Día de las madres
Santo y bueno festejar a las mujeres que son madres, pero eso no debe oscurecer el hecho de que con frecuencia se vive la maternidad en condiciones de privación y angustia.

Batarete
El antecedente de nuestro día de las madres se encuentra en el vecino país del Norte. Ahí, antes de la Guerra Civil, una mujer llamada Ann Reeves Jarvis organizó unos “Clubes de Trabajo de las Madres” que tenían como objetivo enseñar prácticas de salud e higiene, para mejorar el cuidado de sus hijos.
Después del conflicto entre el Sur y el Norte, organizó el “Día de la Amistad de las Madres” para reunir a progenitoras de soldados de ambos bandos y promover la reconciliación nacional.
Anna Reeves Jarvis murió en 1909 y su hija, Anna Jarvis comenzó a luchar porque se reconociera el activismo de su madre, e inició una campaña de cartas a senadores, representantes y también a gobernadores, para que se designara un día para honrar a las madres. En 1914, el presidente Woodrow Wilson estableció oficialmente el segundo domingo de mayo como el Día de las Madres.
En nuestro País fue el periodista Rafael Alduncin, fundador de El Excélsior, el que lanzó una iniciativa para celebrar a la mujer y madre mexicana, como una forma de exaltar el rol tradicional de la mujer en el hogar, frente a las nuevas ideas de emancipación que estaba surgiendo en Yucatán, donde había un fuerte movimiento feminista que promovía la planificación familiar.
Los organizadores sugirieron el 10 de Mayo porque ese mes estaba dedicado a la Virgen María en el catolicismo mexicano, lo que facilitó la aceptación de la festividad.
El día de las madrecitas se instituyó en México el año 1922 para festejar, una vez al año, a la madre tradicional, en una familia nuclear, con hijos y marido, señora de su casa, dedicada al cuidado del hogar y la formación de los críos: Ese esquema organizativo y de valores culturalmente aceptados es, se decía, la célula primigenia de la sociedad y a esos valores deberían responder y acatar la mayoría de los mexicanos.
Esa opción por un tipo de “madre” y entorno familiar se consideró el único válido y también el ideal de familia: A eso debería de orientarse la sociedad en su totalidad. Ahora bien, al señalarlo como el único modelo válido se dejó de lado y se ignoró la impresionante diversidad de familias distintas, con problemáticas y situaciones con frecuencia dificilísimas en lo económico y social, al punto que para alguna corriente de pensamiento el solo hecho que existan ese tipo de familias ya se considera una desviación de la norma, y una irregularidad.
El ideal así planteado ordena que la familia debe ser formada por una pareja, hombre y mujer por supuesto, más algunos hijos, un padre proveedor y una ama de casa. Una madre soltera que trabaja y mantiene a sus hijos, tiene menos validez; como tampoco parece adecuada una cabeza de familia femenina proveedora y un varón que se dedique al cuidado de los niños.
Más complicado aún es concebir una pareja de mujeres que cuidan y mantienen a sus críos, sin la presencia de un señor que les conceda “respetabilidad”.
Colocar a las madres solamente en el contexto de esa familia nuclear, digamos tradicional, de alguna manera niega valía a los esfuerzos de muchas mujeres que logran criar y mantener a sus hijos sin auxilio masculino y en condiciones de exclusión y también de explotación.
Santo y bueno festejar a las mujeres que son madres, pero eso no debe oscurecer el hecho de que con frecuencia se vive la maternidad en condiciones de privación y angustia. Es necesario insistir en que muchas madres no tienen un compañero responsable, que participe y provea para el mantenimiento adecuado de los hijos.
Se debería otorgar a cada madre, directamente a ella, un apoyo mensual para la cría de sus vástagos, más una asesoría constante por trabajadoras sociales que ayuden por lo menos hasta el quinto año de cada bebé.
Ernesto Camou Healy
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