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Columnas

Batalla de Culiacán

Los mexicanos de buena voluntad deben unir esfuerzos y alabar la nueva estrategia del presidente López Obrador.

Por Sergio Sarmiento

NUEVO VALLARTA, Nayarit.- "Sin importar la belleza de la estrategia, ocasionalmente hay que ver los resultados",
Winston Churchill.

Las respuestas del Gobierno a la derrota en la batalla de Culiacán han sido fáciles: Los responsables son los gobiernos anteriores y la prensa crítica. Los mexicanos de buena voluntad deben unir esfuerzos y alabar la nueva estrategia del presidente López Obrador.

"No somos como el comandante Borolas", dijo el secretario de seguridad pública, Alfonso Durazo, al periodista José Cárdenas. "¿De qué periódico es usted?", reconvino molesto el Presidente al reportero Jorge Ricardo cuando este le preguntó si reconocía que la estrategia ha fracasado: "Vamos muy bien en la estrategia porque se están atendiendo las causas que originaron la violencia, pero está muy difícil que el Reforma acepte, reconozca que vamos bien, porque el Reforma es un periódico de la oposición, un periódico conservador".

Mario Delgado, coordinador de los diputados de Morena, declaró en Twitter: "Respaldamos a nuestro Presidente y a su gabinete de seguridad en la lucha por la pacificación del País". La presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, dijo que "una extrema derecha que no se atrevió a hablar en el momento en que su Presidente inició la guerra contra el narco, no tienen derecho a opinar, no pueden criticar". El senador morenista Félix Salgado Macedonio tuiteó: "Eres un héroe mi querido AMLO. Es mejor barrer la basura de los medios que te linchan, que barrer la sangre de familias completas".

La verdad es que la batalla de Culiacán, así como las matanzas de Aguililla y Tepochica y el persistente crecimiento de los homicidios dolosos, demuestran que la estrategia de repartir abrazos y no balazos no está funcionando, si es que realmente existe.

Incomunicado

El Presidente no tomó las decisiones durante la batalla de Culiacán porque aparentemente estaba fuera de contacto. Lo hizo el gabinete de seguridad. Quizá lo haya hecho bien, pero no deja de preocupar que tengamos a un Presidente incomunicado en una crisis.

Twitter: @SergioSarmiento

Quizá la decisión de liberar a Ovidio Guzmán, el hijo del "Chapo", haya sido inevitable el 17 de octubre. El propio secretario de la defensa, Luis Cresencio Sandoval, afirmó que "se actuó de manera precipitada, con deficiente preparación y falta de previsión sobre las consecuencias". Cientos de pistoleros rodearon la casa en que Ovidio estaba asegurado, tomaron con violencia las calles de Culiacán y al parecer aseguraron como rehenes a militares y a sus familiares. Si los guardias hubieran tratado de salir a tiros con Ovidio, seguramente se habría registrado un baño de sangre. Esto subraya la debilidad del Estado mexicano ante la fuerza del verdadero crimen organizado (que no son los contribuyentes).

Fuera de la retórica, la estrategia del presidente López Obrador frente al crimen organizado no parece muy distinta a la de Calderón y Peña Nieto. Una vez que se descarta la primera mentira, que la detención de Ovidio fue producto de una patrulla rutinaria, resulta que la Guardia Nacional mandó a 30 efectivos sin orden de cateo para detener al narcotraficante y extraditarlo a Estados Unidos. No supongo que el propósito haya sido darle abrazos. Después de la batalla, la Sedena ha enviado a Culiacán a 230 nuevos efectivos del Ejército (ya no de la Guardia Nacional) sin que su objetivo parezca ser tampoco repartir abrazos.

Es verdad que Calderón empezó la guerra contra el narco en Michoacán en 2006 (a petición del entonces Gobernador y hoy jefe de asesores de la presidencia Lázaro Cárdenas Batel); pero, a pesar de las críticas, la estrategia de fondo sigue siendo la misma. Suspender un operativo porque el crimen tiene mejor organización y mayor poder de fuego en una plaza no significa que haya una nueva estrategia. La guerra no ha terminado.

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