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La disciplina del fisicoculturismo exije comer, entrenar y descansar

La fase de preparación de un fisicoculturismo implica entrenamiento, una rigurosa dieta y también un buen descanso.

Especial

Ni la edad ni la responsabilidad de ser madre de cuatro hijos fueron impedimento para que Angélica Juvera se metiera al mundo del fisicoculturismo, ya que a sus 50 años compite y supera a atletas más jóvenes.

Angélica, quien es entrenadora en un gimnasio local, era una participante habitual de carreras pedestres y fue hace cinco años que se interesó por hacer crecer sus músculos para competencias a invitación de un amigo suyo.

“Empecé a entrenar y él me decía ‘si aguantas una semana todo bien’, me ponía mil trabas para que yo renunciara y no renuncié.

Lo tomé como un reto, me decía: ‘Te vas a subir con niñas muy jovencitas, tú tienes el doble de chamba para llegar al físico que tienes’. Yo tenía 44, 45 años, las niñas son de 20, 18 años, ellas están listas en una semana, en lo que yo me tardaba meses”, comparte.

Incluso, Juvera considera que su edad y la etapa en la que se encuentra en su vida le ha ayudado a mantenerse más enfocada que otras competidoras.

¿Sabes qué me di cuenta? Mi primera competencia fue un mes de febrero, entonces me tocó estar en una dieta muy rigurosa en diciembre, posadas, ‘pisteadas’, entonces yo no. Como soy señora ya con chamacos, entonces yo fácilmente podía no ir a fiestas, no tomar, no desvelarme, ahí estaba la ventaja porque las niñas era de no me voy a perder la fiesta. Estoy muy orgullosa de ello”, asegura.

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Disciplina celosa

Al igual que Angélica, Arely también combina su papel de madre y su profesión como maestra de artes en una secundaria con su vida fitness, una que exige mucho sacrificio, a la que hay que adaptarse e incluso renunciar a amistades que no comparten esa visión.

Muy temprano me levanto, 5 de la mañana, para alistar a mis hijos, darles su desayuno, sus lonches, dejarlos en su escuelita que me queda super cerca de donde doy mi primer clase, vengo (a la secundaria) y doy unas horas en la mañana, en medio de eso voy y hago mi entrenamiento, dependiendo del día, dos horas y media, tres, regreso por los niños, les doy comida, me regreso a dar clases, a trabajar en mi lap top”, resalta Arely.

La disciplina que implica el fisicoculturismo no da espacio para salir de esa rutina saludable, sobre todo en época de preparación, de “esculpimiento” del cuerpo, porque para provocar la hipertrofia muscular, además del ejercicio y la alimentación también es muy importante el descanso, dormir entre 8 y 9 horas, ya que el músculo crece cuando hay reposo para recuperarse del estrés y la tensión que sufre durante el entrenamiento.

Es una disciplina muy celosa, no es que te aísles, pero como llevas una disciplina de alto rendimiento entonces la gente te empieza a no invitar a sus cosas porque ya no te desvelas. No debemos desvelarnos por la recuperación muscular, debemos de tener nuestras horas de sueño, nuestras comidas a las horas, tenemos que estar siempre preparados, al menos yo siempre ando preparada con mis comidas listas por si no llegas a tu casa”, opina Angélica.

Comida bien medida

Sacar cuentas de las calorías que se consumen, pesar las porciones y siempre estar preparado con sus propios alimentos es parte de la rutina de un fisicoculturista, y algo que en el entorno puede ser difícil de comprender.

Si hay una fiesta familiar yo llego con mi comida en la bolsa en un ‘tupper’. Los que no me conocen sufren más, porque creen que yo me estoy muriendo por ese trozo de pastel o de comida, no se sienten cómodos. Pero los que ya me conocen o son parte de la familia ya saben que no sufro”, asegura Arely.

La dieta regular para ella incluye pollo, pescado (tilapia), tortillas de maiz, pan integral 0, crema de cacahuate, huevo entero, claras de huevo, avena, verduras en general, frutas de temporada y café.

La experiencia para Víctor Vega es que su organismo le juega a la contra, pues en época de dieta estricta tiene continuos antojos, mientras que cuando está fuera de competencia estos se olvidan.

Cuando estoy en la etapa de preparación ya bastante cerca de la competencia, que es cuando más se te antojan las cosas, no sé por qué siempre se me empieza a antojar pizza y ya fuera de temporada no se me antoja tanto”

“También se me antojan muchísimo los pastelitos que tienen bastante chocolate, o también el pan dulce”, reconoce, aunque la batalla contra el antojo nunca la pierde.

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