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Mi fiesta de independencia

Trump quisiera que Estados Unidos se pareciera a él, pero cuando nos vemos en el espejo, encontramos caras y colores de todos lados.

Jorge  Ramos
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Estados Unidos acaba de cumplir 250 años de democracia, y eso nos toca a los más de 53 millones de inmigrantes que vivimos aquí.

Es cierto que Donald Trump nos ha hecho la vida imposible. y que quiere deportar a muchos más. Pero la verdad es que la diversidad del país y su herencia democrática es mucho más fuerte que los instintos retrógrados y nacionalistas de una sola persona. “This too shall pass.”

Trump quisiera que Estados Unidos se pareciera a él, pero cuando nos vemos en el espejo, encontramos caras y colores de todos lados. Somos tan variados que en menos de 20 años los blancos dejarán de ser la mayoría de la población, y la nación estará compuesta solo de grupos minoritarios. Y por más inmigrantes que deporten en los próximos dos años, eso no va a cambiar. La demografía está determinando el futuro de Estados Unidos.

En la Declaración de Independencia, establecida el 4 de julio de 1776, hay una frase poderosísima: “Todos los hombres somos creados iguales”. (En realidad debió haber dicho “todas las personas somos creadas iguales”.) Este principio se aplica por igual en contra de la discriminación y el racismo que contra las dictaduras y el abuso de poder. Aunque este concepto de igualdad suele ser más una aspiración que la realidad, marca las principales luchas sociales dentro y fuera de Estados Unidos.

La idea es muy sencilla: Nadie está por encima de otro.

Aquí en Estados Unidos - lo acaba de ratificar la Corte Suprema - un niño recién nacido de padres indocumentados tiene exactamente los mismos derechos que el ocupante de la Casa Blanca. Esto, desde luego, le molestó enormemente a Trump, que quería de un plumazo eliminar ese derecho. Así que la definición más básica de ser estadounidense es todo aquel que nació en territorio de Estados Unidos. Punto.

Este derecho, ratificado en 1868 para darle la ciudadanía a los hijos de las personas esclavizadas, definió a Estados Unidos como una nación de iguales. No soy iluso y comprendo que un billonario de Silicon Valley tiene, en la práctica, más privilegios y oportunidades que el bebé de un recién llegado o de un asilado político. Pero dos, ante la ley, son igualitos. Este no es un país de reyes.

Y eso es lo que yo celebré el 4 de julio. Fue también mi fiesta de independencia. Te cuento mi historia.

De niño nunca quise ser inmigrante. Quería ser futbolista, roquero o astronauta. Pero me tocó crecer en un México sin democracia, y yo no quería ser un periodista censurado. Así que, con poquito dinero y muchas ganas, me fui en 1983 a Los Ángeles. Pronto me di cuenta cómo los periodistas en Estados Unidos cuestionaban al entonces presidente Ronald Reagan y no eran censurados ni reprimidos. Y fue ahí cuando dije: Yo quiero vivir en este país.

Estados Unidos ha sido muy generoso conmigo, y he tenido oportunidades que jamás me imaginé. Por eso hoy celebro que soy un ciudadano libre, un periodista independiente y que ningún gobierno me dice qué hacer o qué decir.

Pero al mismo tiempo me doy cuenta de que muchos inmigrantes que llegaron después de mí no han tenido las mismas oportunidades que yo tuve. Y por eso una buena parte de mi trabajo como periodista en Estados Unidos es darles voz a aquellos que no la tienen.

Lo que nunca imaginé es que la democracia estaría en peligro en Estados Unidos. Y lo está. Trump ha acumulado cada vez más poder, hay constantes abusos de autoridad, se persigue injustificadamente a inmigrantes, profesores, activistas, opositores y estudiantes, y se pone en duda el sistema electoral. Basta decir que Trump todavía no reconoce que perdió las elecciones presidenciales del 2020.

No, no creo que Estados Unidos sea una dictadura. El ejército no está en las calles reprimiendo a la gente, ni hay indicios de que se planee un fraude electoral mayúsculo. Pero los que vivimos alguna vez en países autoritarios estamos bien entrenados para detectar y oler a lo lejos los abusos de poder que llevan a sistemas represivos. Y por eso estamos tan atentos a todo lo que hace Trump. Las democracias no caen en un día; lo hacen paulatinamente mientras sus ciudadanos van cediendo más y más en las pequeñas cosas de la vida.

Ahora, en este cumpleaños 250, sigo teniendo la esperanza en el futuro democrático de Estados Unidos. Igual que cuando llegué hace 43 años. La diferencia es que esta vez lo siento amenazado y comprendo que nos toca a cada uno de nosotros el defender nuestro pedacito de libertad.

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Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros, el más reciente es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”.

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