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Por qué cada vez más personas se sienten solas y se alejan de sus amigos, según la psicología

La amistad, el cambio personal y el desvanecimiento silencioso de los vínculos.

Por qué cada vez más personas se sienten solas y se alejan de sus amigos, según la psicología

En una época marcada por redes sociales, chats permanentes y comunidades digitales, la soledad se ha convertido en una experiencia cada vez más común, especialmente entre jóvenes.

No se trata solo de estar físicamente acompañado, sino de algo más profundo: la dificultad para sostener vínculos que sobrevivan a los cambios personales, al paso del tiempo y a una vida cada vez más acelerada.

Distintos estudios advierten que una parte importante de la población joven se siente sola en el presente, y que la mayoría ha atravesado esa sensación alguna vez.

Esta realidad ha abierto un debate poco habitual hasta hace algunos años: el de la amistad como un lazo que también se desgasta, se transforma, duele y, en muchos casos, se desvanece sin un conflicto claro de por medio.

Parte de este análisis ha sido retomado recientemente por el diario El País, a partir de especialistas, filósofos y escritores que reflexionan sobre cómo nos relacionamos hoy, por qué perdemos amigos y qué ocurre cuando dejamos de reconocernos en quienes alguna vez fueron parte central de nuestra vida.

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Más allá de la nostalgia, el tema toca una inquietud cotidiana: qué pasa con la amistad cuando cambiamos, cuando ya no compartimos los mismos espacios, o cuando simplemente no sabemos cómo cuidarla.

¿Por qué hoy se habla más de la crisis de la amistad?

Durante mucho tiempo, la amistad fue vista como un vínculo “simple”: elegido, libre y sin grandes conflictos. A diferencia de la familia o la pareja, parecía no necesitar explicaciones.

La filósofa Marina Garcés, en su ensayo La pasión de los extraños, recuerda que la amistad es una de las pocas relaciones que “no ha generado una institución ni una legalidad propias”.

No hay contratos, reglas formales ni rituales claros. Y precisamente por eso, también es uno de los lazos más frágiles.

Más allá de la nostalgia, el tema toca una inquietud cotidiana: qué pasa con la amistad cuando cambiamos, cuando ya no compartimos los mismos espacios, o cuando simplemente no sabemos cómo cuidarla.

En los últimos años, escritoras como Nuria Labari, Raquel Congosto, Sabina Urraca y María Folguera han abierto un debate público sobre la pérdida, el desgaste y el duelo por las amistades. Pero, como advierte el filósofo y sociólogo Lionel S. Delgado (creador de la plataforma Broders), “es muy llamativa la ausencia de voces masculinas” en esta conversación.

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Desde su trabajo con adolescentes y jóvenes, Delgado lo resume así:

Vienen muchos chicos preguntando cómo hacer amigos, cómo conocer gente o cómo mantener amistades. También qué hacer cuando ya no se sienten bien con su grupo”.

¿Es normal dejar de reconocerse en los amigos de antes?

Cambiar es inevitable. Y ahí aparece una de las tensiones más profundas de la amistad.

Garcés retoma una idea de Nietzsche: los amigos son como barcos que coinciden un momento en el mismo puerto, pero después siguen rumbos distintos. La amistad, entonces, no solo enfrenta separaciones, sino la posibilidad de que el otro ya no sea quien era.

Ese extrañamiento es común cuando se regresa al barrio, al pueblo o a los círculos del pasado. Surgen silencios, incomodidades y una pregunta de fondo: ¿tenemos que parecernos para seguir siendo amigos?

El escritor Jacobo Bergareche lo explica así:

Los amigos que están en un lugar al que perteneciste, pero del que ya te has desvinculado, son cajas negras que tienen una imagen de quién has sido… una imagen de la que ya te has desprendido. Digamos que has mudado de piel. Y muchas veces, esos amigos te lo recriminan”.

Cambiar de ideas, de ciudad o de vida puede vivirse como traición. Y reencontrarse con quienes representan un “yo” que ya no existe puede ser tan reconfortante como doloroso.

