Controlar la inconformidad
Desde alcaldes, secretarios, gobernadores o la Presidencia suplican por likes
Ocho años de administración arrojan un balance devastador: Penurias económicas aunadas a una severa ineptitud descubren una profunda decadencia, el declive toca la retórica oficial hoy convertida en un ácido que perfora el blindaje de su propio cinismo.
El lenguaje gubernamental se ha desgastado tanto que los términos cambian de sentido, progreso significa retraso, soberanía se convirtió en pretexto y el vocablo bienestar despierta burlas, evidenciando cómo los regímenes de tintes tiránicos despiertan la garra del humor con una causticidad que no toleran los aludidos.
La insistente lucha del Gobierno por la simpatía de los jóvenes revela exasperación, la ineptitud de una administración se manifiesta en el escarnio constante del sector por medio de redes sociales en las que se manifiestan; esto conlleva una furiosa batalla digital y desde alcaldes, secretarios, gobernadores o la Presidencia suplican por likes ante la corrosiva respuesta del numeroso grupo, sin olvidar que en noviembre de 2025 protagonizaron una marcha nacional en la que la convocatoria fue exitosa y la respuesta oficial opresiva.
No hay institución que no sea objeto de mofas constatando su descomposición, desde la Suprema Corte hasta la CNDH, pasando por la Secretaría de Hacienda o la de Salud y en un intento desesperado por contrarrestar la debacle, insisten en imponer una contranarrativa ideológica para combatir el “pensamiento de ultraderecha”, entendiendo desde su jerga que son todos aquellos que los cuestionan o quienes exponen sus yerros, enemigos mutantes en función de la mansedumbre o beligerancia.
El razonamiento opositor en una democracia es propio de la libertad y este se combate con resultados, no con textos amañados e impregnados de credos obsoletos y redactados por militantes sumisos.
Esto ya fracasó en sistemas que decidieron abrazar la doctrina antes que la realidad y los primeros que se manifestaron y repudiaron el propósito fueron los jóvenes.
En la URSS, una cosa era la cotidianidad y otra la simulación oficial, nadie creía en los discursos ni en la épica que presumía aquel régimen, los chistes entre jóvenes obreros corrían de forma paralela a la rigidez del aparato: “En una asamblea de trabajadores de una fábrica, se comunica a la plantilla: “Se ha tomado la decisión de que todos nos ahorquemos. ¿Hay preguntas?”. Entonces, alguien alza la mano: “¿La dirección de la fábrica nos proporcionará la soga o tenemos que traerla de casa?”. (Mijaíl Shishkin: Mi Rusia. La guerra o la paz.2024).
Más allá de la sátira, esta encierra una advertencia implacable para nuestra propia existencia: El peligro no radica únicamente en la vocación destructiva de un régimen negligente, sino en la dócil resignación de una sociedad que asiste a su propio desmantelamiento sin cuestionar acciones, conductas y abusos.
Si permitimos que el engaño sustituya por completo a los hechos, terminaremos como aquellos obreros, discutiendo la logística de nuestra propia ruina en lugar de rebelarnos contra el absurdo de quienes nos conducen al precipicio, esto lo empiezan a entender y a manifestar los jóvenes.
Estos regímenes inicialmente pierden su atracción con la juventud exteriorizando su decepción y advirtiéndonos a todos, que más allá de las mofas, confrontan a un régimen falaz patentizando que las becas no sustituyen al trabajo y los discursos no llenan alacenas ni satisfacen necesidades profesionales o materiales.
En este presente adverso para el poder, se pretende controlar la inconformidad empezando por las redes sociales (Sheinbaum va por regular uso de IA y redes sociales; alista debate sobre plataformas digitales, El Universal 30/06/26).
Otra disputa con los jóvenes y en contra de la realidad, desde hoy prohibir es regular.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados