Diputados y senadores sirven a López Obrador
El caso Taddei exhibió el cochinero en que el INE estaba convertido. Iguales marranadas se hallarían en otras dependencias y organismos del régimen con sólo rascar un poco la superficie.

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES
Cuál no sería la sorpresa de Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, cuando Dulcilí lo llamó por teléfono para concertar una cita con él. Era justificado el asombro: Tiempo atrás se había roto el noviazgo del salaz sujeto con la linda chica. Aconteció que él le hizo una proposición indecorosa, y ella la rechazó indignada: “¡No haré eso sino hasta que nos casemos!”. Afrodisio no tenía intenciones de casorio, y a partir de entonces no se vieron ya. De ahí la sorpresa de Pitongo cuando ella lo llamó telefónicamente. Acudió a la cita, y su asombro se convirtió en estupefacción cuando la chica le propuso que fueran al Motel Kamawa a disfrutar “un rato de expansión sensual”. Esa barroca expresión usó la linda chica. “No entiendo -se desconcertó Pitongo-. La última vez que nos vimos me dijiste que no harías eso sino hasta que nos casáramos”. Replicó Dulcilí: “Supe que te casaste, y yo también me casé ya”. “Con usted hasta la ignominia, señor Presidente”. La frase, perteneciente a los antiguos tiempos, es aplicable a los presentes. En efecto, los legisladores morenistas, diputados y senadores, no sirven a México: Sirven a López Obrador. La forma grosera en que aprobaron las cuentas del último año de Gobierno del nefasto ex presidente (con minúscula) es evidencia clara de la indecencia que priva en el obradorismo, territorio de ilegalidad, de impunidad y de inmoralidad. Con un velo de palabrería hueca los actuales detentadores del poder tratan de cubrir el hecho de que forman una cleptocracia que está saqueando al País. Antes, en tiempos de la dominación priista, había comaladas sexenales de millonarios. Ahora, los enriquecidos aparecen día tras día. Claudia Sheinbaum habla de transparencia, pero en los números del desgobierno de AMLO hay opacidades que desde luego no se investigarán, porque la mayoría morenista da su visto bueno a todo lo malo, y no mira por el bien el bien de México, antes bien cuida de que los ladrones no sean tocados ni con el pétalo de una sospecha. Vargas Llosa se preguntaba cuándo se jodió Perú. Bien se puede decir cuándo se jodió México: Cuando López Obrador llegó al poder con su cáfila de ineptos e inmorales, poseedores de 10% de capacidad, 90% de incondicionalidad y -ahora lo sabemos- 0% de moralidad. El caso Taddei exhibió el cochinero en que el INE estaba convertido. Iguales marranadas se hallarían en otras dependencias y organismos del régimen con sólo rascar un poco la superficie. Decía un antiguo dicho popular: “Cuando Perico llega a ser don Pedro, ¡huy, qué miedo!”. Pericos palos eran muchos de los amloístas, cada uno de ellos un don nadie, pero se vieron encumbrados por su jefe, y aplicaron entonces la cínica frase del político ratero: “No pido que me den, nomás que me pongan donde hay”. En ruinas la democracia, campea la cleptocracia. La obligada rima sería: “¡Qué desgracia!”. Sebilia y Crasia, casada aquélla, soltera ésta, eran amigas entre sí y las dos algo entraditas en carnes, por no decir que eran gordas. Un día Sebilia le comentó a Crasia: “Mi marido me mortifica mucho con sus malos tratos. Tanto me aflige que sólo en este mes he perdido siete kilos”. Con suplicante acento le pidió Crasia: “¿Me lo prestas?..”. Sor Bette, directora del Colegio de las Damas, acompañó a varias de sus pupilas a comprarse abrigo. Una de las alumnas le preguntó a la dependienta de la tienda: “¿Por qué esté abrigo es mucho más caro que los otros?”. Le explicó la encargada: “Es que está hecho con lana virgen”. Dijo sor Bette: “¿Lo ven, muchachas? La virginidad costea”. FIN.
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