El Imparcial / Columnas /

El problema de Pemex no es ser del Estado sino de este Estado

Veamos qué tan mal está Pemex con una comparación entre esta empresa propiedad del Estado mexicano y otra también controlada por el Estado: Aramco de Arabia Saudita.

Leo Zuckermann

JUEGOS DE PODER

Inevitablemente llegará el día en que el Gobierno mexicano tendrá que reestructurar en serio a Pemex. Arribará porque el costo de mantenerla es cada vez mayor para los contribuyentes. Me lo imagino, sobre todo, si la 4T propone una reforma fiscal para cobrar más impuestos. Resultaría inadmisible que se nos pida pagar más tributos con el fin de subsidiar a una empresa quebrada por su pésima operación.

Veamos qué tan mal está Pemex con una comparación entre esta empresa propiedad del Estado mexicano y otra también controlada por el Estado: Aramco de Arabia Saudita.

Los resultados del tercer trimestre de 2026 de ambas ilustran realidades muy distintas. Mientras la saudita genera enormes utilidades y recursos para su gobierno, la mexicana continúa registrando pérdidas y necesitando apoyo financiero público.

La diferencia comienza con el tamaño, pero no termina ahí. Aramco registró ingresos trimestrales por 140 mil 500 millones de dólares, frente a 27 mil 300 millones de Pemex: Cinco veces más. Sin embargo, la diferencia fundamental está en la capacidad de convertir esos ingresos en ganancias.

Aramco obtuvo una utilidad neta de 36 mil 300 millones de dólares, equivalente al 25.8% de sus ingresos. Pemex, en cambio, perdió aproximadamente 600 millones de dólares, con un margen neto negativo de 2.2%. Es decir, por cada 100 dólares de ingresos, Aramco ganó casi 26 dólares, mientras Pemex perdió poco más de dos.

La comparación es todavía más reveladora porque Pemex mejoró significativamente respecto de 2025. Sus ingresos crecieron 28.5%, su resultado operativo pasó de pérdidas a ganancias y su “Beneficios Antes de Intereses, Impuestos, Depreciación y Amortización” (Ebitda) se duplicó. Sin embargo, la recuperación operativa no fue suficiente para producir utilidades netas. Además, parte de la mejoría provino de una maniobra contable por el deterioro de activos de 54 mil 300 millones de pesos.

En producción existen diferencias considerables. Aramco es un mamut que, durante el tercer trimestre de 2026, extrajo 8.7 millones de barriles diarios de hidrocarburos líquidos, frente a 1.64 millones de Pemex (incluye petróleo crudo y condensados). La diferencia es de aproximadamente cinco veces. Sin embargo, el volumen por sí solo no explica la rentabilidad: también influyen los costos de extracción, la calidad de los yacimientos, la eficiencia operativa y las decisiones de inversión.

Y ahí está el problema de Pemex. Sí, produce mucho menos que Aramco, pero también es un desastre producto de la burocracia y corrupción.

Véase la diferencia en la generación de efectivo. Durante los primeros nueve meses de 2026, Aramco produjo 94 mil 900 millones de dólares de flujo operativo, casi diez veces los 9 mil 600 millones de Pemex. La saudita pudo financiar inversiones y distribuir dividendos; la mexicana recibió aportaciones del gobierno federal por aproximadamente 136 mil 500 millones de pesos.

También contrasta la situación financiera. Pemex mantiene una deuda bruta de 77 mil 600 millones de dólares, además de importantes obligaciones con proveedores. Aramco reportó una deuda neta de 28 mil 600 millones de dólares y un apalancamiento de apenas 5.5%.

¿Por qué los saudíes, a diferencia de los mexicanos, pueden tener una empresa estatal petrolera eficiente?

No es una cuestión cultural. Es un tema de cómo se manejan las dos empresas.

Ambas persiguen objetivos nacionales. Pemex irracionalmente privilegia la autosuficiencia energética mediante la refinación; Aramco combina sus prioridades estratégicas con una elevada rentabilidad. Producir más combustibles no necesariamente significa crear más valor económico.

Mientras Aramco transforma los recursos petroleros en utilidades, inversión y dividendos, Pemex continúa absorbiendo recursos públicos.

La comparación demuestra que la propiedad estatal no impide la rentabilidad. La diferencia es que la monarquía saudita optó por operarla con criterios predominantemente empresariales, privilegiando la rentabilidad, eficiencia operativa, disciplina financiera y generación de valor para sus accionistas, incluido el Gobierno de ese país. Cuenta con una administración profesional, acceso a los mercados de capitales y capacidad para financiar sus inversiones con recursos propios.

Pemex, en cambio, históricamente ha estado subordinada a las decisiones políticas del gobierno en turno. Desde 2018, en que llegó la 4T al poder con una visión ideológica anacrónica, sus objetivos han sido la autosuficiencia en combustibles y el fortalecimiento de la refinación nacional, aun cuando se pierda dinero a raudales. La “solución” ha sido subsidiarla para que no caiga en la insolvencia.

Pero todo tiene un límite. En este caso, la paciencia de los contribuyentes a los cuales no se les puede pedir que sigan pagando impuestos para sostener un modelo petrolero fallido.

LEO ZUCKERMANN

@leozuckermann

Leo Zuckermann es analista político / periodista y conductor de un programa de opinión en televisión.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí