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Columnas

Santaclós y el doctor Fauci

Santaclós está a salvo, pero la mayoría de las personas del mundo no (en algunos países apenas empezó la primera parte de la vacunación a personas prioritarias, como trabajadores de la salud o personas mayores). Por eso debemos cuidarnos, permanecer atentos y, especialmente, apelar a la fórmula Fauci: Pragmatismo y ciencia.

Por Jorge Ramos

Era mi última pregunta. “Tengo que preguntarle sobre Santaclós”, le dije al final de la entrevista al doctor Anthony Fauci, uno de los principales asesores médicos del Gobierno de Estados Unidos durante la pandemia del coronavirus y director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas por los últimos 36 años. “¿Qué va a pasar con él durante las fiestas de Navidad?”.

“Santa está exento de todos los problemas”, me contestó Fauci, con la certeza del que contestado mil preguntas parecidas y quien cumple 80 años precisamente el 24 de diciembre, el mismo día de la llegada de Santaclós. “Él tiene una muy buena inmunidad innata. Él no se va a infectar ni tampoco puede infectar a otras personas. Así que lo pueden dejar bajar por la chimenea o entrar por la ventana para que traiga sus regalos”.

La hipotética y breve respuesta del doctor Fauci estaba cargada de sabiduría y pragmatismo. Justo ahora, durante las celebraciones de fin de año, podríamos estar ante un dilema: Reunirnos y pasar en familia o con amigos las festividades decembrinas u optar por pasarlas solos o en compañía exclusiva de nuestra estricta burbuja social. En estos momentos, Estados Unidos, y buena parte del mundo, está atravesando por uno de los periodos más duros de la pandemia. Hemos pasado ya de los 312 mil muertos en el país por el nuevo coronavirus y hay días en que mueren hasta 3 mil personas o más.

Fauci, en su respuesta, apuntaba una de las grandes preocupaciones actuales ante la crisis mundial de salud, especialmente para proteger a las personas más vulnerables ante la Covid-19 -mayores de edad, gente con sobrepeso y con condiciones médicas preexistentes-: No contagiar ni ser contagiado.

Santaclós está a salvo, pero la mayoría de las personas del mundo no (en algunos países apenas empezó la primera parte de la vacunación a personas prioritarias, como trabajadores de la salud o personas mayores). Por eso debemos cuidarnos, permanecer atentos y, especialmente, apelar a la fórmula Fauci: Pragmatismo y ciencia.

Antes que llegara la certeza de las vacunas aprobadas para ver un posible fin a la pandemia, Fauci era nuestra vacuna en Estados Unidos. Es decir, nuestra mejor protección frente al virus. Ante las mentiras y la orgullosa ignorancia del presidente Donald Trump -quien alguna vez dijo que el virus desaparecería “milagrosamente” en abril y que “el riesgo para los estadounidenses era muy bajo”- el doctor Fauci era quien nos regresaba a la realidad y nos daba la información correcta.
Esto, claro, ponía furioso a Trump, quien detesta que lo contradigan. Pese a ello, el Presidente no se atrevió a despedir a Fauci.

En una entrevista que le hice a finales de noviembre, le pregunté cuál era su papel cuando el presidente Trump mentía sobre la pandemia. “Si le preguntas a cualquier persona, te va a decir que soy una de las personas más directas y francas que te puedas imaginar”, dijo el doctor. “He estado en reuniones en la Casa Blanca y he dicho cosas que varían de lo que el Presidente ha estado diciendo. Así que nadie puede señalarme y decir que no he sido franco y directo. Porque sí lo he sido”.

Aunque las vacunas son ya una realidad esperanzadora, aún falta mucho para terminar con esta crisis. Estos días, la situación ha empeorado. Las unidades de cuidados intensivos de muchos hospitales de Estados Unidos están al límite de su capacidad y, si las condiciones no cambian, pronto pasaremos de los 20 millones de contagiados.
¿Puede usted reconocer que ha fracasado el grupo de trabajo (de la Casa Blanca) encargado de enfrentar el coronavirus?, le pregunté a Fauci. “No creo que usted pueda decir eso”, me dijo con seriedad. “Creo que tenemos que tomar en cuenta que esta ha sido una situación extraordinariamente inusual con un virus que ha devastado, no sólo a Estados Unidos, sino también al resto del planeta”.

Y luego pidió más tiempo para explicarse. El grupo de trabajo de la Casa Blanca hizo sus recomendaciones de salud pública, como el usar mascarilla, lavarse las manos, mantener una sana distancia y evitar lugares concurridos, particularmente si son sitios cerrados. Pero la implementación de estas medidas varió en los distintos estados del país. “Hubo algunos funcionarios que no le pusieron la atención debida a nuestras recomendaciones”, me dijo, “Y hubo otros que trataron, pero la población del Estado no pensó que la situación fuera peligrosa y se congregaron en bares y lugares cerrados sin el uso de cubrebocas. Por esto me niego a aceptar que nuestro grupo de trabajo fracasó”.

Sin duda, hubo muchas cosas que se pudieron haber hecho de manera distinta para evitar tantos muertos por la pandemia. Una, quizás la más importante de todas, ordenar el uso obligatorio de cubrebocas en lugares públicos a nivel nacional. Pero esa medida, en lugar de haber sido una decisión médica y de salud pública, se convirtió en una cuestión política, un debate politizado que dividió a la población. Y Trump envió el mensaje equivocado una y otra vez al negarse a usar mascarilla en público.

Faltaron pruebas a tiempo, un sistema más efectivo de rastreo, coordinación entre los estados y, sobre todo, la honestidad del Presidente de Estados Unidos. Trump ocultó la información sobre la peligrosidad de la pandemia cuando más se necesitaba. “Lo quería minimizar”, le confesó al periodista Bob Woodward en marzo. “Todavía lo quiero minimizar porque no quiero causar pánico”.

Faltó liderazgo. Y cuando el Presidente se equivoca en un tema como este, mucha gente se puede enfermar.

Pero lo que sí podemos decir es que las cosas hubieran sido mucho peor sin el doctor Fauci, a quien le ha tocado lidiar directamente con seis presidentes. Él sabe cómo defenderse de los virus y de los malos políticos: Con datos, mucha investigación, paciencia, franqueza y ciencia.

Santaclós puede llegar tranquilo en Navidad. El resto somos los que debemos estar atentos.


JORGE RAMOS

Jorge.Ramos@nytimes.com.(Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en Mexico, es autor de nueve libros, el más reciente es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”).

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