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Como en Dinamarca

Ni Magdalena de las Salinas ni las demás instalaciones de salud pública estuvieron siempre así.

Por Sergio Sarmiento

Este 9 de junio mi compañera de radio Guadalupe Juárez y yo publicamos en Twitter una fotografía de la sala de urgencias para hombres del hospital Magdalena de las Salinas del Instituto Mexicano del Seguro Social. Mostraba una sala a reventar, con todas las camas llenas y muchos pacientes recibiendo tratamiento o esperando en sillas con suero. “No es Dinamarca”, comenté. Era una escena dantesca.

Empezamos a recibir comentarios de usuarios que nos comentaban situaciones similares o peores en este y otros hospitales y clínicas del IMSS. Algunos pacientes, decían, son atendidos incluso acostados en el piso. @MauraBM1 dijo desde el Hospital General Regional 6 de Ciudad Madero: “Tenemos a mi abuela esperando amputación de su pierna. El pie ya está todo necrótico y le duele mucho lo que le queda vivo.

Según @Tu_IMSS no es prioridad. El tiempo que hemos estado ahí nos dimos cuenta de cómo en efecto no hay medicinas, camas, camillas ni sillas de ruedas”.

La abuela había estado en ayuno total, sin agua, desde un día antes, con la promesa de que en 36 horas la operarían, pero la orden no llegaba. Horas después la misma mujer anunció: “Después de publicarse este mensaje me contactaron y en menos de media hora ya estaban los mismos doctores que en la mañana dijeron que no estaba programada corriendo, llevándonos hojas para firmar y pasarla directo a operación”. La Coordinación de Comunicación Social del IMSS respondió a nuestros tuits con una extraña tarjeta informativa. Decía que el Hospital de Traumatología, Ortopedia y Rehabilitación Física del IMSS “es referente a nivel nacional.

En un día típico brinda servicio a un promedio de 600 pacientes en el servicio de urgencias. Derivado de la demanda en el servicio, se prioriza y agiliza la atención médica de acuerdo a la semaforización de triage, el cual divide por colores los padecimientos para brindar una atención rápida, de estados críticos a situaciones menos urgentes. Los pacientes que se encuentran en el área de observación están en condiciones estables, ya que previamente fueron protocolizados para realizarles un tratamiento quirúrgico en caso de ser necesario.

De manera permanente se realizan las gestiones necesarias para agilizar la atención de los derechohabientes, salvaguardar su integridad y eficientar los procesos para brindar un mejor servicio”. Magdalena de las Salinas es, ciertamente, un hospital “referente”. Inaugurado en 1981, ha sido el mejor hospital público de traumatología y ortopedia del valle de México y quizá del País.

Precisamente por eso preocupa su saturación. No es culpa del personal médico, que hace una labor heroica, sin los descansos indispensables y pese a las inauditas carencias de medicinas, equipo e incluso sábanas y toallas. Ni Magdalena de las Salinas ni las demás instalaciones de salud pública estuvieron siempre así. El deterioro ha sido fuerte en los últimos años, pero sólo en los últimos seis meses se han alcanzado estos niveles de saturación.

El problema no son las administraciones anteriores, sino las decisiones de este Gobierno.

El Presidente prometió que en diciembre de 2019 tendríamos un sistema como el danés, pero parecería que su propósito es privatizar la salud. Por lo pronto los consultorios de farmacias privadas se han convertido ya en el primer punto de contacto de los enfermos ante el fracaso de la salud pública. Ninguna farmacia, sin embargo, puede sustituir a un hospital de traumatología.

ALTÁN

Mientras la salud se desmorona, el Gobierno ha anunciado un plan para rescatar la empresa Altán Redes de Internet. El costo será de unos 350 millones de dólares. El Presidente ha olvidado que prometió no rescatar a empresas privadas.

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