El poder del contacto físico en las relaciones: las parejas con intimidad regular podrían vivir más tiempo
Especialistas en psicología y autoridades de salud coinciden en que el contacto físico cumple una función clave en la regulación del sistema nervioso, las hormonas y la forma en la que el cuerpo responde al estrés.

Lo que muchas veces se percibe como un gesto automático o cotidiano —un abrazo, un beso, una caricia— tiene un impacto profundo y comprobado en la salud emocional y biológica de las personas. Especialistas en psicología y autoridades de salud coinciden en que el contacto físico cumple una función clave en la regulación del sistema nervioso, las hormonas y la forma en la que el cuerpo responde al estrés.
No se trata solo de cercanía afectiva, sino de un mecanismo natural que ayuda a mantener el equilibrio emocional, fortalecer vínculos y proteger la salud a lo largo de la vida. Comprender cómo actúa y por qué es importante puede ayudar a integrarlo de forma consciente en la vida diaria.
Qué ocurre en el cerebro cuando hay contacto físico
El contacto físico, según el estudio de Barreiro Psicología, activa una serie de procesos químicos que influyen directamente en el bienestar. Al abrazar o besar, el cerebro libera oxitocina, una hormona asociada al vínculo, la confianza y la sensación de seguridad. Esta respuesta no es simbólica, es fisiológica y medible.
La oxitocina ayuda a reducir la percepción de amenaza, favorece la empatía y disminuye la sensación de soledad. Al mismo tiempo, se reduce la producción de cortisol, la hormona relacionada con el estrés. Estudios señalan que un abrazo de al menos 20 segundos puede generar cambios visibles en estos niveles hormonales.
Además, el contacto físico estimula la liberación de dopamina y serotonina, neurotransmisores vinculados con el estado de ánimo y la motivación. Este proceso explica por qué muchas personas experimentan calma, alivio o una sensación inmediata de bienestar tras un gesto de afecto.

Beneficios del contacto físico en la salud física
Más allá del plano emocional, el contacto físico tiene efectos directos en el cuerpo. Instituciones de salud, citados por el Gobierno de Oaxaca, han documentado que los abrazos frecuentes pueden mejorar el funcionamiento general del organismo.
Uno de los beneficios más claros se observa en la salud cardiovascular. El contacto físico regular contribuye a reducir la presión arterial y el ritmo cardíaco. En contraste, personas que carecen de afecto físico constante pueden presentar un ritmo cardíaco más elevado de forma sostenida.
También se ha identificado una relación entre el contacto físico y el sistema inmunológico. La reducción del estrés favorece una mejor respuesta del cuerpo ante enfermedades. A largo plazo, este efecto protector puede influir en la longevidad y en la prevención de padecimientos asociados al envejecimiento, como algunos tipos de deterioro cognitivo.
Otro aspecto relevante es el control de hábitos. El contacto físico ayuda a regular el apetito y puede disminuir la necesidad de recurrir a conductas compensatorias, como el consumo excesivo de alcohol o tabaco, que en algunos casos están vinculadas a la falta de cercanía emocional.
Por qué el contacto físico es esencial en la infancia
En bebés y niños, el contacto físico no es opcional, es una necesidad biológica. Abrazos, caricias y gestos de cercanía contribuyen al desarrollo emocional y neurológico desde las primeras etapas de la vida.
El contacto frecuente favorece la liberación de la hormona del crecimiento y fortalece la conexión entre el cuidador y el menor, como ocurre durante la lactancia. Este vínculo temprano ayuda a construir una base sólida de seguridad emocional y autoestima.
La ausencia de contacto físico en etapas críticas puede afectar la gestión emocional y el desarrollo cerebral. Especialistas advierten que la falta prolongada de estímulos afectivos puede impactar incluso en la supervivencia de neuronas durante la infancia.
El contacto físico como herramienta de regulación emocional
En la vida adulta, un abrazo puede funcionar como un regulador emocional inmediato. Ante situaciones de angustia, miedo o tristeza, el contacto físico transmite una señal de protección y apoyo que el cuerpo reconoce de forma automática.
Este efecto no se limita a relaciones de pareja. También se presenta entre familiares, amistades y personas de confianza. Integrar estos gestos de manera cotidiana puede fortalecer relaciones y contribuir a una mejor salud integral.
Cuando el contacto físico no es posible o cómodo
Es importante reconocer que no todas las personas viven el contacto físico de la misma manera. Individuos con trastornos del espectro autista, antecedentes de trauma o experiencias personales específicas pueden sentirse incómodos con este tipo de cercanía. En estos casos, existen otras formas de generar bienestar y apego, como la comunicación verbal, la compañía o rutinas compartidas.
La clave está en respetar los límites y entender que el bienestar emocional puede construirse de distintas formas, según las necesidades de cada persona.
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Un hábito sencillo con impacto duradero
Para la mayoría de la población, el contacto físico es una herramienta accesible y efectiva para cuidar la salud emocional y física. Incorporar abrazos y gestos de cercanía de manera consciente puede marcar una diferencia en la forma en que se inicia y se transita cada día.
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