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Por qué las mujeres duermen peor que los hombres, según la ciencia

Las mujeres duermen peor que los hombres y reportan mayor cansancio, aun cuando duermen un número similar de horas.

Por qué las mujeres duermen peor que los hombres, según la ciencia

Las mujeres duermen peor que los hombres y reportan una mayor sensación de cansancio. Así lo confirman estudios internacionales recientes y la experiencia clínica de especialistas en medicina del sueño. Las cifras muestran que el problema no es aislado ni menor, y que tiene causas múltiples que conviene conocer para poder atenderlo a tiempo.

Las estadísticas indican que el 38% de las mujeres tiene dificultades para conciliar el sueño más de tres veces por semana, frente al 29% de los hombres. La diferencia se vuelve más clara cuando se analiza la calidad del descanso y no solo el número de horas dormidas.

Qué dicen los estudios sobre el sueño femenino

La Encuesta Global del Sueño 2025, que analizó a más de 30 mil personas en 13 países, reveló que casi una de cada cuatro mujeres experimenta sueño inquieto de manera recurrente. Entre los hombres, la proporción es de uno de cada ocho.

Un estudio publicado en el European Journal of Public Health confirmó que esta brecha persiste incluso cuando mujeres y hombres duermen un número similar de horas. Esto sugiere que el problema no se explica solo por el tiempo de descanso, sino por factores biológicos, emocionales y sociales que afectan de forma distinta a cada sexo.

Cambios biológicos que influyen en el descanso

La vulnerabilidad femenina frente a los trastornos del sueño tiene una base biológica clara. El médico neumonólogo Facundo Nogueira explicó que “la mujer atraviesa distintos ciclos biológicos a lo largo de su vida que tienen un impacto muy importante, no solamente en su biología, sino también en su psiquis”.

Especialistas coinciden en que la pubertad, la menstruación, el embarazo, el puerperio, la lactancia y la menopausia influyen de manera directa en el descanso. La psicóloga Mariam Holmes señaló que estos procesos “alteran los ritmos circadianos y la secreción de hormonas clave como la melatonina, el cortisol, los estrógenos y la progesterona”.

En la menopausia, el insomnio se vuelve más frecuente. Nogueira indicó que en esta etapa aumenta el riesgo de apneas del sueño y de problemas cardiovasculares, lo que impacta de forma directa en la calidad del descanso.

Embarazo, puerperio y despertares nocturnos

El embarazo y el puerperio suelen asociarse con más despertares nocturnos y sueño no reparador. Los cambios hormonales, las molestias físicas y la adaptación a nuevas rutinas influyen en un descanso fragmentado que puede prolongarse durante meses.

Este periodo es uno de los más exigentes para el cuerpo y la mente, y muchas mujeres normalizan el cansancio sin buscar ayuda, aun cuando los síntomas persisten.

Carga de cuidado, ansiedad y pensamientos nocturnos

Más allá de lo biológico, el rol social también pesa. Nogueira señaló que “en general es la mujer la que está más alerta al funcionamiento del hogar y de la familia, a los horarios y las actividades de los hijos”. Esta vigilancia constante genera ansiedad y dificulta la desconexión mental al final del día.

Holmes advirtió que la hiperactivación cognitiva nocturna, la rumiación y la ansiedad anticipatoria son más frecuentes en mujeres. Esto se traduce en dificultad para conciliar el sueño o para volver a dormir tras un despertar nocturno.

Además, la normalización del cansancio femenino y la autoexigencia hacen que el descanso quede relegado durante años, sin que se perciba como un problema de salud.

Trastornos del sueño poco diagnosticados

Otro factor clave es el subdiagnóstico. El médico clínico Ramiro Heredia explicó que “en las mujeres existe un subdiagnóstico del trastorno de apneas obstructivas del sueño”, ya que suele sospecharse más en hombres.

Esta falta de detección impide que muchas mujeres reciban tratamiento oportuno, lo que prolonga el mal descanso y sus consecuencias a largo plazo.

Relación entre mal dormir y salud mental

Las mujeres presentan tasas más altas de depresión y trastornos de ansiedad, condiciones estrechamente ligadas al sueño. Heredia señaló que ambas entidades tienen una alta asociación con los trastornos del descanso.

Holmes agregó que dormir mal de forma crónica incrementa el riesgo de ansiedad, depresión, irritabilidad y problemas de regulación emocional. A su vez, el insomnio sostenido puede agravar trastornos psicológicos ya existentes, generando un círculo difícil de romper.

Cómo afecta la falta de sueño a la salud física

El impacto del mal descanso no se limita al cansancio. Heredia recordó que “es necesario dormir al menos siete horas de buena calidad para tener una vida más prolongada y mejor calidad”, y destacó que el sueño forma parte de los llamados “8 esenciales de la vida”.

Dormir mal se asocia con alteraciones del sistema inmune, mayor inflamación, desregulación metabólica y aumento del riesgo cardiovascular. En las mujeres, estos efectos también pueden afectar la salud reproductiva, el peso corporal y el funcionamiento hormonal.

Rendimiento, memoria y vida diaria

La falta de sueño repercute en la concentración, la memoria y el rendimiento intelectual. Nogueira explicó que produce “somnolencia diurna, cansancio, embotamiento y cefalea matutina”, junto con menor capacidad de atención y desempeño cognitivo.

Estos efectos impactan la vida laboral, familiar y social, y suelen acumularse cuando el problema se prolonga en el tiempo.

Cuándo consultar y qué señales atender

Los especialistas coinciden en que no se debe esperar a que el cansancio sea extremo. Holmes señaló que un problema de sueño no se define solo por las horas dormidas, sino por la calidad del descanso y su impacto diario.

Las señales de alerta incluyen dificultad frecuente para dormir, despertares nocturnos, despertar temprano sin poder volver a dormir, cansancio persistente, irritabilidad, problemas de atención o dependencia de estimulantes durante el día.

Nogueira recomendó consultar si existe una sensación continua de sueño insuficiente. Heredia aclaró que toda evaluación comienza con una consulta clínica y puede derivar en un abordaje interdisciplinario que incluya especialistas en sueño, salud mental y otras áreas médicas.

Medidas prácticas para mejorar el descanso

Entre las estrategias más recomendadas están mantener horarios regulares, exponerse a luz natural durante el día y reducir la luz artificial por la noche. También es clave cuidar el ambiente del dormitorio, con oscuridad, silencio y temperatura adecuada.

Holmes destacó que prácticas como mindfulness y meditación ayudan a reducir la hiperactivación física y mental. “La práctica sistemática mostró efectos positivos en la reducción de la hiperactivación fisiológica y cognitiva, favoreciendo un descanso más profundo y reparador”, concluyó.

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Entender por qué las mujeres duermen peor es el primer paso para dejar de normalizar el cansancio y comenzar a tratar el descanso como lo que es: un pilar básico de la salud.

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