Mexicanos, ¿oikofóbicos o nacionalistas?
Es algo inquietante, pero hay situaciones en la vida de una sociedad que nos empujan a escoger entre lo nuestro o lo ajeno.

Es algo inquietante, pero hay situaciones en la vida de una sociedad que nos empujan a escoger entre lo nuestro o lo ajeno.
Un ejemplo típico de tal condición lo fue el dilema del pueblo británico cuando, hace 10 años, fue sometida a votación por referéndum la salida o la permanencia del Reino Unido de la Unión Europea. El resultado -la salida- cambió el panorama social, político y económico no sólo de esa nación sino de toda Europa y en buena medida prácticamente de todo el mundo.
En el ánimo de millones de votantes prevalecía el deseo de que el Reino Unido fuese como siempre. Se dijo que fue una manifestación de oikofilia, es decir de pasión y apego por la casa propia, por la tierra propia, por la nación de siempre.
Si hubiesen escogido permanecer en la Unión Europea, los perdedores de la votación hubieran manifestado su oikofobia, es decir su desapego, rechazo, aversión, temor o fobia por su propia “nueva” casa. Oikofobia es pues el rechazo o desapego por la propia casa, y por extensión, en términos de sociología y de filosofía política, una manifestación de que se prefiere estar como están otros países.
En nuestro caso, como mexicanos, sería oikofílico quien admire, acepte, aplauda y se apasione con nuestras costumbres, tradiciones, regiones y el modo común de ser nuestra gente, lo cual le conduce a arraigarse a la tierra que le vio nacer y crecer, y de hecho lo manifiesta hablando lo maravilloso que es México y absteniéndose de criticar negativamente a su gente, costumbres, modo se vida, etcétera.
Por el contrario, sería un mexicano oikofóbico quien no admire, acepte, aplauda o se apasione con nuestras costumbres, tradiciones, regiones y el modo común de ser de nuestra gente de manera que lo suyo será el desarraigo de la tierra que lo vio nacer y crecer, y de hecho lo manifiesta doliéndose o criticando negativamente las costumbres de su tierra.
¿Ejemplos típicos de nuestra región? Tenemos para ejemplo cómo muchos -hoy decenas de millones- de ciudadanos de países de Occidente se quejan de sus propias costumbres, tradiciones y modos de vida al grado que los critican y, quizás sin desear realmente mudarse a otras tierras, frecuentemente hablan, escriben y defienden el estilo de vida de regiones lejanas, por ejemplo los estadounidenses que cada vez voltean más hacia países con culturas, costumbres y tradiciones alejadas y muy distintas de las propias, sobre todo de Oriente.
Pongamos por ejemplo a mexicanos -intelectuales, académicos, políticos o gente común- que reconocen mejor y prefieren el modo de vida, trabajo y costumbres que se viven en los Estados Unidos, y esto por las razones que sea. Ahora pongamos como ejemplo otro País, Cuba, y veamos cómo hay mexicanos -intelectuales, académicos, políticos o gente común- que reprueba el modo de vida, tradiciones, costumbres, etcétera, de México y con vehemencia propone como ejemplo, acepta, exalta y promueve el estilo de vida y demás condiciones de Cuba.
En el primero y el segundo caso no necesariamente tales actitudes indican algo negativo, aunque puedan caber -por así decirlo- en el concepto de oikofobia. Reconocer y en un momento dado preferir a los Estados Unidos o a Cuba sobre México en sus condiciones y modo de vida, libertad, justicia, etcétera, o igual a Suiza o España, no significa de suyo que se es un oikófobo en su connotación peyorativa.
Suponerlo así puede significar una tentación de nacionalismo exaltado. Una persona puede amar a su País como a ningún otro y, por la razón que sea, vivir fuera de este, aún por decisión libre y sin presión alguna. Cada vez nuestra casa común (el mundo) es más común.
Por un lado la ocupación cada vez más acelerada del espacio sideral, por otro lado la explosión tecnológica en datos, información y comunicación -incluyendo la inteligencia artificial- e igualmente la siempre necesaria migración de las personas, van situándonos en una realidad que, sin apagar las raíces regionales, nos mueve a seguir desplazándonos aún más. Esto es connatural al ser humano y debe no sólo respetado sino protegido con hechos.
Jesús Canale
Médico cardiólogo por la UNAM.
Maestría en Bioética.
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