El 65% de los mexicanos compra por la influencia de Instagram y TikTok impulsado por la presión digital, un hábito que según un estudio distorsiona el presupuesto familiar y eleva el riesgo de deudas
Un estudio de la plataforma Kueski revela cómo Facebook, Instagram y TikTok transformaron el consumo en 2026, mientras analistas alertan por deudas debido a compras impulsivas.

MÉXICO.- El uso de las redes sociales en México dejó de ser meramente de entretenimiento para convertirse en el principal aparador comercial del país durante este año. El 65% de los consumidores mexicanos ha comprado un producto o servicio motivado por recomendaciones directas dentro de plataformas como Facebook, Instagram, TikTok o Pinterest, de acuerdo con el estudio de consumo “México 2026” publicado por la firma financiera Kueski.
Esta tendencia se ve impulsada por la enorme adopción tecnológica en territorio nacional. Cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) confirman que el 90.4% de los internautas en México posee al menos una cuenta activa en redes sociales, lo que facilita que los catálogos digitales lleguen a casi toda la población con acceso a la red.

A nivel internacional, el fenómeno cobra dimensiones similares. Los registros globales recopilados por la consultora Manochi reportan que existen 5,790 millones de usuarios en redes en todo el mundo, una cifra que equivale a dos de cada tres personas a nivel global. En este contexto, México despunta como uno de los mercados clave para el crecimiento de las ventas en plataformas digitales, un sector que, según estimaciones de la firma eMarketer, mantendrá un avance a doble dígito en América Latina durante los próximos tres años.
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¿Por qué las redes sociales nos impulsan a comprar más?
Detrás de la decisión de compra existen factores psicológicos diseñados para capturar la atención del usuario. Un análisis de la European Business School (Ceupe) detalla que el éxito de este comercio digital se sostiene en cuatro pilares: las vitrinas visuales atractivas mediante videos cortos, los botones de compra directa que eliminan las trabas para pagar, la búsqueda de marcas con conciencia social y, de manera muy central, el efecto FOMO.
El efecto FOMO (Fear of Missing Out) se traduce como el miedo constante a quedarse fuera de las tendencias o experiencias que muestran los amigos y las celebridades en internet. Esta dinámica genera una fuerte presión social que apresura a las personas a realizar compras impulsivas con tal de mantener una sensación de pertenencia a un grupo o estilo de vida específico.
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¿Qué tanta influencia real tienen los creadores de contenido?
A pesar de la enorme visibilidad que poseen los llamados “influencers”, el estudio de Kueski revela un dato sorpresivo: su opinión no es necesariamente el factor definitivo para que el usuario gaste su dinero. El reporte desglosa el nivel de influencia de los creadores en la decisión final de la siguiente manera:
- Poca influencia: El 42% de los encuestados indica que los creadores influyen poco en su decisión final.
- Mediana influencia: El 23% considera que influyen algo en su decisión.
- Alta influencia: Solo el 7% de las personas afirma que estos personajes influyen mucho en su conversión de compra.
Con base en estas cifras, las recomendaciones del algoritmo de la plataforma o las reseñas de usuarios comunes resultan ser más determinantes para cerrar una transacción que los contenidos patrocinados por celebridades de internet.

¿Cuáles son los riesgos financieros de este hábito digital?
La accesibilidad que ofrecen las redes sociales y el bombardeo constante de publicidad personalizada conllevan un riesgo real para el bolsillo de las familias. Ricardo Arenas, especialista de la plataforma financiera Yotepresto, advierte que la exposición diaria a “vidas ajenas” con estándares económicos sumamente elevados distorsiona la percepción de la realidad económica de los usuarios.
De acuerdo con la alerta del experto, intentar replicar un estilo de vida aspiracional a través de las pantallas nubla la capacidad de evaluar las posibilidades reales de gasto, empujando potencialmente a los consumidores al sobreendeudamiento mediante créditos o esquemas de pago a plazos.
¿Cómo equilibrar el uso de pantallas y el bolsillo?
Frente a un entorno digital diseñado para incentivar el gasto con un solo clic, el verdadero reto para los usuarios actuales radica en desarrollar filtros de consumo consciente. Los especialistas en finanzas personales coinciden en que la mejor defensa contra las compras por impulso es aprender a pausar la transacción: identificar si el deseo de adquirir un artículo nace de una necesidad real o si es el resultado de la urgencia social que genera el algoritmo del teléfono.
A medida que el comercio social se consolida en el país, separar la salud financiera de las expectativas irreales de las pantallas será indispensable. El control del presupuesto familiar ya no se juega únicamente en los pasillos de las tiendas físicas, sino en la capacidad de los internautas para desactivar la presión de las tendencias y proteger su dinero desde la pantalla de su celular.
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