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El lado oculto de la Rioja

Pionera en la elaboración de vinos ecológicos, Viña Ijalba pondera además la riqueza de cepas autóctonas olvidadas o relegadas en la elaboración de varietales

"El oficio de Viña Ijalba expresa no solo el amor por la tierra y la dedicación en la elaboración de vinos con el sello inconfundible de Rioja. Es también el manifiesto de un respeto por la tierra que va mucho más allá de las modas y las tendencias. La preocupación de Dionisio Ruiz Ijalba por desarrollar viñedos que dieran continuidad a la armonía y riqueza naturales del terruño data de los años 70. En ese sentido, Ijalba es una empresa pionera en la elaboración de vinos ecológicos", advierte Edgardo Schiller, director en México y América Latina de la bodega española establecida formalmente en 1991.

Ijalba se ubica en un terreno utilizado originalmente como graveras y minas a cielo abierto. Una vez explotadas con esa finalidad, las canteras eran reconvertidas en viñedos, en total sintonía con el paisaje y las condiciones prevalecientes en la geografía riojana. Los primeros viñedos fueron expresión total del amor de Dionisio por esa tierra generosa y noble, una manera de retribuir el beneficio obtenido con el desarrollo de cultivos que garantizaban la conservación de la naturaleza. Todo ello siempre con la planeación debida, muy bien organizado. Es una filosofía que se mantuvo en el momento tomó las dimensiones de una bodega en toda la dimensión de la palabra, refiere Schiller.

Añade que Viña Ijalba se ha perfilado y mantenido como una empresa familiar, cuidando siempre el manejo de los métodos tradicionales de la zona y la preservación del medio ambiente. Dentro de esta devoción por la identidad riojana, sus propietarios y el enólogo actual Pedro Salguero han hecho también hincapié en el rescate y proyección de las variedades de uva autóctonas, dimensionando en sus vinos las cualidades de las cepas.

"Hay cepas olvidadas o a las que no se les ha dado la relevancia necesaria. Está claro que la mezcla tradicional se remite a un 75 a 80% de Tempranillo, más la inclusión complementaria de garnacha, graciano o mazuelo. Una de las cosas en la que ha insistido la bodega es en proyectar el valor de estas uvas a partir de su vinificación de manera varietal; todo siempre desde una perspectiva ecológica y dando una jerarquía fundamental a la calidad de los vinos. Se trata de hacer caldos sabrosos, que disfrute la gente, a la par de ser ecológicos: eso es algo que no siempre sucede en esta ecuación. Te encuentras con vinos que siguen todos los preceptos de la producción natural, pero que no necesariamente disfrutas a la hora de beberlos", indica.

La tipicidad de los vinos, subraya, procede del viñedo sobre suelos pobres, de producciones escasas, de esas variedades recuperadas y de las técnicas ecológicas que se aplican en su viticultura. Se piensa siempre en vinos de calidad, únicos y, sobre todo, muy personales.

"Son de gran dinamismo, acorde con las tendencias y gustos actuales: hay una recuperación de las tradiciones pero con una perspectiva diferente, con una vinificación con poca madera; bien pulidos, con fineza y mucha frutalidad. Para el mercado mexicano resulta una alternativa muy interesante en cuanto a los vinos de Rioja; no son de los más comunes, expresan modernidad y brindan mucha fruta, pero con un carácter eminentemente riojano. No es el Rioja de siempre. Es un producto rico: ecológico y muy rico. Son vinos expresivos con notas de suma elegancia", resalta Edgardo.

Dentro de su línea de varietales destaca su Tempranillo Blanco, "el primer vino en el mundo elaborado íntegramente con esta uva, una mutación natural del Tempranillo Tinto descubierta en La Rioja. El primer sarmiento de Tempranillo Blanco fue descubierto en un viejo viñedo de Tempranillo Tinto de La Rioja, en 1988. Es un vino muy fresco pero con gran recuerdo en boca".

El Maturana Blanca es también un vino pionero producido con una variedad de la que se tiene constancia desde el siglo XVII, recuperada por Viña Ijalba. Un vino muy sutil, que sorprende por su elegancia y su persistencia en boca. La Maturana Blanca aparece por primera vez referenciada en Rioja en 1622. Viña Ijalba inició su cultivo ecológico hasta presentar este monovarietal.

También destaca el Maturana Tinta, elaborado con otra variedad minorotaria de Rioja: recuperada en un proyecto con la participación de Viña Ijalba. Se trata de un singular vino de autor que destaca como un vino intenso y profundo, especiado y con recuerdos a fruta negra. Un vino que se aleja de la tipicidad tradicional de Rioja; pero resulta muy sugerente y llamativo.

"En 1994 Viña Ijalba elaboró el primer vino íntegramente con Graciano, que hasta entonces era considerada una variedad menor.

El resultado es un vino de color rojo muy vivo y con un aroma muy particular; además de que destaca de manera singular por su equilibrio", precisa Edgardo Schiller.

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