El placer de compartir
El hombre, al haber sido creado por Dios, guarda una relación esencial con Él.

VOZ DEL PAPA
1 PARA SABER
“Nadie que haya aliviado la carga de sus semejantes habrá fracasado en este mundo”, (Charles Dickens). Después de haber considerado el bien común y la subsidiariedad, el papa León XIV reflexionó sobre el cuarto principio de la Doctrina Social de la Iglesia: El principio de solidaridad.
El hombre, al haber sido creado por Dios, guarda una relación esencial con Él. Pero, además, ha querido que nazcamos no individualmente, sino de unos padres, y en una sociedad. El papa Pablo VI hablaba de que formamos una fraternidad humana y sobrenatural que une a todos los hombres y pueblos. De aquí surgen unas obligaciones de caridad, justicia y solidaridad. Es preciso reconocer que el destino de cada uno está ligado al destino de todos, como decía el papa Francisco, realmente «nadie se salva solo».
2 PARA PENSAR
Contaba la santa madre Teresa de Calcuta que su mayor experiencia de amor a los demás la tuvo con una familia hindú: «Un señor muy amable vino a nuestra casa y nos dijo: “Madre Teresa, hay una familia que no tiene qué comer desde hace tiempo. Haga algo”. Entonces tomé un poco de arroz y me dirigí inmediatamente a su casa. Y vi a los niños -sus ojos brillaban de hambre-. No sé si han visto alguna vez una persona hambrienta. Yo sí y con frecuencia. La madre de esos niños tomó el arroz que le había dado, y salió de su casa. Cuando volvió, le pregunté: “¿Adónde ha ido?, ¿Qué ha hecho?”. Me respondió con sencillez: “Ellos también tenían hambre”. Lo que me impresionó fue que ella sabía quienes eran sus vecinos. Se trataba de una familia musulmana». Y concluyó la madre Teresa diciendo: “No les llevé más arroz aquella tarde pues quería que disfrutaran de la alegría que supone compartir. La alegría de esos niños que compartían su felicidad, y la paz de una madre que con un amor sin límites era capaz de eso, suponía la confirmación de que el amor se comienza a aprender en el seno de la familia”. Se cumplen las palabras de la Escritura: “Hay más alegría en dar que en recibir”.
3 PARA VIVIR
La solidaridad se expresa cuando cada uno, personalmente y junto con los demás, toma parte en la vida de la comunidad -se informa, se asocia, hace sentir su propia voz, contribuye a las decisiones y a las opciones públicas- asumiendo responsabilidades reales para que el bien común se traduzca en toma de decisiones compartidas.
No somos simplemente vecinos unos de otros, sino que estamos confiados los unos a los otros, para que cada uno se haga cargo, en la medida de lo posible, de la vida y de las heridas del hermano y de la hermana. La solidaridad nace precisamente cuando decidimos no permanecer indiferentes frente a aquello que le sucede a nuestro prójimo y transformamos cualquier vínculo en un camino de cooperación y de cuidado mutuo, aprendiendo a «pensar y actuar en términos de comunidad», afirma el papa León.
En cuanto virtud, la solidaridad requiere una determinación firme y perseverante de trabajar por el bien común, con una atención particular a los más débiles.
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