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Cómo saber si te hace falta vitamina D y las formas reales de conseguirla

La deficiencia de vitamina D es común en invierno y en personas que pasan mucho tiempo en interiores.

Cómo saber si te hace falta vitamina D y las formas reales de conseguirla

En la vida urbana actual, donde la mayor parte del tiempo transcurre en oficinas, transporte y espacios cerrados, la deficiencia de vitamina D se ha convertido en un problema frecuente y, en muchos casos, poco detectado. Aunque suele relacionarse únicamente con la exposición al sol, la vitamina D cumple funciones más amplias en el organismo y su falta puede impactar distintos aspectos de la salud cotidiana.

La vitamina D actúa como una hormona y participa en procesos esenciales como la absorción de calcio, el fortalecimiento de los huesos, el funcionamiento del sistema inmune, la salud muscular y ciertos mecanismos relacionados con el estado de ánimo. Durante el invierno, cuando la exposición solar disminuye de forma natural, el riesgo de presentar niveles bajos aumenta de manera considerable.

¿Por qué la vitamina D es clave para el bienestar diario?

El cuerpo produce vitamina D principalmente cuando la piel se expone a la luz solar. Sin embargo, este proceso se ve limitado por factores comunes como el uso constante de protector solar, la contaminación, el clima frío, la ropa que cubre gran parte del cuerpo y las jornadas laborales en interiores.

Cuando los niveles no son suficientes, el organismo puede resentirlo de forma gradual. La deficiencia no siempre provoca síntomas inmediatos, lo que hace que muchas personas normalicen ciertas molestias sin relacionarlas con esta carencia.

El cuerpo produce vitamina D principalmente cuando la piel se expone a la luz solar. | Foto: Freepik

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Síntomas que pueden indicar falta de vitamina D

El cuerpo suele enviar señales discretas que pueden confundirse con cansancio, estrés o cambios estacionales. Entre los síntomas más reportados se encuentran:

  • Fatiga persistente: Sensación de cansancio constante que no mejora aun después de dormir varias horas.
  • Cambios en el estado de ánimo: Tristeza leve pero continua, apatía o síntomas asociados a la depresión estacional.
  • Dolores corporales: Molestias en huesos, debilidad muscular o dolor en la espalda baja sin causa clara.
  • Defensas bajas: Mayor frecuencia de infecciones respiratorias o dificultad para recuperarse de resfriados.
  • Otros signos: Caída de cabello más notoria y alteraciones en la calidad del sueño.

Estos síntomas no confirman por sí solos una deficiencia, pero sí funcionan como una alerta para prestar atención.

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¿Quiénes tienen mayor riesgo de presentar niveles bajos?

Algunos grupos tienen más probabilidades de desarrollar deficiencia de vitamina D, especialmente durante el invierno:

  • Personas que trabajan o estudian en espacios cerrados.
  • Mujeres jóvenes y adultos jóvenes.
  • Quienes usan protector solar de manera diaria.
  • Personas que viven en zonas con baja radiación solar durante varios meses.
  • Individuos con dietas restrictivas o con bajo consumo de alimentos de origen animal.

Identificar el riesgo permite actuar de forma preventiva.

Cómo confirmar científicamente una deficiencia

La única forma confiable de saber si existe una carencia es mediante un análisis de sangre que mida los niveles de 25-hidroxivitamina D, el marcador utilizado en la práctica médica.

De acuerdo con criterios médicos ampliamente aceptados:

  • Niveles por debajo de 20 ng/mL indican deficiencia.
  • Valores entre 20 y 30 ng/mL se consideran insuficientes.
  • Niveles por arriba de 30 ng/mL suelen considerarse adecuados para la mayoría de las personas.

Este estudio debe ser interpretado por un profesional de la salud, quien tomará en cuenta edad, estilo de vida y antecedentes médicos.

Estrategias prácticas para mejorar los niveles de vitamina D

Cuando los niveles no son óptimos, existen dos caminos principales para apoyar al organismo.

1. Alimentación como apoyo complementario

Son pocos los alimentos que contienen vitamina D de forma natural, pero pueden ayudar a sumar pequeñas cantidades:

  • Pescados grasos como salmón, sardina y atún.
  • Yema de huevo.
  • Hígado.
  • Alimentos fortificados como cereales, leches vegetales y algunos productos lácteos.

Es importante aclarar que la dieta por sí sola rara vez cubre los requerimientos diarios, sobre todo en invierno.

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2. Suplementación con supervisión médica

Durante los meses de menor exposición solar, la suplementación cuenta con respaldo científico, especialmente cuando existe una deficiencia comprobada mediante análisis. La dosis varía según cada persona y debe ser indicada por un profesional de la salud.

Una advertencia importante es evitar la automedicación. El exceso de vitamina D también puede generar efectos adversos, por lo que la supervisión médica es clave.

Precauciones antes de hacer cambios

Antes de modificar la alimentación o comenzar a tomar suplementos, se recomienda consultar a un médico o nutriólogo. Cada cuerpo responde de forma distinta y un plan personalizado es la forma más segura de recuperar el equilibrio.

Escuchar las señales del cuerpo, confirmar con estudios y adoptar hábitos informados permite enfrentar el invierno con mayor bienestar y reducir el impacto de una de las deficiencias más comunes de la vida moderna.

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