El Imparcial / Columnas / Armando Fuentes Aguirre

Historias de la creación del mundo

De vez en cuando, sin embargo, el Padre saca del orfeón a un ángel y le encomienda una tarea especial, ya sea de combatiente, mensajero o sanador.

Armando  Fuentes Aguirre

Al decir de los teólogos y exégetas al Señor le gusta que lo alaben. Para eso, según se sabe, dispone de muchos y muy variados coros celestiales. “Los ángeles cantan y alaban a Dios”.

De vez en cuando, sin embargo, el Padre saca del orfeón a un ángel y le encomienda una tarea especial, ya sea de combatiente, mensajero o sanador.

Sucedió que Adán y Eva comieron la manzana. El Señor, que había puesto la tentación, se encolerizó porque sus hijos cayeron en ella. Los expulsó del Paraíso, y puso en la puerta un ángel a fin de que les impidiera la entrada.

El guardián, aburrido después de algunos días, entabló conversación con el hombre. Le preguntó:

-¿Cómo te ha ido? -Espléndidamente bien -respondió Adán-. Ahora soy libre: Puedo comer lo que quiera y disfruto plenamente del amor. Tímidamente le propuso el ángel: -¿Cambiamos?

¡Hasta mañana!

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