No murió el T-MEC; murió la certidumbre
Eso es exactamente lo que busca Trump. La incertidumbre no es un efecto colateral de la decisión, es el instrumento. Él quiere que las empresas, ante la duda, inviertan en EE.UU y no en México o Canadá.

Eduardo Ruiz-Healy
“Estados Unidos no aceptó renovar el T-MEC en su forma actual. En consecuencia, el T-MEC no se renueva”. Así, en dos frases, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, sepultó ayer la posibilidad de extender por 16 años el tratado que rige el comercio de América del Norte.
La revisión conjunta prevista en el artículo 34.7 se cumplió puntualmente. Ayer a las 9:00 de la mañana se reunieron por videoconferencia Greer, Marcelo Ebrard, secretario de Economía, y Dominic LeBlanc, ministro canadiense de Comercio. México y Canadá ya habían firmado las cartas para prorrogar el acuerdo hasta 2042. Donald Trump dijo que no. El tratado sigue vigente hasta el 1 de julio de 2036, pero sometido a revisiones anuales en las que EE.UU podrá presionar y condicionar cada 12 meses.
Las razones de Greer son conocidas: Las “deficiencias” del acuerdo y los déficits comerciales con sus dos socios. Curioso argumento contra un tratado que Trump negoció, firmó y calificó en 2020 como “el mejor y más importante acuerdo comercial jamás firmado”. Más curioso aún si se recuerda que la Cámara de Comercio de EE.UU y las asociaciones automotrices de ese país pidieron por escrito la extensión. En junio, más de 70 organizaciones empresariales acudieron al Capitolio para exigir certeza. De nada sirvió. Trump desoyó a su propio sector privado.
En México la reacción oficial fue de calma administrada. La presidenta Claudia Sheinbaum aclaró que el 1 de julio no era una fecha fatal y que el tratado puede renovarse en cualquiera de las revisiones anuales. Ebrard informó que la tercera ronda de negociaciones bilaterales se celebrará la semana del 20 de julio y precisó que ningún país ha notificado su salida, un paso que exigiría avisar con seis meses de anticipación. Su resumen de la postura mexicana: “No tenemos prisa, pero tampoco nos interesa que haya incertidumbres”, que es precisamente lo que causó la decisión de Trump.
Los mercados tomaron nota. El peso se depreció 0.31% y cotizó en 17.53 unidades por dólar. El FIX de Banxico quedó en 17.5368. Banorte prevé que el tipo de cambio se acerque a 17.80 en los próximos meses y cierre el año en torno a 18.10.
El problema de fondo no es el tipo de cambio, es la inversión. El 80% de las exportaciones mexicanas va a EE.UU y el comercio trilateral supera 1.5 billones de dólares anuales. Un componente automotriz cruza las fronteras de la región hasta ocho veces antes de que el vehículo esté terminado. Como lo advirtió el Centro de Geoeconomía del laboratorio de ideas, Atlantic Council, las cadenas de suministro se construyen con visibilidad de 30 años, no de cinco. El sector de autopartes, que depende de reglas de origen estables, es el más expuesto. Ninguna empresa comprometerá miles de millones en plantas mexicanas si las reglas pueden cambiar cada julio.
Eso es exactamente lo que busca Trump. La incertidumbre no es un efecto colateral de la decisión, es el instrumento. Él quiere que las empresas, ante la duda, inviertan en EE.UU y no en México o Canadá. No pretende destruir el T-MEC, pretende reescribirlo unilateralmente con el reloj corriendo a su favor durante 10 años.
Ayer no murió el tratado. Murió la certidumbre.
Eduardo Ruiz-Healy
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