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No al aborto

Según los criterios de quienes defienden el aborto en estos tiempos, sería completamente entendible y válido que decidiera abortar, era su derecho a cuidar su cuerpo, a cuidar su vida por encima de ese bebé cuyo corazón ya latía, pero a nadie le hacía falta… solo a ella.

Por Martín Holguín

Después de estarlo pensando, he decidido que, en lo personal, estoy completamente en contra del aborto. Las razones son varias, pero empiezo por ese “cliché” del derecho a decidir sobre tu cuerpo. Resulta que están decidiendo sobre el cuerpo de otra persona, están decidiendo sobre el derecho a vivir de otro ser humano que ya está ahí, que es una realidad, que tiene signos vitales. Algunas reflexiones me llevaron a esa convicción, pero les platicaré la más personal.

Un día de la semana, mientras manejaba y escuchaba que doña Olga Sánchez Cordero había fijado su postura en pro del aborto, lo pensé nuevamente en detalle. Nunca había trasladado el hecho hacia mi persona, hacia la posibilidad de que en ese momento no estuviera a bordo de un auto en una ciudad norteña de México, llamada Hermosillo, por la sencilla razón de que no habría nacido.

La situación es así. Como sucedía, y sucede, en muchas familias mexicanas, cuando mi mamá se enteró que estaba embarazada de mí, estaba sola. Mi papá ya se había ido de la casa y ella tenía la obligación de ver por otros seis hijos. A eso agréguenle que ya estaba por cumplir 40 años y, por lo tanto, era un embarazo de alto riesgo para ella y para el “producto”.

Según los criterios de quienes defienden el aborto en estos tiempos, sería completamente entendible y válido que decidiera abortar, era su derecho a cuidar su cuerpo, a cuidar su vida por encima de ese bebé cuyo corazón ya latía, pero a nadie le hacía falta… solo a ella.

Estoy seguro porque la conocí perfectamente y me lo dijo, que jamás le pasó por la mente esa posibilidad. Sé que me amó desde que supo que estaba en su vientre. Era una mujer valiente que pensaba en ella, que luchaba por la vida, pero su prioridad era ese ser que quería ver nacer.

Pasaron los meses, un día de julio llegaron los dolores del parto, el niño nació y mientras ella convalecía, mi tía Esther se dio cuenta que tenía una fuerte hemorragia. Viaje de emergencia al hospital, mi mamá estuvo en coma, por días se debatió entre la vida y la muerte. Habló con mis tíos para que se hicieran cargo de sus hijos pequeños, una vecina le ofreció a San Martín de Porres que si Esperanza se salvaba, el niño llevaría ese nombre. Los doctores y Dios hicieron su trabajo, ella pudo vivir y aquí estoy.

Alguna vez me platicó que, aunque hubiera sabido todo lo que iba a suceder, ella jamás habría abortado porque me quería desde entonces y ponía mi vida por encima de la suya. Y eso lo hizo siempre, hasta que el cáncer la venció 32 años después de aquel día de julio. ¿Cuál fue su recompensa? Una vez, en mi adolescencia, le dije que “era lo mejor del mundo”.

Esa es la historia que me da la convicción. La razón principal por la cual, si algún día fuera candidato a diputado (por decir algo) desde campaña hablaría con la verdad a mis electores y les informaría que si llega a mis manos la decisión sobre el aborto lo votaría en contra. Cada voto por mi en las urnas sería un voto por la vida. Eso deberían hacer los políticos desde la campaña, los tiempos ya no están para engaños. Que fijen sus posturas claras en torno a los temas trascendentes desde que andan pidieron el voto.

Algunos estarían de acuerdo, algunos no. Simplemente considero que los legisladores tienen que ser responsables, pensar en las implicaciones de esa decisión que irremediablemente llegará a sus manos. Quienes ahora tienen puestos de elección popular, si en campaña no lo hicieron, es el momento de preguntarle a quienes representan y acatar el veredicto que les dé esa mayoría.

Aquellos que apoyan el aborto insisten en la decisión sobre su propio cuerpo. Jamás aceptarán que lo que está en juego es el futuro de un ser indefenso que ya vive. Y no, esto no tiene nada que ver con la religión, no en mi caso al menos. Lo importante, creo, es el derecho a la vida. Habrá quienes no está de acuerdo con este tipo de posturas y ejercen su derecho pleno a disentir. Quienes lo pensamos bien y hemos decidido mostrarnos en contra, lo debemos expresar con ese mismo derecho a la libre expresión.

Yo simplemente quise explicar mi postura.

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