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Parkinson y hierro: por qué eliminarlo puede empeorar la enfermedad

La enfermedad de Parkinson afecta a las neuronas que producen dopamina, un neurotransmisor clave para el movimiento.

Parkinson y hierro: por qué eliminarlo puede empeorar la enfermedad

CIUDAD DE MÉXICO.- La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que afecta a las neuronas que producen dopamina. La dopamina es un neurotransmisor, un “mensajero químico”, responsable de los movimientos normales del cuerpo. Estas neuronas se localizan en una zona específica del cerebro llamada sustancia negra. Aunque las causas no se conocen por completo, se considera que la enfermedad surge por una combinación de factores genéticos y ambientales, de acuerdo con la Fundación de Parkinson de Estados Unidos.

La pérdida de dopamina provoca síntomas motores como rigidez, lentitud y temblor. Por eso, cualquier factor que altere su producción resulta clave para entender la enfermedad y mejorar los tratamientos disponibles.

El debate científico: ¿el hierro daña o protege al cerebro?

Durante años, el papel del hierro en el Parkinson ha sido motivo de debate. La idea dominante sostenía que el exceso de hierro en la sustancia negra dañaba a las neuronas y aceleraba su muerte. Esta hipótesis se apoyó en estudios de resonancia magnética y análisis de tejido cerebral realizados entre las décadas de 1980 y 1990.

Sin embargo, investigaciones recientes han puesto en duda este modelo. Un artículo publicado en Journal of Clinical Investigation por Ian Peikon, biólogo molecular e ingeniero, y Nancy C. Andrews, bióloga y médica, señala que el problema podría no ser el exceso de hierro, sino su mala disponibilidad dentro de las neuronas.

Qué ocurrió cuando se intentó eliminar el hierro

Para probar la teoría de la sobrecarga de hierro, se realizaron ensayos clínicos con deferiprona, un quelante capaz de atravesar la barrera hematoencefálica y eliminar hierro del cerebro. El resultado fue inesperado.

Los estudios mostraron que reducir el hierro empeoró los síntomas del Parkinson. El efecto fue más marcado en pacientes que aún no recibían tratamiento farmacológico. Este hallazgo llevó a una conclusión clara: limitar el hierro puede ser perjudicial, sobre todo en etapas tempranas de la enfermedad.

Según los autores, estos resultados “desafían el modelo de enfermedad por sobrecarga de hierro” y obligan a considerar otra explicación.

La clave está en el tipo de hierro

No todo el hierro cumple la misma función en el organismo. Los investigadores explican que existen dos formas principales:

  • Hierro férrico (Fe³⁺): es la forma inerte. Se almacena en la ferritina y circula unido a la transferrina.
  • Hierro ferroso (Fe²⁺): es la forma activa. Permite que la mitocondria funcione y activa reacciones enzimáticas esenciales, incluida la producción de dopamina.

En el Parkinson, puede haber mucho hierro total en el cerebro, pero poco hierro ferroso disponible para las neuronas. Es decir, sobra hierro almacenado, pero falta el hierro que realmente se puede usar.

Una deficiencia funcional, no una carencia total

Peikon y Andrews proponen el concepto de deficiencia funcional de hierro. Esto significa que, aunque los depósitos sean normales o altos, el hierro útil está secuestrado y no llega a donde se necesita.

Este fenómeno se parece a lo que ocurre en enfermedades inflamatorias crónicas. En esos casos, las personas pueden tener hierro almacenado, pero aun así presentan anemia porque el mineral no está disponible a nivel celular.

En el Parkinson, esta falta de hierro funcional afecta directamente a la síntesis de dopamina. La enzima tirosina hidroxilasa, necesaria para producirla, depende del hierro para funcionar correctamente.

Evidencia clínica que apoya esta hipótesis

La relación entre hierro y Parkinson no es nueva. Desde los años sesenta, con la introducción de la levodopa, se observó una baja actividad de la tirosina hidroxilasa en cerebros de pacientes, lo que reforzó la importancia del hierro en la función dopaminérgica.

En la década de 1980, el médico Birkmayer reportó resultados favorables en cien pacientes tratados con hierro. Algunos incluso suspendieron la medicación dopaminérgica. Esta línea de investigación se abandonó con el tiempo, a diferencia de lo que ocurre en el síndrome de piernas inquietas, donde el hierro intravenoso es parte del tratamiento estándar y el mecanismo también involucra la dopamina.

Por qué las imágenes cerebrales pueden confundir

Las resonancias magnéticas y técnicas como la tinción de Perls solo detectan hierro férrico (Fe³⁺). No distinguen si el hierro es utilizable ni en qué tipo de célula se acumula.

Esto significa que encontrar mucho hierro en una imagen no siempre indica que las neuronas tengan suficiente hierro funcional. Puede tratarse de hierro atrapado en astrocitos o microglía, mientras las neuronas dopaminérgicas siguen teniendo déficit.

Los autores advierten que la interpretación de estos estudios requiere cautela, ya que no diferencian formas de hierro ni ofrecen información detallada a lo largo del tiempo.

Qué se ha observado en otras enfermedades neurológicas

Existen trastornos donde el hierro se deposita en ciertas células, pero no beneficia a las neuronas. En la aceruloplasminemia, por ejemplo, el hierro se acumula en astrocitos del ganglio basal, mientras las neuronas presentan déficit en fases iniciales.

Algo similar se ha descrito en la esclerosis múltiple, donde la microglía acumula hierro en lesiones cerebrales crónicas. Estos ejemplos refuerzan la idea de que la distribución del hierro importa tanto como su cantidad.

Nuevas pistas sobre el avance del Parkinson

Datos recientes muestran que personas con Parkinson que aún no reciben tratamiento presentan niveles bajos de hierro en la sustancia negra. Estos niveles aumentan conforme progresa la enfermedad y con el uso de levodopa.

La levodopa y sus metabolitos actúan como quelantes y favorecen el secuestro de hierro en distintas células cerebrales. Esto podría explicar por qué, con el tiempo, las imágenes muestran más hierro, aunque la función neuronal siga deteriorándose.

Restaurar la biodisponibilidad: una vía terapéutica posible

Experimentos en ratones han demostrado que bloquear el receptor de transferrina, necesario para que el hierro entre a la célula, provoca pérdida de neuronas dopaminérgicas y síntomas similares al Parkinson.

Además, la evidencia relaciona la anemia sistémica y la donación reciente de sangre con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. En contraste, la administración de hierro ha mejorado síntomas tanto en el síndrome de piernas inquietas como en el Parkinson, mientras que la quelación ha resultado dañina, sobre todo al inicio.

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Los autores concluyen: “En conjunto, estas observaciones apuntan al posible beneficio clínico de restaurar la biodisponibilidad del hierro y al daño de limitarla en la EP”. Este enfoque abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas centradas no en eliminar el hierro, sino en asegurar que esté disponible para las neuronas que lo necesitan.

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