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Felicidades a uno de los grandes laboratorios de una sociedad liberal

Estados Unidos nació con la obsesión liberal de limitar al Gobierno, pero su historia muestra que ese ideal ha sido difícil de sostener.

Leo Zuckermann

Juegos de poder

No es buen momento para celebrar el cumpleaños 250 de Estados Unidos de América, país que actualmente se caracteriza por una alta polarización que ha desembocado en actos de violencia. Además, está gobernado por un Presidente demagogo, populista, vulgar y corrupto.

No, definitivamente la coyuntura no ayuda para descorchar la champaña y brindar por la primera república del continente americano.

Sin embargo, como liberal, reconozco y celebro a este país que representa el experimento histórico más ambicioso y exitoso de construir una sociedad basada en la libertad individual, el Gobierno limitado y el estado de Derecho.

La libertad fue el principio fundamental para la unión de las trece colonias inglesas en 1776. A diferencia de lo que existía en ese momento en el mundo entero, fundamentalmente monarquías, Estados Unidos nació alrededor del principio de que “todos los hombres son creados iguales” y, por tanto, poseen derechos inalienables como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

No soy ingenuo. Sé que este principio ha sido más proyecto que realidad.

En la práctica, la igualdad frente a la ley fue un privilegio para los hombres blancos adinerados. Los negros, en el mejor de los casos, eran discriminados; en el peor, esclavizados. La esclavitud fue el tema que rompió la república provocando una larga y sangrienta guerra civil que, por fortuna, ganó el Norte antiesclavista.

Ni hablar del papel marginal que durante mucho tiempo desempeñaron las mujeres, los pobres y otras minorías.

Con todo y esto, la Declaración de Independencia de Estados Unidos de hace 250 años es un documento histórico que plasmó el ideal liberal clásico de una sociedad conformada por individuos libres con un Gobierno limitado.

Los padres fundadores de Estados Unidos, una generación excepcional, redactaron una Constitución basada en principios revolucionarios en ese momento: Separación de poderes, federalismo, pesos y contrapesos y la protección constitucional de los derechos individuales. La idea era que ningún gobernante pudiera concentrar demasiado poder.

Estados Unidos nació con la obsesión liberal de limitar al Gobierno, pero su historia muestra que ese ideal ha sido difícil de sostener. El poder federal ha crecido mucho más de lo previsto por los padres fundadores. Cada crisis mayor que ha vivido Estados Unidos (conflictos bélicos, depresión económica, terrorismo, pandemias) se ha expandido el poder gubernamental.

Hoy, en la Presidencia tenemos a un individuo obsesionado con fortalecer el Poder Ejecutivo federal en detrimento de las otras instituciones.

Pero, una vez más, Estados Unidos es un proyecto liberal en cuanto al principio de Gobierno limitado.

Agréguese la economía de mercado. Ese país ha demostrado las virtudes de la propiedad privada, la libre empresa, la competencia y la innovación generando una prosperidad económica sin precedentes en la historia de la humanidad.

También hemos atestiguado los vicios de este sistema que ha producido desigualdad, concentración, abusos, crisis y bienes públicos insuficientes. Ni se diga de la colusión de los gobiernos con los grandes capitales creando monopolios rentistas. Hoy, este “capitalismo de cuates” está regresando con fuerza con Trump.

Con todo y todo, nadie puede negar el dinamismo de la economía de mercado estadounidense.

Otro rasgo valorado por los liberales es la enorme fortaleza de la sociedad civil de ese país. En el siglo XIX, Tocqueville viajó a Estados Unidos y quedó impresionado por la facilidad con la que los ciudadanos creaban asociaciones, iglesias, universidades, clubes, organizaciones benéficas y periódicos. En vez de depender del Estado, gran parte de la vida pública descansaba en iniciativas voluntarias, condición favorable de una sociedad libre.

De nuevo hay que reconocer problemas en este ámbito. Robert D. Putnam ha comprobado la profunda disminución del capital social en ese país. Los estadounidenses participan cada vez menos en actividades de la sociedad civil. Se han hecho más individualistas. Este debilitamiento de los vínculos sociales ha reducido la confianza entre los ciudadanos.

Desde luego que la Unión Americana no ha sido perfecta. Sin embargo, es un proyecto de país que convirtió ideas filosóficas en instituciones que han perdurado. No se trata de idealizar a ese país sino de reconocer que ha sido un magnífico laboratorio histórico que puso a prueba -con éxitos y contradicciones- la posibilidad de organizar una sociedad libre bajo el imperio de la ley.

En este sentido, felicito a Estados Unidos en su 250 aniversario.

Vacaciones

Este columnista tomará unos días de vacaciones por lo que “Juegos de poder” volverá a publicarse el lunes 17 de agosto.

Leo Zuckermann

X: @leozuckermann

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