifican los roles familiares. Aparece el nido vacío y se pierden funciones parentales ligadas al cuidado, la protección o el control. “Este conjunto de cambios afecta la identidad personal, se suman transformaciones físicas y la perspectiva del futuro suele estar influida por creencias de decadencia asociadas al envejecimiento y considerar a este como una etapa de imposibilidades”.

¿Los 60 siguen siendo el inicio de la vejez?

La prolongación de la vida cambió el significado de esta etapa. “Antes, los 60 se consideraban la última fase de la existencia, pero ahora puede ser una etapa intermedia con veinte o treinta años de vida por delante”, afirmó Moreschi. Hoy, las condiciones de vida son distintas a las de generaciones anteriores, aunque la crisis económica puede afectar la calidad de vida y limitar opciones.

Esta etapa combina oportunidades y desafíos. Para la especialista, trabajar sobre las creencias es central, en especial aquellas que asocian la edad con exclusión o pérdida de valor social.

La crisis de los 60 y las preguntas existenciales

La doctora Mirta Goldstein, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), señaló que esta crisis no es igual a la adolescencia. “Es muy raro que un adolescente se preocupe por la finitud, pero un adulto sesentón se empieza a preguntar por su vida, sus deseos incumplidos y sus expectativas”.

No todas las personas atraviesan una crisis. Depende de cómo cada una elaboró sus duelos y de la forma en que mira su pasado, su presente y su futuro. “La vida se puede replantear en cualquier momento y si se sufre es mejor hacerlo con ayuda terapéutica”, agregó. “A toda edad es bueno hacer un punto de inflexión o un cambio benéfico”.

Adultos mayores activos y nuevos modelos de vejez

El doctor Alejandro Begue, especialista en Psiquiatría, Psicogeriatría y Psicoanálisis, y miembro de la APA (MN 90.044), recordó que los mayores de 60 ya no responden al antiguo modelo de “clase pasiva”. “Hace mucho que los mayores de 60, 70, 80, 90 y centenarios se han convertido socialmente en generaciones activas y participantes de la vida social, familiar, educativa, incluso económica y laboral”.

Como ejemplo, mencionó el grupo de Instagram “Noventa y contando”, que reúne a personas mayores de 90 años y suma miles de seguidores. Sin embargo, Begue advirtió que todavía persisten mandatos familiares antiguos que asocian los 60 con el fin de la productividad, la creatividad y el sentido personal.

Longevidad y cambios en el curso de la vida

Fernando Díez Ruiz y Elene Igoa Iraola, profesores de la Universidad de Deusto, explicaron en The Conversation que el esquema clásico de la vida ya no se sostiene. “Durante décadas dimos por sentado que la vida avanzaba siguiendo un mapa fijo: estudiar, trabajar, formar una familia y jubilarse. Hoy ese mapa se ha desdibujado”.

La esperanza de vida supera los 85 años en muchos países y la llamada “vida útil” se extiende. “Seguimos física y cognitivamente activos mucho más tiempo que generaciones anteriores”, señalaron. Este fenómeno vuelve más difusas las fronteras entre juventud, madurez y vejez.

Trabajo, reinvención y jubilación flexible

Estos cambios también transformaron el mercado laboral. “La fórmula clásica de estudiar 20 años, trabajar 40 y jubilarse a los 65 se ha roto”, indicaron los investigadores. Muchas personas cambian de ocupación a los 40 o 50, emprenden o continúan formándose.

La jubilación ya no es un punto final. Para algunos es una transición flexible: trabajar algunos años más, iniciar proyectos propios o alternar descanso y actividad. “Donde antes había un cierre definitivo, hoy hay múltiples caminos”, afirmaron.

Bloqueos emocionales y creencias que limitan

Moreschi identificó dos creencias centrales a trabajar en esta etapa: la idea de decadencia inevitable y la sensación de exclusión del sistema laboral. “Persisten fantasías como ‘a esta edad no puedo conseguir trabajo’, lo que desalienta la búsqueda”, explicó.

También destacó que, aunque exista una declinación física, el entrenamiento mejora funciones y estado general. El ejercicio regular tiene efectos positivos y permite mantener autonomía.

En cuanto a la aceptación de los cambios físicos, recomendó redefinir prioridades. “Es importante cambiar el foco de atención y apoyarse en otros valores, aceptando los cambios y adaptándose a nuevas prioridades”.

Diferencias entre hombres y mujeres

Begue señaló que la crisis de los 60 suele ser más visible en los hombres. El retiro implica un cambio brusco de rutina y, en algunos casos, un deterioro físico y mental por falta de proyectos. En muchas mujeres, en cambio, las tareas cotidianas continúan y el cambio es más gradual.

Este modelo responde a estereotipos antiguos. “La crisis de los 60 corresponde a un modelo cada vez más escaso”, explicó. Aun así, hay personas que llegan al retiro sin haberlo planificado y enfrentan bloqueos emocionales ligados a mandatos familiares, culpas o duelos no resueltos.

Cómo transitar mejor esta etapa

Goldstein recomendó mantenerse activo física y afectivamente. La sociabilidad y los vínculos cercanos son claves, especialmente tras el retiro laboral.

Begue sugirió trabajar esta etapa en terapia. “Los deseos y curiosidades pueden expresarse a través de nuevos planes y proyectos”, señaló, con objetivos de corto y mediano plazo. Estos pueden incluir actividades recreativas, sociales, familiares o nuevas formas de participación laboral. Si la crisis se prolonga, pueden aparecer cuadros depresivos que requieren tratamiento.

Ejercicio, contacto social y bienestar

Moreschi recomendó realizar actividad física diaria: caminar a paso rápido, ejercicios de fuerza y contacto con la naturaleza. Señaló que hoy existen rutinas adaptadas, incluso para hacer en casa. La fuerza muscular, la capacidad aeróbica y la circulación son indicadores clave de salud en esta etapa.

También subrayó la importancia de la socialización y el contacto presencial. “Cumplir con estos aspectos genera una diferencia significativa en la calidad de vida”, concluyó.

Como resumen, los especialistas coinciden en una idea central: “Porque vivir más años no es el reto. El reto es reimaginar la vida que queremos vivir dentro de esos años”.

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