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Nuestros cuerpos quizá no estén llenos de microplásticos después de todo: científicos dicen que la investigación “no es biológicamente plausible” y que es “una broma”

Un reportaje revela que varios estudios sobre microplásticos en el cuerpo humano podrían haber exagerado sus hallazgos por fallas metodológicas.

Durante años, los microplásticos han sido presentados como una amenaza silenciosa para la salud humana. Estas partículas están en el ambiente, en la ropa, en productos de limpieza, en alimentos, en el agua y en el aire. La idea de que se acumulan en el cuerpo ha generado preocupación constante. Sin embargo, un reciente reportaje del diario The Guardian plantea que varias de las afirmaciones más alarmantes podrían no estar bien sustentadas.

Algunos especialistas consultados por el medio señalaron que parte del discurso científico sobre los microplásticos necesita revisarse con mayor cuidado. Uno de ellos calificó esta revisión como un verdadero punto de quiebre en la discusión.

¿Qué son los microplásticos y por qué generan preocupación?

Los microplásticos son fragmentos de plástico menores a cinco milímetros. Se originan por la degradación de productos más grandes, como envases, textiles o utensilios. Debido a su tamaño, pueden dispersarse fácilmente en el entorno y entrar en contacto con las personas de múltiples formas.

La preocupación principal es que estas partículas puedan ingresar al cuerpo humano y causar daño. Se ha planteado que podrían provocar inflamación, afectar células, alterar hormonas o dañar órganos. Sin embargo, demostrar su presencia real y sus efectos sigue siendo un reto científico.

¿Qué se sabe sobre su presencia en el cuerpo humano?

Uno de los primeros estudios citados con frecuencia se publicó en 2018. Investigadores de Austria analizaron muestras de heces de personas de ocho países y encontraron microplásticos en todas ellas. A partir de ahí, otros trabajos afirmaron haberlos detectado en órganos como pulmones, hígado, riñones, testículos, placentas e incluso el cerebro.

No obstante, el reportaje de The Guardian señala que al menos siete estudios muy citados fueron cuestionados posteriormente por otros científicos. Además, una revisión independiente puso bajo la lupa a 18 investigaciones más por un problema clave: los tejidos humanos pueden generar señales que se confunden con plástico, lo que puede producir falsos positivos.

Estudios cuestionados y resultados bajo revisión

Uno de los casos más difundidos fue un estudio que aseguraba que el cerebro humano promedio podría contener microplásticos equivalentes al peso de una cuchara de plástico. Esa afirmación fue duramente criticada por expertos externos.

“El estudio sobre microplásticos en el cerebro es una broma”, dijo al Guardian el investigador alemán Dušan Materić. Explicó que el alto contenido de grasa del cerebro puede generar señales que se confunden con polietileno, uno de los plásticos más comunes. “El cerebro tiene aproximadamente 60% de grasa”, recordó.

El autor principal del estudio reconoció limitaciones metodológicas y señaló que la investigación sobre micro y nanoplásticos apenas comienza. “Estamos en una etapa temprana para entender los posibles efectos en la salud humana y no existe un manual claro para hacerlo”, explicó Matthew Campen, profesor de la Universidad de Nuevo México.

¿Es biológicamente posible tanta acumulación de plástico?

Otros científicos también cuestionan la cantidad de microplásticos reportada en algunos órganos. Cassandra Rauert, química ambiental, señaló que ciertos resultados no coinciden con lo que se conoce sobre la exposición cotidiana.

“Con lo que sabemos sobre la exposición real en la vida diaria, no es biológicamente plausible que esa masa de plástico termine en esos órganos”, dijo al Guardian. Uno de los estudios señalados por su revisión fue el que reportó microplásticos en sangre humana en 2022.

La autora principal de ese trabajo, Marja Lamoree, rechazó que los resultados estuvieran contaminados. Afirmó que sí se detectaron microplásticos, aunque aceptó que la cantidad exacta podría variar de forma importante.

¿Qué pasa con los microplásticos dentro del organismo?

Algunos expertos señalan que, cuando partículas externas ingresan al cuerpo, suelen transformarse. Fazel Monikh, especialista en nanomateriales de la Universidad de Padua, explicó que los materiales sufren procesos de biotransformación.

Incluso en el escenario poco probable de que una partícula intacta llegue a zonas protegidas como el cerebro, afirmó que no conservaría la forma que muestran muchas imágenes publicadas. Por ello, concluyó que varios resultados “no son científicamente convincentes”.

El riesgo de generar alarma innecesaria

Los especialistas citados en el reportaje aclaran que no acusan malas prácticas. Su preocupación es que la presión por publicar rápido haya llevado a omitir controles básicos de calidad científica. Esto, advierten, puede generar miedo injustificado en la población.

“Muchas personas nos contactan muy preocupadas por la cantidad de plástico en su cuerpo”, señaló Rauert. El problema es que datos débiles pueden alimentar el alarmismo y dificultar decisiones informadas.

Entonces, ¿hay que preocuparse o no?

La contaminación por plásticos es real y está ampliamente documentada. También existe preocupación por los químicos que pueden transportar estas partículas y su posible relación con inflamación, alteraciones hormonales, cambios en la microbiota intestinal, fertilidad y enfermedades crónicas.

Por eso, los científicos insisten en la necesidad de obtener datos sólidos que permitan informar correctamente a autoridades, sistemas de salud y población general, y así diseñar regulaciones adecuadas.

Mientras la ciencia avanza, algunos expertos recomiendan aplicar medidas simples por precaución. “Sí tenemos plásticos en el cuerpo, eso es razonable asumirlo”, dijo Materić. Por ello, evita beber agua de botellas de plástico y recalentar alimentos en recipientes de ese material, dos fuentes reconocidas de exposición dietética.

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