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Por qué la Generación Z vive anclada al pasado, según la psicología

Psicólogos explican por qué canciones, series y recuerdos de infancia se han convertido en una forma cotidiana de regular emociones, recuperar seguridad y enfrentar la incertidumbre del presente.

Por qué la Generación Z vive anclada al pasado, según la psicología

Canciones, series, caricaturas, juguetes y rutinas de la infancia se han convertido en algo más que simples recuerdos para millones de jóvenes.

Para una parte importante de la Generación Z, volver mentalmente al pasado es una forma de organizar emociones, reducir el estrés y sostener una sensación de seguridad frente a un presente que perciben como acelerado, inestable y exigente.

Aunque suele verse como nostalgia pasajera, especialistas coinciden en que se trata de un fenómeno emocional más profundo, que influye en cómo esta generación interpreta su vida actual, toma decisiones y enfrenta la incertidumbre.

Investigaciones académicas en psicología, así como testimonios directos de jóvenes, muestran que el pasado se ha convertido en un refugio emocional constante.

De acuerdo con estudios del profesor Constantine Sedikides, de la Universidad de Southampton, y del psicólogo social Clay Routledge, de la Universidad Estatal de Dakota del Norte, la nostalgia funciona como un regulador emocional que ayuda a recuperar sentido, conexión y estabilidad cuando el presente se vuelve abrumador.

¿Por qué la nostalgia no es solo “extrañar” para la Generación Z?

La nostalgia no es únicamente pensar con cariño en lo vivido. Constantine Sedikides, uno de los principales investigadores del tema, explica en su trabajo Nostalgia: contenido, desencadenantes y funciones que este sentimiento mezcla emociones positivas y una leve tristeza, y cumple una función clara: ayuda a regular el estado de ánimo, fortalece la autoestima y refuerza el sentido de pertenencia.

Él la define como “una mezcla reconocible de calidez afectiva, conexión, autoestima y un leve dolor por lo perdido”.

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En generaciones anteriores, la nostalgia aparecía en momentos puntuales.

Para una parte importante de la Generación Z, volver mentalmente al pasado es una forma de organizar emociones, reducir el estrés y sostener una sensación de seguridad frente a un presente que perciben como acelerado, inestable y exigente.

En la Generación Z, psicólogos observan que se ha convertido en una presencia más constante. No solo surge en días difíciles, sino que estructura la forma en que muchos jóvenes evalúan su presente: comparan lo que viven ahora con etapas que recuerdan como más simples, ordenadas o seguras.

¿Qué buscan los jóvenes cuando regresan a su infancia?

Para muchos jóvenes, el regreso mental a la infancia no es tanto por los objetos o programas, sino por lo que representaban:

  • rutina
  • cuidado
  • menor carga de responsabilidades

¿Qué tiene el presente que impulsa este regreso al pasado?

Psicólogos coinciden en que muchos jóvenes perciben su entorno actual como rápido, demandante e incierto.

A la presión académica y laboral se suma la hiperexposición digital, la comparación constante y la sensación de que todo cambia sin pausa.

Este contexto genera desgaste emocional. Frente a eso, el recuerdo de etapas recientes de la vida se transforma en un punto de orden. Volver al pasado funciona como una forma de recuperar estructura interna cuando el entorno se siente inestable.

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No es un rechazo total del presente, sino una búsqueda de equilibrio emocional ante un escenario que muchos describen como saturado.

¿Por qué la pandemia marcó un antes y un después?

Especialistas señalan que este fenómeno se intensificó después del COVID-19. No porque la nostalgia no existiera, sino porque la pandemia rompió rutinas, planes y certezas.

Clay Routledge explica en su libro Nostalgia: un recurso psicológico que este sentimiento aumenta cuando las personas perciben pérdida de control o estabilidad, y que “la nostalgia ayuda a restaurar un sentido de significado cuando el futuro se vuelve incierto”.

La pandemia concentró miedo, aislamiento y cambios abruptos. Para muchos jóvenes, ese periodo se convirtió en un parteaguas emocional. A partir de ahí, el pasado empezó a verse como un territorio más predecible que el presente.

Este punto lo confirma Guillermo Andrés Cano, psicólogo que trabaja con adolescentes en procesos de acompañamiento judicial y psicosocial.

Para muchos, la niñez es el único momento en el que no había nada que resolver, donde otros se encargaban de todo. Esa sensación de seguridad es lo que se extraña”, explica.

En un entorno dominado por notificaciones, comparación social y sobreinformación, los recuerdos del pasado se convierten en un ancla emocional.

¿Por qué la Generación Z es más vulnerable a este fenómeno?

La psicóloga estadounidense Jean M. Twenge, especialista en estudios generacionales, describe a la Generación Z como “la generación físicamente más segura, pero mentalmente más frágil”.

En su libro iGen, señala que el aumento del tiempo frente a pantallas se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y sensación de soledad.

En un entorno dominado por notificaciones, comparación social y sobreinformación, los recuerdos del pasado se convierten en un ancla emocional.

No solo se extrañan juguetes o programas, sino una forma de relación con el mundo que parecía más simple, con menos estímulos y menos presión.

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¿Cómo se convirtió la nostalgia en contenido y negocio?

Este vínculo con el pasado se refleja con fuerza en el consumo cultural y digital. En TikTok, Instagram y YouTube abundan tendencias como maquillajes “estilo 2013”, filtros retro, playlists tituladas “cuando éramos felices y no lo sabíamos” o recreaciones de rutinas escolares.

También se observa en los objetos que vuelven a circular, incluso en grandes plataformas de venta:

  • cámaras digitales
  • Polaroid
  • reproductores de casete
  • walkman
  • consolas antiguas

Estudios publicados en el Journal of Consumer Research señalan que la nostalgia fortalece la conexión social y reduce la sensación de aislamiento. Esto explica por qué marcas, medios y creadores de contenido recurren constantemente al pasado: no solo vende, también reconforta.

¿Cuándo la nostalgia deja de ayudar?

Especialistas advierten que la nostalgia cumple una función emocional positiva solo cuando se visita, no cuando se convierte en lugar de permanencia.

Guillermo Andrés Cano lo resume así:

Si uno se queda demasiado en ese refugio, el presente se vuelve paralizante. Es cómodo, pero no mueve”.

Cuando el pasado se idealiza de forma constante, todo lo actual parece insuficiente. Se compara la vida real con una versión editada de lo que fue, y eso puede generar frustración, estancamiento y dificultad para proyectarse.

La nostalgia no es mala, pero si domina, necesitamos herramientas para avanzar”, agrega el psicólogo, quien subraya la importancia de desarrollar conciencia emocional y, en algunos casos, acompañamiento terapéutico.

Ninguna generación puede vivir mirando solo hacia atrás. Pero entender por qué tantos jóvenes buscan refugio en el pasado permite leer con mayor claridad el malestar del presente.

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¿Qué puede aprenderse de este fenómeno?

Ninguna generación puede vivir mirando solo hacia atrás. Pero entender por qué tantos jóvenes buscan refugio en el pasado permite leer con mayor claridad el malestar del presente.

La nostalgia puede fortalecer, recordar vínculos y devolver sentido. El reto está en tomar de ella lo que ordena y reconforta, sin convertirla en un sustituto de la vida actual.

Porque aunque el ayer ofrezca seguridad emocional, el único espacio donde es posible construir algo nuevo sigue siendo el presente.

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