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El trato a Taddei, otra incongruencia más

Los motivos de aquella indignación iban desde las expresiones de Córdova en una conversación telefónica privada hasta su resistencia a los intentos del Gobierno lopezobradorista por debilitar al INE mediante una reforma electoral.

León Krauze

Hubo una época, hace un lejano lustro, en la que las decisiones y opiniones del consejero presidente del INE merecían la más severa crítica y fiscalización desde el poder. La presidencia del árbitro electoral era blanco habitual de descalificaciones desde la Presidencia de la República. Andrés Manuel López Obrador arremetió, en su habitual estilo ad hominem, contra Lorenzo Córdova en varias ocasiones: lo llamó “farsante” y lo acusó de carecer de principios e ideales. Sus ataques alcanzaron también al instituto, al que presentaba como un instrumento del bloque conservador.

López Obrador, naturalmente, no fue el único. Mario Delgado, entonces dirigente nacional de Morena, calificó a Córdova y a Ciro Murayama de “traidores de la democracia”. Durante la comparecencia de Córdova ante la Cámara de Diputados, en noviembre de 2021, legisladores de Morena recurrieron a la misma acusación. Desde el poder, pues, no sólo se cuestionaban decisiones del árbitro electoral: Se ponían en duda su integridad y su legitimidad.

Los motivos de aquella indignación iban desde las expresiones de Córdova en una conversación telefónica privada hasta su resistencia a los intentos del Gobierno lopezobradorista por debilitar al INE mediante una reforma electoral. López Obrador llegó a reproducir la grabación en su conferencia matutina para desacreditar tanto al consejero como a quienes defendían al instituto. No necesitaba una trama de contratos y proveedores para convertir al árbitro electoral en enemigo político.

Ahora estamos, cinco años después de aquella comparecencia, frente al caso de Guadalupe Taddei. Los señalamientos tienen otra naturaleza: involucran posibles conflictos de interés en contrataciones y relaciones entre proveedores y personas de su entorno. La Auditoría Superior de la Federación abrió una investigación ante indicios de posibles conflictos de interés, colusión y triangulación de recursos. Taddei sostiene que las contrataciones se realizaron conforme a la ley. Las responsabilidades están por determinarse; las preguntas exigen respuestas.

Entre las revelaciones figura la relación de Jonathan Navarrete Torres, registrado como chofer de Taddei, con Corporativo Zeg, proveedor de material electoral: Según los reportes, recibió poderes para representar a la empresa y no consignó ese vínculo en su declaración patrimonial. A ello se suman las grabaciones de un viaje a París de Jorge Francisco Piñeda Taddei, hijo de la consejera presidenta, acompañado por José Alfredo Hernández Casillas, vinculado con empresas contratistas del INE.

¿Cuál ha sido la reacción desde Palacio Nacional? La crítica matizada. Claudia Sheinbaum ha pedido auditorías y ha afirmado que no debe haber ninguna sombra de corrupción en el instituto. Pero, ante la pregunta de si Taddei debía separarse del cargo para permitir la investigación, respondió: “Eso depende de ella”. La exigencia de transparencia es pertinente. La diferencia de trato, también, resulta inocultable. Para Córdova hubo insultos y acusaciones de traición, para Taddei, prudencia y llamados a esclarecer los hechos.

¿Qué explica la diferencia? En parte, las maneras distintas de Sheinbaum y López Obrador. Pero hay algo más profundo: Taddei es de casa.

La expresión tiene sustento en la propia bienvenida que le dio López Obrador. Cuando fue seleccionada para presidir el INE, en marzo de 2023, el entonces presidente declaró: “Conozco a su familia”. Y enseguida certificó sus credenciales políticas y morales: eran personas progresistas, demócratas y honestas, ajenas al conservadurismo que tanto despreciaba. La pertenencia política aparecía, desde entonces, como garantía de honradez.

¿Qué habría ocurrido si las grabaciones, los vínculos con proveedores y los señalamientos de posibles conflictos de interés hubieran involucrado a un presidente del INE considerado adversario?

La vieja máxima conserva su vigencia: Para los amigos, justicia y gracia; para los enemigos, la ley. El movimiento que prometió una regeneración moral juzga con un rasero a los de casa y con otro a los de afuera. La honradez se presume o se descarta según la cercanía con el poder.

Aunque se consume este lunes la renuncia de Taddei, el doble rasero habrá quedado expuesto. Su eventual salida no borrará la diferencia entre la prudencia reservada para los de casa y la descalificación personal destinada a los de afuera. En eso terminó la congruencia moral tan pregonada.

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