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Ana María Salazar

Corrupción, seguridad nacional y gobernabilidad

Hay una gran, gran, gran diferencia entre “combatir la corrupción”, “combate a la corrupción para controlar a la oposición” y “la corrupción es una amenaza a la seguridad nacional”.

Por Ana María Salazar

Hay una gran, gran, gran diferencia entre “combatir la corrupción”, “combate a la corrupción para controlar a la oposición” y “la corrupción es una amenaza a la seguridad nacional”.

Todo mandatario elegido democráticamente en el mundo propone, asegura, promete, jura, que su administración va combatir la corrupción.

Todos y todas. Y el impacto electoral de esta recurrente promesa en parte depende de la credibilidad del que promete y la corrupción de sus oponentes.

El candidato Andrés Manuel López Obrador durante la campaña tenía credibilidad, y la oposición no tenía credibilidad ni la autoridad moral para denunciarlo.

Pero para el ahora el presidente Andrés Manuel López Obrador, su promesa de campaña de “combatir la corrupción” se ha convertido en “combate a la corrupción para controlar a la oposición”. Y aunque el Presidente y sus asesores continuarán asegurando que la investigación y la amenaza de detención de funcionarios de anteriores administraciones, incluyendo ex presidentes, es parte de su estrategia anticorrupción, la persecución de los ‘peces gordos’ es un incentivo para que los pececitos del Gobierno se desistan de actos corruptos. Pero la realidad es que, y a pesar de toda la credibilidad con que cuenta el presidente López Obrador en este momento, su estrategia de “combate a la corrupción para controlar a la oposición”, será su talón de Aquiles. Cuáles serán los incentivos para los funcionarios de la 4T para evitar los actos de corrupción, cuando el enfoque del Presidente es perseguir a los ‘peces gordos’ de la anterior administración, tiene un objetivo político, y no tiene intenciones de perseguir la corrupción dentro de la Cuarta Transformación. Al contrario, uno podría pensar que la corrupción florece dentro de 4T, ya que no se han fortalecido los mecanismos que requieren las mejores prácticas alrededor del mundo que incluye incrementar la transparencia, pesos y contrapesos, y la persecución administrativa y penal de funcionarios, ex funcionarios, aliados y familiares.

La estrategia del ‘tlatoani ordena’ no es una estrategia anticorrupción, de un líder demócrata que construye instituciones que promueven transparencia, pesos y contrapesos. Y, al ir diluyendo el poder del tlatoani, se diluye el temor de represalias y persecuciones. Y es de esperarse que, al igual que en otros sexenios, en lo que queda de esta administración la corrupción incrementará de manera dramática, ya que los futuros candidatos de Morena buscarán llenar sus arcas electorales y los demás buscarán llenarse los bolsillos, saben que el tlatoani no los detendrá.

La otra forma de entender el peligro para las democracias es la estrategia “la corrupción es una amenaza a la seguridad nacional”. Hace unos cinco años, el Gobierno de Estados Unidos hizo un llamado para entender cómo se debilitaban los gobiernos democráticamente electos debido a la corrupción. En mayo 2016, en una conferencia internacional para discutir cómo combatir la corrupción, el entonces secretario de Estado, John Kerry, subrayo que “La corrupción en general es un enemigo tan grande porque destruye naciones-estados, como algunos de los extremistas contra los que estamos luchando o algunos de los otros desafíos a los que nos hemos enfrentado". Y pone sobre la mesa la importancia de considerar la corrupción como una amenaza a la seguridad nacional de países democráticos.

Hace un mes, el actual Presidente de Estados Unidos confirmó la preocupación por la amenaza que representa la corrupción. En un memorándum firmado por Joe Biden, el 3 de junio, ordena que la lucha en contra de la corrupción será un objetivo fundamental de los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos. En este memorándum establece que “La corrupción corroe la confianza pública; obstaculiza la gobernanza eficaz; distorsiona los mercados y el acceso equitativo a los servicios; socava los esfuerzos de desarrollo; contribuye a la fragilidad nacional, el extremismo y la migración; y proporciona a los líderes autoritarios un medio para socavar las democracias en todo el mundo. Cuando los líderes roban a los ciudadanos de sus naciones o los oligarcas desobedecen el Estado de Derecho, el crecimiento económico se desacelera, la desigualdad aumenta y la confianza en el Gobierno se desploma”.

Y aunque el presidente López Obrador seguramente no se siente aludido, es importante este párrafo del memorándum: “La corrupción amenaza la seguridad nacional de los Estados Unidos, la equidad económica, los esfuerzos mundiales de lucha contra la pobreza y el desarrollo, y la democracia misma. Pero al prevenir y contrarrestar eficazmente la corrupción y demostrar las ventajas de una gobernanza transparente y responsable, podemos asegurar una ventaja fundamental para Estados Unidos y otras democracias”.

Aquí las palabras clave para el Gobierno de México y los futuros candidatos son “gobernanza transparente y responsable”.

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