Poder soberano
No sé qué tanto ayudará cantar el Himno Nacional ante una intervención militar extranjera, pero sé que la soberanía más sólida se construye sobre instituciones que protejan los derechos individuales y promuevan la prosperidad.

La presidenta Sheinbaum ha enarbolado la “soberanía” como bandera política. Una y otra vez ha utilizado el concepto para defender sus decisiones y para atacar a sus adversarios. Lo empleó para cuestionar a la gobernadora panista de Chihuahua, Maru Campos; para defender a los 10 de Sinaloa, acusados de colaborar con el narcotráfico; para cuestionar a políticas españolas, como Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo, que han defendido el legado hispano de México; y para alertar contra una posible interferencia de Washington en los asuntos de México.
El término “soberanía” se define actualmente como el “poder político que corresponde a un Estado independiente” y se confunde con nacionalismo o patriotismo. Su etimología, sin embargo, sugiere otro significado. La palabra proviene originalmente del latín super omnia, “sobre todos”, y del latín vulgar superanus, “el que está por encima”, “el supremo”. Denota la capacidad de un gobernante para regir sin límite. Soberano es quien detenta el poder supremo.
En su libro Teología política de 1922 el alemán Carl Schmitt definió al soberano como aquel “que decide el estado de excepción”. Si una persona o institución es “capaz de provocar una suspensión total de la ley, y luego utiliza fuerza extralegal para normalizar la situación, entonces esa persona o institución es la soberana en ese cuerpo político”. Si bien primero lo repudio, en 1933 Schmitt se unió al Partido Nacional Socialista de Adolf Hitler.
No sorprende que los gobiernos que pretenden concentrar el poder recurran a la “defensa de la “soberanía”. Este 2 de septiembre el dictador nicaragüense Daniel Ortega recordó a “los hermanos [militares] que han entregado su vida frente a los mercenarios, frente a los invasores, [que] no han logrado, y no han podido ni podrán, acabar con la soberanía”. Ante la decisión de Ortega de cancelar las elecciones en Nicaragua la presidenta Sheinbaum simplemente declaró: “Cada país decide, cada pueblo decide”.
La excusa de la soberanía permite muchos abusos. Ante las críticas de Donald Trump sobre la influencia del narco en la política mexicana, el régimen de la 4T ha aprobado una enmienda constitucional para permitir la anulación de elecciones cuando se acrediten “actos de intervención o injerencia extranjera que influyan en los resultados electorales”. La redacción deja abierta la definición de estos actos, por lo que permitirá que se anulen solo las elecciones que pierda Morena. Otra iniciativa ha modificado el artículo 82 de la Constitución para prohibir que quienes tengan doble nacionalidad puedan ser presidentes o gobernadores.
“La soberanía no se negocia”, declaró la presidenta el 24 de abril de este año. Los mexicanos debemos defender la patria ante cualquier intervención extranjera. El 3 de diciembre de 2024 añadió: “No va a haber una invasión” de Estados Unidos a México. “Eso no es un escenario que tengamos en mente; y, de todas maneras, tenemos nuestro Himno Nacional”.
No sé qué tanto ayudará cantar el Himno Nacional ante una intervención militar extranjera, pero sé que la soberanía más sólida se construye sobre instituciones que protejan los derechos individuales y promuevan la prosperidad. De qué sirve lanzar discursos sobre la soberanía si el Estado no puede proteger de la violencia a los gobernados o a las estudiantes extranjeras. Un país realmente soberano no es el que tiene un gobierno más poderoso, sino el que permite a su población vivir mejor, con mayor prosperidad y seguridad.
Quien amenaza la soberanía de los mexicanos no es Estados Unidos. No es España. Y desde luego no es la historia: Hernán Cortés o Isabel la Católica”. CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO
PEMEX
La verdadera soberanía no surge de cantar el Himno Nacional ante “un extraño enemigo” sino de la fortaleza económica. Pemex no fortalece la soberanía nacional si tiene un patrimonio negativo de 1.6 billones de pesos y requiere subsidios para no hundirse en la quiebra.
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