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La guerra con Irán dispara el precio del diésel en EEUU a niveles récord y amenaza con encarecer alimentos y transporte

El combustible alcanzó un máximo de 6.53 dólares por galón en septiembre de 2026. La interrupción del suministro mundial, las restricciones de las refinerías y la caída de inventarios mantienen elevados los costos del transporte, la agricultura y la distribución de mercancías.

La guerra con Irán dispara el precio del diésel en EEUU a niveles récord y amenaza con encarecer alimentos y transporte

La guerra entre Estados Unidos e Irán ha provocado una crisis en el mercado mundial del diésel que amenaza con mantener elevados los costos del transporte, la agricultura y la distribución de mercancías. En septiembre de 2026, el combustible alcanzó 6.53 dólares por galón en Estados Unidos, uno de sus niveles más altos registrados.

De acuerdo con datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), el precio promedio nacional llegó a 6.529 dólares por galón el 21 de septiembre. Aunque posteriormente disminuyó a 6.199 dólares el 5 de octubre, el combustible continúa considerablemente más caro que antes de la guerra.

El problema va más allá de quienes conducen vehículos que utilizan diésel. Este combustible sostiene buena parte del movimiento de mercancías, la maquinaria agrícola y las actividades industriales, por lo que su encarecimiento puede trasladarse gradualmente a los precios que pagan los consumidores.

Un análisis publicado el 17 de septiembre en The Conversation, elaborado por Morgan Bazilian y Jamie Webster, especialistas vinculados al Payne Institute de Colorado School of Mines, identifica tres factores que explican esta crisis: las limitaciones de las refinerías, la guerra entre Rusia y Ucrania y las interrupciones energéticas derivadas del conflicto con Irán.

¿Por qué la guerra con Irán disparó el precio del diésel?

El conflicto iniciado a finales de febrero de 2026 alteró una de las principales rutas del comercio energético mundial: el estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán.

Las restricciones al paso de buques por esta vía han reducido el movimiento de petróleo y combustibles refinados procedentes de Medio Oriente, una región fundamental para abastecer el mercado internacional.

A esta situación se suman los problemas de suministro de Rusia, uno de los principales exportadores de diésel del mundo. Las restricciones a sus exportaciones y los ataques ucranianos contra instalaciones de refinación han incrementado la presión sobre otros proveedores.

Como consecuencia, Estados Unidos enfrenta una demanda internacional de combustible en un momento en que sus propias existencias se encuentran bajo presión.

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Las refinerías producen casi al máximo, pero no logran aliviar la escasez

Una de las principales dificultades para reducir los precios es que las refinerías estadounidenses tienen poco margen para aumentar su producción.

Según el análisis de Bazilian y Webster, a finales de agosto de 2026 las instalaciones del país operaban cerca del 98% de su capacidad, con aproximadamente 17.5 millones de barriles diarios de petróleo crudo procesado.

A pesar de ese nivel de actividad, la producción de destilados, categoría que comprende el diésel y otros combustibles relacionados, permanecía por debajo de los niveles del año anterior.

Los investigadores señalan que durante las últimas décadas la capacidad de refinación se ha visto limitada por cierres de instalaciones, costos de modernización y conversiones de algunas plantas para producir combustibles renovables.

Las normas ambientales también exigieron inversiones importantes para disminuir el contenido de azufre del diésel, aunque estas modificaciones permitieron reducir emisiones contaminantes.

La combinación de estos factores dificulta responder rápidamente a una caída del suministro internacional.

El problema se refleja en los inventarios: a finales de agosto, las existencias estadounidenses de destilados rondaban 103 millones de barriles, uno de los registros más bajos para esa época del año en varias décadas, de acuerdo con los datos citados por los investigadores.

Transportistas y agricultores enfrentan mayores costos

El aumento del diésel afecta especialmente a las empresas de transporte de carga, responsables de distribuir alimentos, productos industriales y mercancías entre fábricas, almacenes, comercios y consumidores.

Cuando el combustible sube, las empresas transportistas necesitan gastar más para recorrer las mismas distancias. Parte de ese incremento puede incorporarse a las tarifas de distribución y, posteriormente, al precio final de los productos.

La agricultura también enfrenta consecuencias.

