El Imparcial / Columnas / Columnas México

Nunca mostramos tanto nuestra vida y nunca escondimos tanto lo que sentimos

Nos hemos vuelto expertos en el arte del simulacro. Decir “estoy bien” dejó de

Juan Tonelli

Publicamos lo que comemos, lo que pensamos, a dónde viajamos y con quién dormimos. Pero cada vez cuesta más decir algo simple y verdadero: “Estoy mal”, “tengo miedo”, “no puedo solo”.

Hace unos días me crucé con un conocido a quien no veía desde hacía tiempo. Estaba pálido, tenso, con la mirada esquiva. Cuando le pregunté cómo estaba, respondió con una sonrisa automática: “Bien, impecable, como siempre”. Pero mientras guardaba las llaves en el bolsillo, le temblaban las manos.

Y en ese gesto mínimo apareció una verdad que no había dicho.

Me recordó la frase que se le atribuye a Paul Auster: “La autenticidad se ha convertido en un auténtico lujo”.

Nos hemos vuelto expertos en el arte del simulacro. Decir “estoy bien” dejó de ser una respuesta sincera para convertirse en una contraseña social. Una fórmula rápida para evitar preguntas, acelerar vínculos y seguir adelante.

Vivimos rodeados de conversaciones donde casi nadie escucha de verdad y donde mostrar fragilidad parece un error estratégico.

Desde chicos aprendemos a controlar tanto las emociones que terminamos confundiendo madurez con anestesia. Creemos que crecer es endurecerse, que el éxito consiste en sostener el control y que la vulnerabilidad es un defecto.

El problema es que la sociedad premia al que funciona, no al que siente.

Las redes sociales amplifican esa lógica. Mostramos mucho, pero revelamos poco. Publicamos versiones editadas de nosotros mismos: Viajes, logros, sonrisas, cuerpos perfectos, vidas ordenadas. Mientras tanto, la angustia, el miedo o la sensación de vacío quedan fuera de cuadro. Como si sentir demasiado fuera algo vergonzoso.

Pero vivir fingiendo que no nos pasa nada tiene un costo enorme. El cuerpo termina hablando cuando la palabra se calla. Insomnio, ansiedad, ataques de pánico, agotamiento extremo: Muchas veces no aparecen sólo por lo que vivimos, sino por el esfuerzo constante de sostener una imagen que ya no coincide con lo que somos.

Quizá por eso la verdad da tanto miedo. Porque decirla cambia cosas. Decir “tengo miedo”, “no puedo más” o “necesito ayuda” rompe el equilibrio precario que armamos para seguir funcionando.

Sin embargo, la autenticidad no consiste en exponerse ante cualquiera. Se trata, primero, de dejar de esconderse de uno mismo.

En medio de esta época acelerada existe, sin embargo, una excepción luminosa: Esas

personas con las que no hace falta actuar. En inglés suele llamárselas “blue person”, un concepto inspirado en el modelo The Color Code del médico Taylor Hartman, donde el color azul representa la profundidad emocional, la empatía y la autenticidad.

Tu “persona azul” no es alguien perfecto. Es quien te vio en tus peores momentos y no salió corriendo. Quien escuchó tus contradicciones, tus miedos o tu tristeza sin intentar corregirte de inmediato. Un refugio humano donde no hace falta sostener el personaje del “todo bien”.

Tener un vínculo así cambia la vida. Porque en un mundo que exige rendimiento permanente, encontrar un espacio donde uno pueda bajar la guardia es casi un acto de supervivencia emocional. Ahí no hace falta ser exitoso, fuerte ni correcto. Basta con ser real.

Tal vez el problema no sea que sentimos demasiado, sino que vivimos en una cultura que nos obliga a sentir en silencio. Y quizá por eso la autenticidad se volvió un lujo: Porque requiere coraje. El coraje de admitir lo que nos pasa antes de endurecernos por completo.

El mundo probablemente no necesite personas más perfectas, más eficientes ni más exitosas. Necesita gente más verdadera. Personas capaces de pedir ayuda, de llorar cuando haga falta, de decir “esto me duele” sin sentir vergüenza.

Porque una vida donde nunca decimos lo que sentimos puede parecer ordenada desde afuera, pero por dentro se parece demasiado a una casa vacía.

Tal vez vivir mejor empiece por algo simple y profundamente revolucionario: Animarse a decir “esto me pasa”. Y encontrar, aunque sea una vez en la vida, a alguien frente a quien podamos apagar el simulacro y respirar de verdad.

Juan Tonelli

Escritor y conferencista

Autor del libro “Un paraguas contra un tsunami”.

www.youtube.com/juantonelli

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí

Temas relacionados