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Las caricaturas que marcaron nuestra infancia hoy son analizadas por los expertos como relatos de terror psicológico por detalles que muchos no notamos hasta ser adultos

Lo que parecía solo entretenimiento infantil hoy es reinterpretado por estudios de animación, psicología y narrativa como historias que activan emociones profundas, incertidumbre y simbolismos que de niños no sabíamos identificar.

Las caricaturas que marcaron nuestra infancia hoy son analizadas por los expertos como relatos de terror psicológico por detalles que muchos no notamos hasta ser adultos

Durante los años 90 y 2000, millones de niños crecieron viendo caricaturas que parecían hechas únicamente para divertir. Mundos extraños, personajes exagerados y situaciones absurdas formaban parte de la rutina diaria frente al televisor.

Sin embargo, con el paso del tiempo, investigadores en animación, psicología y estudios culturales comenzaron a analizarlas desde otra perspectiva.

Hoy se sabe que los dibujos animados no solo entretienen: influyen en la atención, la memoria emocional y la forma en que el cerebro procesa la incertidumbre.

Revisiones académicas sobre animación y cognición han demostrado que este tipo de contenidos activa múltiples áreas cerebrales al mismo tiempo, lo que explica por qué muchas escenas de la infancia permanecen tan vivas… y por qué, vistas desde la adultez, algunas caricaturas ya no se sienten inocentes, sino inquietantes, melancólicas o extrañas.

¿Cómo impactan las caricaturas en el cerebro?

Estudios en psicología cognitiva y percepción visual han documentado que la animación se procesa como una experiencia multisensorial.

La combinación de movimiento, color, sonido y narrativa:

  • Incrementa la atención
  • Favorece la formación de recuerdos duraderos
  • Asocia emociones a imágenes y personajes
  • Activa mecanismos de anticipación e incertidumbre

Cuando estos estímulos se consumen en la infancia, el cerebro los integra como experiencias emocionales, no solo como historias. Años después, al volver a verlas, el contenido se resignifica.

No solo se recuerda; se reinterpreta.

Series animadas que hoy son objeto de análisis

Aunque no fueron creadas como terror, distintas caricaturas —tanto de los 90’s como de décadas posteriores— han sido analizadas en tesis universitarias, ensayos académicos y estudios de animación por su complejidad narrativa y emocional.

Adventure Time (2010)

Investigadores en estudios de animación han analizado esta serie por su construcción de mundo, donde los escenarios contienen ruinas, pérdidas, paso del tiempo y consecuencias emocionales.

Especialistas en narrativa visual señalan que su universo funciona como un espacio simbólico donde conviven humor, soledad, identidad y duelo.

Vista en la adultez, muchos espectadores reconocen una atmósfera más densa de la que percibían de niños.

Hora de Aventura (Cartoon Network)

Gravity Falls (2012)

Tesis de análisis audiovisual han estudiado esta serie por el uso de misterio, códigos, símbolos y secretos narrativos.

Desde la psicología, este tipo de estructura activa procesos relacionados con la incertidumbre y la anticipación, dos elementos centrales del terror psicológico.

No depende de sustos, sino de la sensación constante de que algo no está del todo bien.

Gravity Falls (Disney).

Caricaturas de los 90’s que hoy se revaloran

Diversos análisis culturales y académicos sobre animación de los 90’s han señalado que muchas series de esa década incorporaban elementos que hoy se asocian con el terror psicológico:

Aaahh!!! Real Monsters

Ambientada en alcantarillas, basureros y espacios oscuros, esta serie mostraba monstruos inseguros, torpes y temerosos.

Investigadores en animación han señalado que su estética y narrativa introducían a los niños a conceptos como identidad, miedo interno y rechazo, más que a simples amenazas externas.

De adultos, muchos espectadores notan una atmósfera más cercana a la ansiedad que a la comedia.

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Aaahh!!! Real Monsters (Nickelodeon)

Coraje, el perro cobarde

Esta caricatura es uno de los ejemplos más citados en análisis culturales por su uso constante de soledad, amenazas abstractas, distorsión visual y silencios prolongados.

Psicólogos de medios han señalado que series con este tipo de recursos activan mecanismos de hipervigilancia e incertidumbre, claves del terror psicológico.

De niño parecía absurdo, pero de adulto, muchos la describen como inquietante.

Coraje el perro cobarde (Cartoon Network)

Hey Arnold!

Aunque no era una serie de terror, ensayos académicos sobre animación de los 90’s han resaltado cómo abordaba abandono, duelo, pobreza, ansiedad social y soledad infantil dentro de un entorno urbano melancólico.

Al revisitarla, muchos adultos reconocen un tono emocional mucho más profundo del que notaban de niños.

Hey Arnold! (Nickelodeon)

Otras series noventeras frecuentemente citadas en análisis culturales

  • Are You Afraid of the Dark? (híbrido animación/infantil-terror)
  • The Ren & Stimpy Show (distorsión corporal y estética incómoda)
  • Batman: The Animated Series (atmósferas oscuras y trauma psicológico)

Estas producciones son mencionadas en estudios de animación y televisión por introducir narrativas más complejas en contenidos dirigidos a públicos jóvenes.

¿Por qué hoy se sienten inquietantes?

Investigaciones en psicología del miedo señalan que el terror psicológico no depende de monstruos ni sangre, sino de procesos mentales como:

  • Incertidumbre
  • Ambigüedad
  • Anticipación
  • Sensación de vulnerabilidad
  • Identificación emocional

Muchos de estos elementos estaban presentes en caricaturas que mostraban:

  • Mundos con reglas poco claras
  • Personajes solos
  • Adultos ausentes
  • Amenazas sin forma definida
  • Espacios vacíos o distorsionados

De niños, se vivían como fantasía; de adultos, se entienden emocionalmente.

El papel de la memoria infantil

Estudios sobre memoria emocional indican que los recuerdos formados en la infancia se almacenan como conjuntos de sensaciones, no solo como imágenes.

Al crecer, el cerebro reactiva esos recuerdos con nuevas capacidades de análisis, empatía y conciencia emocional.

Por eso una caricatura puede pasar de ser divertida… a ser triste, incómoda o inquietante.

No cambió el programa; cambió quien lo mira.

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Entonces, ¿eran terror?

No en el sentido clásico, pero muchas sí contenían los mismos ingredientes psicológicos que hoy se asocian con el terror emocional: soledad, entornos inestables, amenazas abstractas y pérdida de control.

Lo que antes solo se sentía, hoy se puede nombrar.

Ya somos grandes, somos diferentes

Las caricaturas de los 90’s y 2000 no solo entretuvieron a una generación. Moldearon la forma en que el cerebro procesó emociones, incertidumbre y mundos extraños.

Por eso hoy, al volver a verlas, algunas ya no provocan solo nostalgia, sino reflexión, incomodidad o incluso inquietud.

Son los mismos dibujos, pero ya no somos los mismos espectadores.

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