Bibliotecas
pe Healy derivara su vida hacia el periodismo y la escritura. En lo más profundo de la idiosincrasia de los irlandeses hay una fascinación por la escritura y los libros, canciones, sagas y leyendas de su pueblo.

Batarete
Hace un tiempo tuve la oportunidad de viajar a Irlanda y dedicar unos días a recorrer, no tan reposadamente como me hubiera gustado, varias ciudades de esa Verde Erín, y disfrutar de los recorridos por sus campos con sus múltiples matices del verde, que nos llenaban la vista y provocaban una admiración gozosa y agradecida.
El objetivo del viaje era recorrer y entender la tierra de mis bisabuelos, James Healy y Mary Breenan, maestros los dos, un tanto aventureros, que no dudaron de viajar a las Américas y llegar a Nueva York a fines del siglo XIX. Era un periplo muy frecuente para aquellos irlandeses, pero mis antepasados tenían otros planes: Desde la urbe neoyorquina se dirigieron al Sur y cruzaron la frontera con México para instalarse en Monterrey, donde fundaron una escuela para enseñar el idioma inglés a los regios con ambiciones.
Ahí, en el mero barrio de San Luisito establecieron hogar y centro escolar. Ahí también nació mi abuelo, José Santiago Healy Breenan, a fines de 1800. Se sabía mexicano cabal y también irlandés de ascendencia.
En la primera década del siglo pasado la familia decidió trasladarse a la Ciudad de México a buscar mejores horizontes para su labor educativa.
Se instalaron en el muy tradicional barrio de Santo Domingo, donde creció el abuelo y estudió parte de la primaria, que dejó para poder contribuir a la economía familiar. Aún adolescente consiguió empleo en un periódico y en pocos años logró llegar a reportero. Ahí lo pilló la revolución y en un arrebato juvenil se unió a las tropas de Venustiano Carranza como encargado de prensa. Lo habilitaron con un grado militar, lo uniformaron y le dieron la responsabilidad de escribir comunicados de guerra y lograr que se publicaran en la prensa nacional.
Con el tiempo llegó a Hermosillo y ahí conoció a Laurita Noriega V. Escalante, hija del doctor Alberto Noriega, y se convenció de que su sino era formar familia en este antiguo Pitic y 20 años más tarde se arriesgó a adquirir EL IMPARCIAL, donde publicó por varias décadas una simpática columna diaria que tituló Deshilando.
No resulta casual que don Pepe Healy derivara su vida hacia el periodismo y la escritura. En lo más profundo de la idiosincrasia de los irlandeses hay una fascinación por la escritura y los libros, canciones, sagas y leyendas de su pueblo. Es tierra de escritores y juglares, y la contribución de los monjes irlandeses fue fundamental para rescatar a Europa continental de una Edad Media sumida en una oscuridad sin derroteros intelectuales perdurables.
Sucedió que la mayor parte de aquella Europa había sido colonia romana, y cuando Roma cayó, sus colonias, sistemas administrativos, educativos y sociales se encontraron sin rumbo ni apoyo. Fueron cayendo en una época de oscuridad y decadencia. Los monasterios perdieron sostén y respaldo del sistema político y cultural romano, en aquellas sociedades en desintegración.
Pero Irlanda había resistido la invasión romana, y nunca fueron controlados por Roma: Tenían sus propios sistemas de Gobierno, pequeños reinos en valles aislados y una cadena de monasterios que proporcionaban educación y solidez social.
Cuando cayó el imperio romano de Occidente en el año 476, los monasterios de Irlanda se habían dedicado desde tiempo atrás a orar y trabajar, sobre todo en la copia de los libros sagrados, los textos de los primeros padres de la Iglesia, y también los pensadores de la antigüedad. Competían entre sí por el cúmulo e importancia de los volúmenes en sus bibliotecas.
Con el paso de los años se fue conociendo entre aquellos frailes ilustrados la falta de misioneros y de instituciones de formación en las regiones de sus vecinos europeos. Y comenzaron a mandar monjes a recristianizar esas regiones, llevarles educación y los textos sagrados que fueran semillas de sus escuelas y bibliotecas, al grado que, después de varios siglos se fue reconstituyendo una Europa más ilustrada, se fundaron las grandes universidades y fue resurgiendo de esa era de oscuridad.
Al esfuerzo irlandés se sumó la contribución de los pueblos musulmanes del Norte de África fue también de suma importancia para cristalizar una historia y una cultura que se llamó luego Occidental y cristiana, con sus virtudes, dislates y resbalones, pero que unificó una porción del globo durante algunos siglos fundamentales para el devenir de la humanidad en el Occidente del globo.
Ernesto Camou Healy
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