Columnas Ideas y palabras

El goteo

Hasta donde recuerdo, en ningún sexenio habían salido -en el primer semestre- tantos cuadros de primer nivel.

Hasta donde recuerdo, en ningún sexenio habían salido -en el primer semestre- tantos cuadros de primer nivel.

            En el viejo régimen, la vía rápida para acumular fortuna era recibir un nombramiento con manejo de presupuesto. El saqueo de las finanzas públicas se convirtió en el verdadero cuerno de la abundancia mexicana. Una vez dentro, obedecían el mandamiento del inmortal veracruzano César “El Tlacuache” Garizurieta: “Vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”. 

            Cuando algún desventurado tenía que renunciar, lo hacía con los tres ingredientes de la ceremonia del adiós: Invocar razones “personales”, hablar con grandilocuencia de la primacía de las instituciones sobre las personas y reconocer la generosidad y sabiduría del “señor licenciado”. Los berrinchudos eran vistos con desprecio; un verdadero revolucionario era el bragado que se bebía las lágrimas nonatas y se disciplinaba con decoro y en silencio. Apegándose a esta fórmula, había la esperanza de regresar más adelante a la ubre presupuestal; la política era una rueda de la fortuna.

            Este pilar de la cultura priista -incorporado luego por panistas y perredistas- está cambiando aceleradamente. En los últimos días, se fueron Germán Martínez Cázares, director del Instituto Mexicano del Seguro Social, y Josefa González Blanco, secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Antes que ellos, habían dimitido otros cuadros importantes: Clara Torres (estancias infantiles), Simón Levy (turismo), Patricia Bugarín (seguridad) y la prestigiada doctora, Patricia Uribe Zúñiga, directora del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el Sida (Censida). Dejo fuera los cuadros intermedios de este goteo tan poco común.

            Me resulta imposible establecer la mezcla de motivos tras cada dimisión. En todos los casos se advierte insatisfacción con la política de los machetazos a presupuesto y empleados, tan de moda en la Cuarta Transformación. Tomemos el caso de la ex secretaria de Semarnat. Cuando un ciudadano indignado subió a las redes sociales el desplante de prepotencia, la funcionaria presentó una renuncia fulminante, que fue aceptada con la misma rapidez por el Presidente. Lo encomiable de esas actitudes se desdibuja con la evidencia que ha ido saliendo, de que Josefa utilizó su error, para abandonar un trabajo en el cual se sentía atada de manos.

            Ella y los otros dimisionarios, tienen en común su incorporación tardía al lopezobradorismo. Provenían de la sociedad civil, la academia y otros gobiernos. Estaban por tanto, acostumbrados a niveles más altos de salarios y prestaciones. Aceptaron el cargo por creer que podrían hacer un aporte a la urgente transformación del País y se encontraron con una austeridad atrabancada y desordenada, que les quita instrumentos para cumplir con las enormes exigencias de un presidente con ritmo huracanado.

            Un problema adicional es el denso ambiente que, me dicen, priva al interior de la 4T, donde la legitimidad depende de la antigüedad con la cual se unieron al ahora Presidente, en sus larguísimas travesías por desiertos, selvas y ciudades. Veteranía que, en algunos casos, es pretexto que disimula una disputa feroz por cargos y posiciones, que supera con creces, la guerra de insultos intercambiados permanentemente por chairos y fifís en redes sociales.

            De lo anterior se desprende un pronóstico: Seguirá la renuncia de cuadros de edad madura, cuya experiencia profesional les ofrece otras alternativas fuera del Gobierno federal; (llama la atención que el goteo no se ha dado en el Gobierno capitalino). Imposible generalizar las consecuencias de la rotación, porque cada recambio debe verse en sí mismo. Es muy posible que la causa ambiental salga ganando con Víctor Manuel Toledo en la Semarnat. Tiene buen prestigio, pero empieza tarde la curva de aprendizaje.

            Quedan en el aire dos preguntas. ¿Guardarán -el Presidente y su círculo cercano- los machetes y tomarán bisturíes a la hora de recortar y despedir? ¿se frenará el goteo de dimisiones o se convertirá en chorro? La única certidumbre es la obsolescencia del mandamiento del “Tlacuache” Garizurieta; el nuevo refrán podría ser que, bajo ciertas condiciones “es un acierto salirse del presupuesto”. Ciertamente mejor que los saqueos del pasado.

@sergioaguayo

Colaboró: Mónica Gabriela Maldonado Díaz.

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