Brasil: La bala pasó cerca
Ganó, pero de panzazo, y los Bolsonaro le metieron un susto mayúsculo.

AMARRES
Me congratulo de haber escrito aquí hace poco tiempo que si fuera brasileño hubiera votado por Lula en la primera y segunda vuelta de las elecciones concluidas ayer. Asimismo, me tranquiliza haber firmado una petición apenas esta última semana llamando a votar por él, junto con académicos de América Latina, de Europa y de Estados Unidos. Por ello, no puedo más que alegrarme por su victoria y, sobre todo, por el hecho de haber evitado la llegada de nuevo a la presidencia brasileña de una persona de extrema derecha y de inclinaciones fascistoides.
Las explicaciones del triunfo del candidato del PT son múltiples y ya han aparecido en diversas publicaciones, gracias a la divulgación casi en tiempo real de resultados municipio por municipio, estado por estado y categoría social por categoría social de Brasil. Algunos abstencionistas de la primera vuelta salieron a votar por Lula, probablemente aterrados por los resultados de la primera vuelta; los jóvenes se movilizaron en redes, en particular en un chat de WhatsApp de Lula con más de once millones de seguidores. Muchos adultos mayores, que no se habían entusiasmado con la séptima candidatura y la cuarta presidencia del petista, ahora sí salieron a votar.
Aparentemente, la gran diferencia entre ambas vueltas se dio en los estados más poblados de Brasil, como São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro. Seguramente, con el tiempo habrá más análisis que alimentarán estudios y conclusiones más robustas sobre todo ello. Por mi parte extraigo un par de conclusiones ligeramente diferentes a las de mis amigos y colegas brasileños y sudamericanos a propósito de este acontecimiento.
En primer lugar, confirmo lo que he venido sosteniendo desde hace tiempo a propósito de elecciones y sucesos sociales en distintos países. Siempre existe una fuerte tentación de sacar conclusiones universales, históricas y duraderas de tal o cual resultado electoral, o tal o cual evento. Yo también he caído en esta trampa, desde luego, y hoy veo que algunos colegas también lo hacen. Se entiende: Uno siempre quiere ver tendencias de largo plazo sugeridas y confirmadas por acontecimientos puntuales.
La elección de Trump en el 2024, antecedida o seguida por triunfos electorales de candidatos de derecha o extrema derecha en Europa y en América Latina, señalaban una ola o marea de derecha en toda la región y en todo el mundo. Pues parece que no.
También he criticado la visión “automatista” que nos invade con frecuencia, por ejemplo, al señalar que las protestas masivas y en ocasiones violentas en Francia y en otros países de Europa Occidental estos días constituyen un resultado “inevitable” de años de gasto público excesivo, una carga fiscal también demasiado elevada, descuido de la educación pública, y un abismo que se abre entre las aspiraciones de la juventud y sus posibilidades reales de realizar dichos anhelos.
Me genera gran escepticismo este tipo de automatismo, junto con el hecho de concluir que de la elección brasileña, por ejemplo, se desprende una reversión ahora de la repetición de triunfos de derecha en la región y en Europa y en Estados Unidos.
Algunos hasta han llegado a susurrar que después del triunfo de Lula, de la derrota de Vucic en Serbia ayer también, de la inminente barrida a los republicanos en Estados Unidos la semana que entra, y de Netanyahu esta misma semana en Israel, ya vendrá el siguiente capítulo: El triunfo de Pedro Sánchez y el PSOE en España a finales de noviembre. No digo que todo esto sea falso, sino simplemente pienso que es preferible ser más cuidadoso en extrapolar resultados de un país a otro, y de un momento histórico determinado a toda una época o, en todo caso, a un periodo que va más allá de la coyuntura.
Otra reflexión que me inspira el desenlace brasileño: La bala pasó muy cerca, y los errores de Lula en su tercer mandato -a diferencia del primero y el segundo que fueron, en mi opinión, muy exitosos- y en su campaña, caracterizada de acuerdo con sus propios partidarios como soberbia y prepotente, deben darle a la izquierda brasileña motivos muy serios de introspección.
Ganó, pero de panzazo, y los Bolsonaro le metieron un susto mayúsculo. Todas las explicaciones que surgieron entre ambas vueltas en Brasil sobre el porqué del mal resultado lulista en la primera vuelta siguen siendo válidas. La diferencia entre ambas vueltas es importante, pero no borra las causas de la derrota de Lula en la primera.
Hay un problema serio de ajuste de cuentas de la izquierda latinoamericana consigo misma. Tiene que ver con sus políticas públicas, su retórica, su nostalgia por otras épocas y otras épicas, y con una fuerte cantidad de desaciertos puntuales.
Enhorabuena por la victoria de Lula, pero ojalá que en lugar de generar autocomplacencia, produzca una reflexión autocrítica y mirando hacia el futuro.
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