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Muchos dólares, pero poca inversión nueva

Las empresas extranjeras establecidas reinvierten y el capital financiero encuentra atractivos los activos mexicanos.

Eduardo Ruiz-Healy

El lunes se difundieron dos buenas noticias económicas. La Inversión Extranjera Directa (IED) alcanzó un récord de 34,968 millones de dólares durante el primer semestre y el peso se cotizó por debajo de 17 por dólar, tras apreciarse casi 20% desde enero de 2025. Ambas son positivas, pero los datos muestran aspectos menos favorables.

La IED aumentó 2.1%, pero 30,957 millones, 88.5% del total, fueron utilidades reinvertidas por empresas que ya operan aquí. Las nuevas inversiones sumaron 2,726 millones, 7.8%. Es difícil hablar de un auge del “nearshoring” cuando menos de ocho de cada 100 dólares de IED son nuevas inversiones.

La reinversión es importante. Puede destinarse a ampliar plantas, comprar maquinaria y tecnología o financiar operaciones. Que las empresas mantengan sus utilidades en México es favorable, pero no equivale a nuevos proyectos ni nuevos empleos.

El sector manufacturero recibió 13,482 millones de dólares, 38.6% de la IED y 9.3% más que un año antes. Economía no informa cuánto fue reinversión y cuánto capital nuevo. El dato muestra que empresas extranjeras siguen invirtiendo aquí, pero no cuánto corresponde a nuevas fábricas.

El peso fuerte abarata importaciones e insumos y ayuda a contener la inflación, pero reduce los ingresos en pesos de exportadores. Bimbo, Grupo Carso y la Bolsa Mexicana de Valores han reportado efectos negativos. También afecta las remesas: 100 dólares son 1,700 pesos con un dólar a 17, contra 2,000 cuando cotiza a 20.

Parte de su fortaleza proviene del carry trade. Los inversionistas aprovechan que las tasas mexicanas son mayores que las estadounidenses: Cambian dólares por pesos y compran Cetes, bonos u otros activos. Un millón de dólares a 17 produce 17 millones de pesos. Si el tipo de cambio se mantiene, ganan con el mayor rendimiento mexicano; si el peso se aprecia, ganan además al volver a dólares.

Ese capital puede salir rápidamente si bajan las tasas, aumenta el riesgo o cambia la expectativa cambiaria. Reuters señala que los flujos recientes han sido impulsados por fondos de cobertura y operadores de corto plazo. Una fábrica es una inversión mucho más difícil de retirar.

Las empresas extranjeras establecidas reinvierten y el capital financiero encuentra atractivos los activos mexicanos. Lo insuficiente sigue siendo el nuevo capital productivo de largo plazo.

A la incertidumbre jurídica después de la reforma judicial y sobre el T-MEC se suma la electricidad. El IMCO estima que para fortalecer y expandir el sistema se requieren 104,100 millones de pesos anuales hacia 2030, pero CFE tiene asignados 61,100 millones para inversión en 2026. Sin electricidad suficiente será difícil atraer nuevas plantas.

El Gobierno tiene poco margen para cubrir esa brecha. En el primer semestre los ingresos apenas crecieron 0.1% real, la inversión pública cayó 7.9% y la deuda llegó a 51% del PIB. Gastar más exigiría endeudarse, aumentar ingresos o recortar otros rubros. La inversión privada será indispensable.

La IED récord y el peso fuerte son buenas noticias, pero lo importante es que el capital adicional se convierta en nuevas plantas, ampliaciones, maquinaria, tecnología y empleos. Sólo así se verá si el “nearshoring” se convierte en uno de los motores del crecimiento de México.

Eduardo Ruiz-Healy

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