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¿La amistad necesita un proyecto o una actividad en común?

Muchas amistades nacen en espacios compartidos: la escuela, el trabajo, el deporte, el activismo. Pero, ¿qué pasa cuando esos espacios desaparecen?

El novelista estadounidense Nickolas Butler señala que no solo el trabajo une, sino la adversidad y las experiencias físicas compartidas. Estar juntos en algo que exige tiempo, cuerpo y presencia.

Bergareche coincide, pero lo lleva a lo cotidiano:

La amistad se ejerce haciendo algo con tu amigo. Puede ser cruzar un océano o dar un paseo por el parque comiendo pipas”.

En una época donde el trabajo remoto y la vida digital reducen los espacios compartidos, muchas amistades pierden su punto de encuentro. Y sin actividades comunes, sostener el vínculo requiere un esfuerzo consciente.

En una época donde el trabajo remoto y la vida digital reducen los espacios compartidos, muchas amistades pierden su punto de encuentro. Y sin actividades comunes, sostener el vínculo requiere un esfuerzo consciente.

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¿Por qué a muchos hombres les cuesta más hablar de amistad y soledad?

Marina Garcés plantea que la amistad tradicional masculina se construyó desde una idea de autosuficiencia, que deja fuera la vulnerabilidad y el cuidado.

Lionel S. Delgado lo observa de forma directa en su trabajo:

Los hombres tenemos poco explorada la capacidad de vincularnos desde la vulnerabilidad, el cariño o los cuidados”.

Eso no significa ausencia de afecto, sino que suele expresarse desde la diversión, el deporte o la ironía. El problema aparece cuando alguien se siente mal y descubre que no tiene un espacio donde hablar, sostenerse o pedir ayuda.

Según Delgado, esto también influye en cómo se viven las rupturas:

Si no hay circulación de emociones, la amistad termina basándose solo en hobbies… Los vínculos son más superficiales y la ruptura trastoca menos”.

¿Qué es el “desvanecimiento” de una amistad?

La mayoría de las amistades no terminan por peleas, sino por ausencia.

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Bergareche llama a este proceso “el desvanecimiento”: cuando no hay tiempo, energía ni espacio para seguir cultivando el vínculo.

La amistad es como un caminito en el bosque entre una persona y otra: hay que pisarlo todos los días, porque si no, sale la maleza y se pierde el camino”, explica.

Mudanzas, trabajo, pareja, hijos y rutinas saturadas hacen que muchas relaciones no se rompan, sino se diluyan. Y reconstruirlas después suele sentirse cuesta arriba.

¿Puede sobrevivir una amistad con poco contacto?

Sí, pero no es lo más común.

Butler cuenta que ve a uno de sus mejores amigos cada ocho años, pero intercambian cartas y mantienen un vínculo emocional activo:

Cada vez que hablamos o nos vemos, retomamos todo como si nos hubiéramos visto ayer”.

Sin embargo, la mayoría de las amistades necesitan presencia, repetición y cuidado.

Delgado lo plantea de forma práctica:

Si toda la centralidad se la damos a la pareja, cuando hay crisis o rupturas nos damos cuenta de que abandonamos nuestra red social y toca reconstruirla desde cero”.

Entender esto no resuelve la soledad, pero sí permite mirarla sin culpa.

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¿Qué puede aprender hoy una persona sobre la amistad?

  • Que la amistad no es automática.
  • Que cambia cuando cambiamos.
  • Que se debilita si no se cuida.
  • Que duele cuando se pierde, aunque no haya peleas.
  • Que también puede ser un espacio donde volver a encontrarse.

Como reconoce Bergareche, los regresos tienen dos caras:

A veces es reconfortante y te recuerdan quién eres. Otras veces el ancla pesa demasiado y no te deja moverte”.

Entender esto no resuelve la soledad, pero sí permite mirarla sin culpa.

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La amistad no siempre se rompe. Muchas veces se transforma, se aleja o se apaga en silencio. Y también, en algunos casos, puede volver a encenderse.

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