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Netanyahu, el felino

Netanyahu ha utilizado la polarización con mucho éxito. Es un animal político que ha sabido explotar los miedos de la sociedad israelí.

Leo Zuckermann

JUEGOS DE PODER

Benjamín Netanyahu ha demostrado, una vez más, sus cualidades felinas. Lo digo por aquello de que los gatos tienen siete vidas debido a su extraordinaria agilidad y capacidad para sobrevivir a caídas y accidentes graves.

Hace mucho tiempo, el Primer Ministro de Israel debió haber caído. Sin embargo, el martes volvió a demostrar su increíble capacidad política. Ya acumula 18 años y nueve meses en ese puesto repartidos en tres periodos. Es el que más tiempo ha gobernado Israel en toda su historia.

En las elecciones de esta semana, el partido de Netanyahu ganó el mayor número de escaños en el Parlamento, pero no consiguió la mayoría necesaria para formar Gobierno. Israel se encamina a negociaciones difíciles entre los distintos bloques políticos. Sin embargo, el candidato que tendrá mano para tratar de conjuntar una coalición de Gobierno será precisamente Netanyahu.

Si no lo logra, le tocará el turno al opositor Gadi Eisenkot. La realidad es que la oposición liderada por el exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa quedó más abajo de lo que se preveía. No se ve fácil que, con esos números, pueda juntar los escaños suficientes para formar gobierno. Una posible alternativa sería un gobierno de minoría donde los partidos árabes, que les fue bien en los comicios, no se sumen a la coalición gobernante, pero se abstengan a la hora de investir a Eisenkot en el Parlamento.

Las negociaciones podrían tardar semanas y hasta meses. Si, al final, ninguno tiene éxito para formar gobierno, se tendrá que llamar a nuevas elecciones.

Mientras tanto, el Primer Ministro seguirá siendo…Netanyahu.

Netanyahu quien, en mi opinión, no se merece ese puesto desde hace mucho tiempo.

Entre 1993 y 1995, encabezó una intensa oposición a los Acuerdos de Oslo que había firmado el entonces gobierno de Isaac Rabin. Netanyahu atizó una polarización que resultó letal. En algunas de las movilizaciones promovidas por él, aparecieron imágenes de Rabin con uniforme nazi y pancartas que lo calificaban de traidor. Al final, un extremista judío ultranacionalista asesinó al Primer Ministro, lo cual significó el fin del proceso de paz. Tras el homicidio, la viuda de Rabin responsabilizó políticamente a Netanyahu de haber contribuido a crear el clima de odio que precedió al crimen.

Desde entonces, Netanyahu ha utilizado la polarización con mucho éxito. Es un animal político que ha sabido explotar los miedos de la sociedad israelí. Si antes el gran enemigo era el terrorismo palestino, ahora es Irán y la posibilidad de que este país tenga una bomba nuclear. En esta última campaña, Netanyahu publicó en redes sociales, a dos días de las elecciones, una imagen generada por IA de una explosión nuclear sobre Tel Aviv advirtiendo de un “segundo Holocausto” provocado por Irán si no ganaba él la votación.

Netanyahu debió haber dejado su puesto para enfrentar la justicia por presuntos actos de corrupción. En 2019, lo acusaron formalmente y su juicio comenzó en 2020. Se convirtió, así, en el primer jefe de gobierno israelí en ejercicio procesado penalmente.

Las acusaciones incluyen soborno, fraude y abuso de confianza. Netanyahu niega haber cometido delitos y sostiene ser víctima de una persecución política. No goza de inmunidad, pero ha logrado que el juicio se prolongue con controversias procesales e interrupciones relacionadas con la seguridad de Israel.

Se ha defendido y sobrevivido como gato. Sabe que, si pierde el poder, probablemente termine en la cárcel.

Y luego vino el siete de octubre de 2023, el día del peor ataque terrorista en territorio israelí, uno de los mayores fracasos de inteligencia y seguridad en la historia de ese país. A pesar de contar con sofisticados sistemas de vigilancia, servicios de espionaje y una poderosa capacidad militar, Israel no logró anticipar ni detener una ofensiva que dejó alrededor de mil 200 muertos y 251 personas secuestradas.

¿Y quién era el Primer Ministro? Netanyahu, responsable político último del Gobierno en turno.

Cualquier gobernante hubiera caído por un hecho de este tipo. Netanyahu, sin embargo, se mantuvo en el poder porque en ese momento la prioridad era responder las ofensivas de Hamás, Hezbolá, los Hutíes y el gran promotor de todos ellos: Irán. Vinieron, entonces, las guerras en Gaza, Líbano y el propio Irán.

De esta forma, Netanyahu sobrevivió una vez más. Hasta ahora, su gobierno no ha establecido una comisión estatal independiente que investigue el 7 de octubre comparable a la creada después de la guerra de Yom Kipur de 1973, conflicto bélico que le costó el puesto a la entonces Primera Ministra, Golda Meir.

Se suponía que el castigo político llegaría esta semana en las elecciones parlamentarias. No ocurrió. Parece que, una vez más, el felino sobrevivirá, lo cual habla más de los israelíes que lo siguen votando que de su indudable capacidad política de mantenerse en el poder.

LEO ZUCKERMANN

@leozuckermann

Leo Zuckermann es analista político / periodista y conductor de un programa de opinión en televisión.

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