El reporte de The Conversation señala que un análisis económico del Congreso estadounidense calculó que el encarecimiento del diésel agregó más de 1,400 millones de dólares al costo de sembrar los principales cultivos del país durante 2026, frente al año anterior.

Los estados agrícolas de Illinois, Iowa y Minnesota estuvieron entre los más afectados.

Esto representa una presión adicional para productores que utilizan maquinaria de siembra, tractores, equipos de cosecha y vehículos para trasladar sus productos.

En el noreste de Estados Unidos existe otro riesgo: el combustible utilizado para calefacción doméstica está estrechamente relacionado con el diésel y comparte parte de su mercado de suministro.

Por ello, la escasez de destilados también puede elevar los gastos de los hogares durante el invierno.

Las refinerías obtienen mayores márgenes mientras sube el combustible

La crisis también ha generado un contraste en la industria petrolera estadounidense.

Mientras transportistas, agricultores y consumidores enfrentan mayores costos, las compañías refinadoras se han beneficiado de un aumento extraordinario de los márgenes asociados con la transformación del petróleo en diésel.

A finales de agosto, esos márgenes, conocidos en la industria como crack spreads, superaron los 100 dólares por barril, según el análisis de los investigadores.

Este indicador mide la diferencia entre el valor del combustible refinado y el costo del petróleo utilizado para producirlo. Un margen elevado puede favorecer las ganancias de las refinerías, aunque no equivale directamente a su utilidad neta.

La situación refleja la dificultad del mercado para producir suficiente combustible y responder a una demanda internacional elevada.

¿Qué significa esta crisis para México?

Aunque los precios mencionados corresponden exclusivamente a Estados Unidos, la escasez internacional también resulta relevante para México.

El país participa en un mercado energético estrechamente relacionado con el estadounidense y depende parcialmente de combustibles importados.

Por esa razón, el aumento internacional de los productos refinados puede ejercer presión sobre sus costos de abastecimiento y transporte.

En marzo de 2026, México respondió al encarecimiento energético con medidas fiscales para amortiguar el impacto de la guerra.

Entre ellas estuvo la reducción temporal del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) aplicado al diésel, con el objetivo de disminuir la presión sobre el sector transportista.

También se adoptaron estrategias distintas para contener los precios de los combustibles en México y Estados Unidos, como documentó EL IMPARCIAL al comparar las medidas de ambos gobiernos.

Sin embargo, el encarecimiento del diésel estadounidense no significa que los precios mexicanos aumenten automáticamente en la misma proporción. El comportamiento nacional depende también de las importaciones, los impuestos, los acuerdos comerciales y las condiciones de distribución.

¿Cuándo podría bajar el precio del diésel?

La posibilidad de una reducción sostenida depende principalmente de que mejore la disponibilidad internacional del combustible.

Para ello serían importantes la normalización del tránsito energético por el estrecho de Ormuz, la recuperación de las exportaciones afectadas y una mayor disponibilidad de inventarios.

El 9 de octubre, Reuters informó que las medidas adoptadas por el gobierno estadounidense para aumentar la oferta de diésel todavía no habían conseguido una reducción significativa y sostenida de los precios.

El reporte señaló que las tensiones relacionadas con Irán y Ucrania continúan dificultando la recuperación del suministro mundial.

Incluso si termina la guerra con Irán, las refinerías necesitarían tiempo para recuperar inventarios, mientras que sus limitaciones de capacidad no desaparecerían inmediatamente.

Por eso, el riesgo económico no se limita al precio que aparece en las estaciones de servicio: también alcanza al costo de producir, transportar y distribuir los bienes que utilizan diariamente millones de personas.

Las cifras detrás de la crisis del diésel

  • 6.529 dólares por galón: precio promedio nacional registrado en Estados Unidos el 21 de septiembre de 2026.
  • 6.199 dólares por galón: promedio del 5 de octubre, después de una disminución respecto al máximo de septiembre.
  • Cerca del 98%: utilización estimada de la capacidad de las refinerías estadounidenses a finales de agosto.
  • 103 millones de barriles: inventarios aproximados de destilados reportados para finales de agosto.
  • Más de 1,400 millones de dólares: incremento calculado en los costos de siembra de importantes cultivos estadounidenses durante 2026 respecto a 2025.

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