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Un dictador sin conciencia

Los invitados a la boda gritaban en el atrio: “¡Arriba la novia!”.

. Catón
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DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

“¡Te amo, Picia! -le dijo el ávido Bragueto a la feúcha chica-. ¡Sería capaz de besar el suelo donde pisas y donde tu papá encontró petróleo!”. El joven esposo le preguntó a su curvilínea mujercita: “¿Quieres que vayamos a la montaña a ver el panorama, o prefieres ir a la playa y ser tú el panorama?”. Los invitados a la boda gritaban en el atrio: “¡Arriba la novia!”. Y otros: “¡Arriba el novio!”. Un borrachito que pasaba sugirió: “Déjenlos que se acomoden como ellos quieran”. “Arreglao Matamoros”. Ese dicho proverbial se usaba para significar que algún obstáculo había sido removido. La expresión tuvo su origen en el habla de los contrabandistas que con dinero compraban el derecho a introducir al País artículos diversos -”lo que quepa por el puente”- a través de la aduana matamorense. En los pasados tiempos ese contrabando era en lo general de poca monta: Televisores, juguetes en la época de Navidad, medias de nailon. Ahora los contrabandos son en grande, y peligrosos: Armas, el llamado huachicol. A estas alturas -bajuras, más bien dicho- ya está fuera de discusión que López Obrador ha sido el peor Presidente de México en nuestro tiempo. Al ganar en mala hora la Presidencia perdió el piso, y convirtió su cargo en una satrapía regida por un caprichoso autócrata populista y demagógico que destruyó sistemáticamente lo bueno que se había conseguido y multiplicó lo malo. Fue un rey Midas al revés: Todo lo que tocaba lo convertía en heces. Así sucedió en los ámbitos de la salud, la educación, la economía, las obras públicas, la legalidad, el ejercicio democrático, la administración de la justicia, la seguridad. Desgraciadamente puso la mano en el Ejército y la Marina, y los desvirtuó, por no decir lisa y llanamente que los corrompió. Al atribuirles funciones por completo ajenas a su misión constitucional puso a sus elementos donde había “manoteyo”, esto es decir oportunidades de enriquecimiento. Así dio origen a una corrupción cuyos efectos siguen mostrándose hasta hoy, como lo evidencia el actual caso de los mílites encargados de la aduana de Matamoros, puerta de entrada para millones de litros de combustibles ilegales. “No pido que me den, nomás que me pongan donde haya”. AMLO puso a los militares y marinos donde había, y muchos malos elementos se corrompieron. De gran corruptor puede entonces tildarse al cacique de Morena. Lo peor es que sus actos en perjuicio de México quedarán impunes, y ni siquiera me será dable el lujo de ponerme melodramático para decir que la conciencia será su cárcel, porque los dictadores carecen de conciencia, y él ha sido y sigue siendo un dictador. Nada más falta que nos vuelva a asestar otro de sus libros. ¡Uf!... El reverendo Rocko Fages, pastor de la Iglesia de la Quinta Venida -no confundir con la Iglesia de la Quinta Avenida, que permite a sus feligreses cumplir solamente cinco de los 10 mandamientos, a escoger-, el reverendo Fages, digo, sentía una pasión oculta por la hermana Sister, la organista del templo. Ideó una artificiosa estratagema para gozar de sus encantos. Le dijo que padecía una rara enfermedad que indefectiblemente lo llevaría a la tumba. Su médico, sin embargo le aseguró que se salvaría si una mujer se brindaba a librarlo de su mal por medio de un acto de carnalidad. Ése sería el mejor medicamento. La organista, preocupada por la salud del pastor, accedió a prestarse para tal efecto. Ahí mismo procedió el salaz predicador a disfrutar su ilícito placer. En medio del deliquio le pidió a la generosa mujer: “¡Béseme, hermana! ¡Béseme!”. “¡De ninguna manera! -opuso con energía la hermana Sister-. ¡Medicina sí; lujuria no!”. FIN.

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Licenciado en Derecho y en Lengua y Literatura españolas/cronista de Saltillo.

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