El Imparcial / Columnas /

Rectitud de intención

Las dinámicas de desconfianza pueden destruir el valor del negocio y la armonía de la familia.

Carlos  Dumois

Las dinámicas de desconfianza pueden destruir el valor del negocio y la armonía de la familia.

Estamos en una reunión con este grupo de hermanas. La presidenta del consejo propone, entre otras cosas, algunos cambios en los estatutos de una de las sociedades. Las suspicacias vuelven a surgir y la tensión se percibe a flor de piel. En un receso participo en una conversación donde se expresa abiertamente el escepticismo de algunas de ellas sobre lo que acaban de escuchar, no se sienten cómodas con el planteamiento.

La comunicación en las empresas familiares suele abordarse desde la técnica: Protocolos, consejos de familia, metodología, asambleas y mediadores. Sin embargo, existe un factor invisible que determina el éxito o el fracaso de todas estas herramientas: La rectitud de intención.

El liderazgo y la trascendencia de un negocio familiar no se sustentan sólo en la elocuencia o la brillantez visionaria, se soportan aún más en la honestidad de los motivos detrás de cada palabra y cada silencio.

La dueñez no se basa en el control accionario, sino en ejercer la responsabilidad compartida de guiar el destino de un patrimonio y de una comunidad de personas. Cuando los miembros de una familia empresaria se comunican, no sólo transmiten información operativa, también ponen en juego sus preferencias y expectativas, sus miedos y ambiciones de poder.

Si la intención detrás de un mensaje no es genuina. Si busca manipular, excluir, cobrar facturas del pasado o imponer el interés propio sobre el bien común, la comunicación se corrompe. No importa qué tan sofisticado y completo sea el protocolo familiar ni qué tan claras sean sus reglas; si no hay integridad de motivos, las dinámicas de desconfianza pueden destruir el valor del negocio y la unidad de la familia.

Tener rectitud de intención en la comunicación significa alinear la voluntad y la mente con los propósitos superiores de la empresa y la familia. Implica tres compromisos fundamentales:

Buscar el bien común: Priorizar la prosperidad de la empresa y la armonía familiar por encima del ego o del beneficio personal.

Actuar con transparencia: Decir la verdad con claridad, eliminando las agendas ocultas, las alianzas secretas y los rumores de pasillo.

Escuchar para comprender: Dejar de lado el deseo de ganar la discusión para intentar entender realmente la postura del otro.

Cuando la rectitud de intención prevalece, los órganos de gobierno se transforman. En los consejos o comités las discusiones dejan de ser campos de batalla por el control y se convierten en foros de cocreación.

Las conversaciones difíciles se abordan de frente, sin rodeos, pero con profundo respeto por la dignidad de cada persona.

Los procesos sucesorios se gestionan efectivamente. Los líderes actuales comunican sus planes de retiro con generosidad, y los sucesores expresan sus aspiraciones sin soberbia.

El manejo de conflictos es abierto y productivo. Las diferencias de opinión se ven como fuentes de riqueza y complementariedad, no como ataques personales.

Por el contrario, la falta de honestidad siembra la paranoia. Un comentario legítimo sobre el rendimiento de un directivo familiar se interpreta como un complot. Una propuesta de reinversión de utilidades se lee como un intento de asfixiar económicamente a las ramas familiares no operativas.

Quienes gestionan la dueñez activa deben ser los principales guardianes de esta rectitud. Eso exige un ejercicio constante de autocrítica. Antes de convocar a una reunión crucial o de emitir un juicio sobre un familiar, el líder debe preguntarse con total honestidad: ¿Qué busco realmente con esto, construir o tener la razón? ¿Proteger el legado o alimentar mi orgullo?

La claridad de propósito no hace que las decisiones sean fáciles ni garantiza que todos estén siempre de acuerdo. Lo que sí sustenta es un piso firme de confianza mutua. Sobre esa plataforma sólida, cualquier problema operativo, financiero o estratégico se vuelve gestionable.

Cultivar la rectitud de intención demanda una elevada madurez que los líderes de dueñez han de alcanzar y sostener. Es el ingrediente que convierte la comunicación en un puente hacia la trascendencia y la longevidad empresarial.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí