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El anquilosamiento de la oposición en México

La renovación de los liderazgos en un partido es fundamental para mejorar su imagen.

Leo Zuckermann

Juegos de poder

En este espacio he dicho, y hoy reitero, que una de las tragedias de la exigua democracia mexicana es que la oposición no está capitalizando los errores y escándalos de la coalición gobernante. Porque de eso se trata la democracia: De premiar o castigar al Gobierno en turno en las urnas.

El problema es que la oposición es México tiene una pésima imagen en el electorado. En el balance entre las opiniones positivas y negativas, el PRI tiene un saldo de -39 puntos porcentuales, el PAN de -27 y el nuevo partido opositor Somos está naciendo con un -4. El único que se salva es Movimiento Ciudadano con un +6. Todos ellos palidecen frente al balance que hoy presenta Morena de +27. Son datos de la más reciente encuesta de agosto de este año de Buendía&Márquez.

Estoy seguro de que existe un segmento importante de la población que ya no se le antoja votar por Morena, el PT o el Verde por lo mal que han gobernado al País y sus múltiples escándalos de corrupción y vínculos con el crimen organizado. Sin embargo, voltean a ver a la oposición y les da menos ganar de votar por estas opciones que tienen tan mala imagen.

Son pésimas marcas. Tanto el PRI como el PAN por haber gobernado al País con el desgaste que ello conlleva, sus propios errores y escándalos y ocho años en que los presidentes López Obrador y Sheinbaum se han encargado de criticarlos a diario en las mañaneras.

Pero hay algo más: La oposición solita se ha anquilosado.

Por un lado, carecen de un proyecto político alternativo que ofrecer, salvo su rechazo a la 4T. Por el otro, los liderazgos de los partidos opositores no se han renovado. Al frente siguen los mismos grupos de políticos que perdieron, y gacho, en elecciones pasadas.

En el PAN, está el grupo que heredó el partido de Ricardo Anaya después de la derrota de 2018: Primero Marko Cortés, ahora Jorge Romero. En el PRI, Alejandro “Alito” Moreno se convirtió en el cacique del tricolor; es el dirigente nacional desde el 2019 gracias a que reformó los estatutos que le impedían reelegirse. Y en MC, el líder indiscutible sigue siendo Dante Delgado quien fundó ese partido en 1999; formalmente, la dirigencia la tiene Jorge Álvarez Máynez que quedó en un lejano tercer lugar en las elecciones presidenciales de 2024 con 10% de los votos.

Aunque pierdan, los liderazgos no sueltan el hueso. Se quedan con el control de todas las candidaturas y millones de pesos de prerrogativas. Es un poder enorme. Y, desde luego, se encargan de evitar cualquier desafío a sus dirigencias de cuadros que vienen creciendo.

La renovación de los liderazgos en un partido es fundamental para mejorar su imagen.

Véase lo que ha ocurrido con el Partido Demócrata en Estados Unidos.

Inmediatamente después de la elección presidencial de 2024, las encuestas demostraban que prevalecían las opiniones negativas sobre este partido. Los propios demócratas estaban muy pesimistas sobre su futuro que en cualquier momento de los ocho años anteriores.

En 2025, la imagen llegó a un punto especialmente bajo. Sin embargo, para 2026 ha habido cierta recuperación. Han contribuido los errores y escándalos de la administración republicana de Trump. Sin embargo, los demócratas se están recuperando gracias a la renovación en sus liderazgos.

No sólo llegó un nuevo grupo encabezado por Ken Martin a la dirección nacional con el discurso de reconstruir el partido desde los estados y recuperar a los votantes de clase trabajadora, sino que está apareciendo una generación mucho más joven de candidatos.

Por una parte, están los del ala más progresista, algunos se consideran socialistas, como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que han conectado con su discurso en contra de la carestía y a favor de la justicia social. Pero también están destacando gobernadores de una nueva generación con experiencia ejecutiva como Moore, Shapiro, Whitmer, Newsom, Pritzker y Beshear. Por su parte, en el Congreso hay una camada de jóvenes que andan descollando como Talarico que increíblemente puede ganar la senaduría por Texas en noviembre.

Todavía no existe un nuevo líder nacional indiscutible que haya sustituido a la generación anterior. Pero podemos decir que en esta elección intermedia ya hay una competencia entre varias generaciones y corrientes por definir cómo será el Partido Demócrata y quién encabezará la siguiente etapa presidencial.

Mientras no haya un proceso similar en la oposición en México, Morena y sus aliados pueden dormir tranquilos. Entre el dinero que reparten en programas sociales y el anquilosamiento de los partidos opositores, pueden seguir cometiendo errores y protagonizando escándalos sin que sufran reveses importantes en las urnas.

Leo Zuckermann

X: @leozuckermann

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