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Antes de conocerlos, tu cerebro ya sabe quiénes serán tus amigos, según explica la neurociencia

Las coincidencias se observaron en áreas relacionadas con atención, emoción e interpretación de estímulos, y fueron independientes de gustos o demografía.

Antes de conocerlos, tu cerebro ya sabe quiénes serán tus amigos, según explica la neurociencia

CIUDAD DE MÉXICO.- Imagina llegar a una clase llena de desconocidos. Conversas con algunos, ríes con otros, y, sin saber cómo, surgen amistades mientras otras conexiones se enfrían. Una nueva investigación sugiere que estas relaciones no dependen solo del azar: días antes de cualquier conversación, ya existen señales cerebrales de compatibilidad. Patrón de actividad neuronal sincronizada ante historias, chistes o debates proyectados en pantalla podrían anticipar quiénes se harán amigos.

Señales invisibles: el cerebro predice amistades

El estudio, publicado en Nature Human Behaviour, parte de la idea de la “homofilia neural”: la tendencia a unirse a quienes procesan el mundo de manera similar. Para probarla, los investigadores midieron la actividad cerebral de estudiantes antes de que se conocieran, lo que permitió diferenciar la compatibilidad previa de la que surge por convivencia o experiencias compartidas. Dos meses y ocho meses después, reconstruyeron la red social real del grupo, observando quiénes se habían convertido en amigos y quiénes no.

Los resultados fueron claros: los pares que luego se hicieron amigos mostraban una mayor similitud neural desde el principio, especialmente en regiones como la corteza orbitofrontal, vinculada a valorar lo que nos gusta. Esto indica que algunas afinidades aparecen incluso antes de la primera charla, y que la amistad se apoya en patrones cerebrales compartidos más que en simples coincidencias.

Cómo se midió la sintonía cerebral

Participaron 41 estudiantes de un máster, escaneados con fMRI pocos días después de llegar al campus, minimizando la influencia de interacciones previas. Durante la exploración, vieron 14 videoclips de diversos géneros —documental, comedia, debate— diseñados para provocar diferencias individuales en atención, emoción e interpretación.

El cerebro se dividió en 200 regiones corticales y 14 subcorticales, comparando la actividad entre pares de estudiantes mientras veían los mismos clips. Así se midió cuánto se “parecían” sus respuestas neuronales, revelando coincidencias invisibles a simple vista.

Al comparar amistades establecidas a los ocho meses con vínculos más lejanos, se identificó mayor sincronía inicial en amigos, y una amplia red de áreas cerebrales que incluía amígdala, tálamo y cortezas clave. Esto sugiere que la compatibilidad no se limita a gustos superficiales, sino a cómo interpretamos y sentimos el mundo.

Más allá de los gustos: compatibilidad cognitiva y social

Los estudiantes que se acercaron con el tiempo mostraron similitud en la red del modo por defecto, vinculada a entender narrativas complejas, y en la red frontoparietal de control, que regula atención y pensamiento interno. Incluso la red dorsal atencional reflejó patrones similares de enfoque ante los mismos estímulos.

El estudio controló preferencias por los videos y variables demográficas. Los resultados mostraron que la similitud cerebral que predice acercamiento no se explica solo por edad, género o nacionalidad, sino por compatibilidades cognitivas y afectivas más profundas.

La evidencia respalda la existencia de una “homofilia neural”: ciertos vínculos surgen porque compartimos marcos de atención, interpretación y emoción antes de hablar. La amistad que perdura parece depender de estas coincidencias invisibles que ya están presentes en el cerebro.

Implicaciones y precauciones del estudio

Aunque el estudio es observacional y la pandemia impidió un tercer escaneo que habría reforzado los hallazgos, su diseño previo al contacto social es un punto fuerte y poco común en neurociencia social. Revela que la elección de amigos no es completamente aleatoria: el cerebro parece anticipar con quién nos llevaremos mejor.

Las aplicaciones podrían ir desde mejorar la dinámica de redes sociales en escuelas y empresas hasta diseñar modelos que integren estados cerebrales y relaciones humanas. Más allá de la ciencia, la conclusión práctica es sencilla: la amistad se construye sobre compatibilidades profundas que empiezan mucho antes de la primera conversación.

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En resumen, nuestro cerebro ya reconoce, de manera silenciosa, a quienes resonamos. Entre millones de señales sociales, elegimos amigos no solo con el corazón, sino con un patrón neuronal que nos preparó para conectar.

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