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Columnas Vía libre

AMLO: Año dos en la Casa Blanca

Para los simpatizantes de la autoridad federal son tangibles los resultados en materia de combate a la corrupción y a la pobreza, así como en materia de austeridad.

Ayer se cumplieron dos años del arrasador triunfo de López Obrador. Muchas cosas buenas han ocurrido desde entonces y también otras no tan buenas. Cada quien destacará lo primero o lo segundo de acuerdo con su sistema de creencias. Digamos que el BOA y el Frena seguramente señalarán que el País se dirige al precipicio; en general las apreciaciones de esos grupos no están sustentadas en datos duros o se ensañan en responsabilizar al Presidente de situaciones donde no es el responsable. Son posturas contaminadas por la ideología o bien por el hecho de que la 4T los ha perjudicado como es el caso de conocidos periodistas o columnistas acostumbrados a los apoyos que recibían desde el Gobierno. Para ellos se acabó la fiesta, como alguien lo dijera recientemente.

Para los simpatizantes de la autoridad federal son tangibles los resultados en materia de combate a la corrupción y a la pobreza, así como en materia de austeridad. Reconocen que hay pendientes, especialmente en seguridad y prosperidad de la economía. Sobre esta última siempre es importante saber qué ha pasado con la dinámica económica para ubicarlos cuellos de botella que atoran el crecimiento del PIB. Sabemos que el 2019 no fue un buen año pues la actividad productiva decreció por primera vez en muchos años; no obstante, esa desaceleración ya venía presentándose desde mediados de 2018 cuando AMLO aún no ganaba las elecciones. Si revisamos los números advertiremos que en el tercer y cuarto trimestres de 2018 el PIB registró una tasa de crecimiento negativa. Esta tendencia no se revirtió en el 2019 y los detractores de López Obrador naturalmente aprovecharon para imputar la contracción a las “malas” políticas por él aplicadas.

Ese indeseado comportamiento económico evidentemente responde a otras causas, ajenas a la gestión presidencial. Por ejemplo, a la baja significativa de la actividad manufacturera mundial y en particular de Estados Unidos y también afectó la política monetaria restrictiva del Banxico. Este año, se esperaba un rebote económico mismo que ha quedado descartado luego de las inevitables medidas de contención del Covid-19. El replanteamiento de la meta de crecimiento para este año no podría ser más desalentador: Se estima una caída del PIB que oscilará entre 8 y 10%; para los detractores de la 4T el culpable de tan ominoso panorama es el mismísimo López Obrador.

Lo peor es que en medio de la emergencia sanitaria se configuró un lamentable distanciamiento entre el empresariado nacional y el Gobierno federal que pondría en entredicho la recuperación económica. Diría que ese enfriamiento es uno de los pasivos mayores generados por el lopezobradorismo luego de su victoria. Esa desconfianza se alimenta frecuentemente de la animosidad que exhiben organizaciones patronales y políticas contra el Presidente y todo lo que él representa. En se contexto es obligado preguntarse ¿Cómo restaurar esa confianza que es esencial para la reactivación del crecimiento?

La respuesta debe poner en perspectiva la gran relevancia que tiene la inminente reunión de AMLO y Trump. Muchos han desaconsejado realizarla esgrimiendo argumentos razonables como el hecho indudable de que el magnate es un racista confeso y ha dado múltiples muestras de su anti mexicanismo; igualmente han manejado que Trump va ahora abajo en las encuestas de cara a su reelección y por tanto deducen que utilizará la visita con propósitos propagandísticos; además sugieren que si los vaticinios resultan acertados ganarán los demócratas quienes pedirían cuentas al Presidente mexicano por el supuesto apoyo brindado al republicano.

El hecho de que la primera salida al extranjero de López Obrador sea precisamente a Washington representa efectivamente un riesgo considerando la polarizada y compleja coyuntura electoral que vive esa nación. Pese a esas acechanzas López Obrador irá a la Casa Blanca; me atrevo a pensar que la única razón que anima al mandatario es estrictamente económica: Si los empresarios no tienen confianza en la 4T entonces deberá brindárselas el T-MEC.

Álvaro Bracamonte Sierra. Doctor en Economía. Profesor. Investigador de El Colegio de Sonora

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