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Otra de Cuauhtémoc

Se antoja lógica la proliferación de obituarios, recuerdos y reflexiones, casi todos elogiosos, cariñosos y respetuosos, a propósito del deceso y la vida de Cuauhtémoc Cárdenas.

Jorge  Castañeda

Amarres

Se antoja lógica la proliferación de obituarios, recuerdos y reflexiones, casi todos elogiosos, cariñosos y respetuosos, a propósito del deceso y la vida de Cuauhtémoc Cárdenas.

En su larga y productiva existencia conoció a mucha gente, libró muchas batallas, pronunció innumerables discursos y ofreció centenares de entrevistas.Nutren la emoción, la nostalgia y la tristeza que su muerte provocó.En los diversos escritos recién publicados, así como en otros más antiguos, entre sus múltiples características como político destaca su metódica deliberación y cuidado para tomar decisiones. Al igual que otros, pude atestiguar durante varios años cómo reflexionaba, consultaba, ponderaba y sopesaba los pros y contras, las consecuencias y los retos que rodeaban sus principales decisiones, en las coyunturas críticas, perotambién en el quehacer político cotidiano, hecho a veces de minucias.

Podía uno discrepar de sus resoluciones, pero casi siempre eran el producto del estudio y de meditar con calma el desafío en frente.No obstante, en por lo menos una ocasión, creo yo de gran trascendencia, Cuauhtémoc actuó desde el hígado, la emoción, la frustración, y no el frío cálculo político.

Como lo evoca Roger Bartra en El País: “Se negó, creo que equivocadamente, a establecer algún acuerdo con el Gobierno de Fox, algo que yo había sugerido comonecesario y benéfico para fortalecer la transición”.

Creo que Cárdenas actuó, en este caso, más con el corazón que con la razón.En efecto, junto con Bartra, se le presentaron a Cuauhtémoc varias propuestas de acercamiento con Fox entre el 2 de julio del año 2000 y el fin del periodo interino el 1 de diciembre de ese mismo año.

Varios colaboradores cercanos del Presidente electo le hicieron llegar a Cárdenas, principal más no únicamente, a través de Jesús Ortega y Jesús Zambrano, dirigentes del PRD, propuestas de alianza, con nombre, apellidos y cargos.Se habló de la Secretaría de Desarrollo Social, de la entonces así llamada Contraloría, de la Subsecretaría de Educación Superior, y de la Procuraduría. Los nombres quecircularon fueron de Amalia García, Rosario Robles y Alejandro Encinas, entre otros. Hasta donde yo recuerdo, tanto los dirigentes del PRD como los políticos mencionados se mostraron receptivos a la idea de una alianza, de una participación en el Gobierno, sujeto todo desde luego a dos consideraciones.

La primera consistía en lograr un acuerdo programático, por lo menos parcial, y afinar los detalles de nombres y cargos. La segunda radicaba en la aceptación del ingeniero. No se obtuvo.

Su respuesta fue categórica, negativa, y hasta donde supe, apasionada. Hasta hoy, desconozco sus motivos.¿Se trataba de un sueño guajíro? ¿Era factible el acuerdo del PAN, y de personas como Diego Fernández? ¿Fox realmente creyó en esto, o simplemente permitió que se celebraran las conversaciones, sabiendo que no prosperarían?

Imposible saber, pero pienso hoy que hubiera valido la pena intentarlo; el fracaso ya lo teníamos.

De haber tenido éxito, Fox habría formado un Gobierno más plural, con una mayoría estable para muchos temas en ambas cámaras, y el apoyo del PRI se habría vuelto prescindible.

Eso a su vez hubiera posibilitado una ruptura con el PRI, con los grandes sindicatos y monopolios, y la creación de comisiones de la verdad sobre violaciones a derechos humanos y corrupción. Otro México.

No se pudo, por muchos motivos, pero uno de ellos fue el rechazo de Cuauhtémoc. Esa es la historia.

Jorge Castañeda

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