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Una historia que incita orgullo sobre la Policía en México

De Mauleón reconstruye los minutos en que los policías se quedaron prácticamente solos con “El Chapo” sin saber con certeza en quién podían confiar.

Leo Zuckermann

Son escasas las historias heroicas de la Policía mexicana. No es frecuente un relato real que nos haga sentirnos orgullosos de nuestras fuerzas del orden. Y es que la burra no era arisca. Por desgracia, los ciudadanos sabemos que son pocos los elementos policiacos serios, profesionales y honestos en nuestro País.

Predominan, en cambio, los corruptos que se aprovechan de su puesto abusando del poder. Aunque el concepto de la “poli puerca” -que equipara a la policía con los cerdos en sentido despectivoviene del bajo mundo londinense del siglo XIX, en México lo adoptamos con mucha naturalidad para asociarlo con la histórica corrupción de los cuerpos policiacos.

Por esta razón, la crónica periodística y posterior película sobre la detención de Joaquín Guzmán Loaera, “El Chapo”, es una joya que vale la pena leer y ver. Se trata de una historia heroica que nos pone la piel chinita.

Tengo el privilegio de conocer a Héctor de Mauleón a quien considero uno de los mejores periodistas del País. No sólo es un gran cronista de la Ciudad de México, sino que tiene impecables fuentes en el mundo policiaco que le permiten escribir historias muy interesantes con una prosa sabrosa.

En 2016 publicó las crónicas sobre la recaptura de “El Chapo” en Los Mochis el 8 de enero de 2016. De Mauleón cuenta una historia dramática y heroica.

Después de escapar de un operativo de la Marina en una casa de seguridad, “El Chapo” y Orso Iván Gastélum, “El Cholo Iván”, salieron de una alcantarilla en Los Mochis alrededor de las 9:08 de la mañana. Robaron primero un Jetta y luego un Ford Focus rojo. Los propietarios reportaron a la Policía que los asaltantes eran dos hombres en ropa interior.

Dos policías federales localizaron el Focus y lo detuvieron. Ahí comienza la parte extraordinaria de la historia: Los agentes se dan cuenta de que el hombre al que acaban de detener es el gran capo del Cártel de Sinaloa y uno de los fugitivos más buscados del mundo.

De Mauleón reconstruye los minutos en que los policías se quedaron prácticamente solos con “El Chapo” sin saber con certeza en quién podían confiar.

Los dos policías federales tienen en sus manos a un hombre muy poderoso y temen que integrantes de las propias corporaciones puedan estar comprados por él. Los propios delincuentes se los recuerdan tratando de sobornarlos para que los lleven a un lugar seguro y ahí los liberen. “El Chapo” y “El Cholo Iván” les ofrecen millones de pesos, casas, empresas y negocios que “les resolverán toda su vida”; también les advierten que sus hombres llegarán a rescatarlos desencadenando una matanza.

No obstante, los dos policías no ceden. Son, por increíble que parezca, íntegros. Eventualmente al motel donde se escondieron junto con los delincuentes llega un comando de la Marina y ahí queda sellado el destino del “El Chapo”. Lo detienen y trasladan a la Ciudad de México. Luego lo extraditarían a Estados Unidos donde una Corte federal lo condenaría a 30 años de prisión. Actualmente se encuentra en el penal de máxima seguridad ADX Florence en Colorado.

Leí las fantásticas crónicas de De Mauleón cuando se publicaron. Me emocionaron. Confieso, sin embargo, que me hizo más mella la película de Netflix basada en los textos del periodista. Supongo que tiene que ver con la fuerza visual y auditiva de una cinta cinematográfica y los elementos ficticios que le agregaron para hacerla más emocionante.

La captura no es una reconstrucción documental de lo sucedido. El director, Chava Cartas, modificó ciertos elementos para darle un mayor dramatismo a la cinta. Cambió, por ejemplo, las conversaciones entre policías y delincuentes. Agregó, además, el acoso de sicarios del Cártel a los familiares de uno de los policías.

El punto toral es cuando los policías tienen que tomar la decisión de qué hacer. Todas las condiciones están dadas para que se corrompan, sobre todo sabiendo, como “El Chapo” se los recuerda, que si no son ellos los que los liberen a cambio de dinero serán otros más arriba en la estructura policiaca, militar o política. De no recibir el soborno, no sólo perderán el dinero, sino terminarán como un par de cretinos por comportarse de manera honesta.

La película coincide en la estructura fundamental de lo que realmente sucedió. Destacan las actuaciones de Alfonso Herrera y Noé Hernández como los policías que no se dejaron sobornar ni intimidar por uno de los delincuentes más poderosos del mundo. El guión de Bernardo Esquinca y del propio Héctor de Mauleón es espléndido, llevado a la pantalla grande de manera pulcra por Cartas.

El resultado concita algo muy extraño para un mexicano: Orgullo de nuestras policías.

Leo Zuckermann es analista político / periodista y conductor de un programa de opinión en televisión.

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