Vida, cada vez más lejos y más antigua
Si descubrimos que hay vida en otros sitios de la creación... la biología y la biotecnología serán ciencias aún más relevantes para nuestra seguridad y sobrevivencia.

Hace apenas unos cuantos días nuestros ojos y pensamientos se fijaron en la Luna y pensamos (nuevamente) en qué y cómo será lo que las generaciones venideras verán de lo que, por su lejanía, rebasa hoy nuestra imaginación.
Uno de los astronautas de Artemis II nos dejó inquietos cuando dijo lo que sintió al ver, desde el espacio profundo, la Tierra suspendida, flotando sola en la oscuridad del vacío. Muchos, al ver esas imágenes, nos preguntamos cómo es que en aquella inmensidad nos encontramos aquí peleando y destruyéndonos unos contra otros: ¿Qué sentido tiene? pensamos. Pues bien, valga esta consideración para pasar a otro suceso relacionado, partiendo de que nada es totalmente espontáneo y sin propósito: El martes de esta semana fueron publicados los resultados de un experimento realizado por el “rover” -ese carrito que parece un pequeño tractor- que recorre marte desde 2012, de nombre “Curiosity” y del que se valieron los científicos para realizar el primer experimento químico en otro planeta.
Los resultados han revelado que la superficie marciana es capaz de preservar moléculas que podrían ser indicios de vida antigua, aunque el experimento no define si estos compuestos orgánicos provienen de vida pasada en Marte o de procesos geológicos naturales o bien de meteoritos que impactaron en ese planeta y que podrían suponer elementos primitivos de vida en otros cuerpos celestes.
La líder del grupo de investigadores, la doctora en Geología Amy Williams, comentó “creemos que estamos ante materia orgánica que se ha conservado en Marte por 3,500 millones de años”. Es muy útil contar con evidencia de materia orgánica tan antigua que se ha conservado porque es una forma de evaluar la habitabilidad de ese entorno. El experimento identificó más de 20 compuestos químicos incluyendo uno que contiene nitrógeno con estructura similar a la de los compuestos que participan en la formación del ADN, lo que nunca antes se había identificado fuera de la Tierra.
Los meteoritos que impactaron marte contenían los mismos materiales que aquellos que impactaron nuestro planeta; probablemente así llegaron los ingredientes elementales para la vida en la Tierra. Desde luego que los resultados del experimento no son suficientes para decirnos algo más definitivo sobre la aparición de la vida en la Tierra o en otros astros, pero las bases para continuar investigaciones sobre la búsqueda de compuestos orgánicos más allá de la Tierra quedan hoy bien establecidas y, de hecho, la planeación de futuras exploraciones en misiones próximas tanto en marte como en Titán, la luna de saturno, estará influenciada por este descubrimiento logrado por el rover Curiosity. Pero… ¿qué sentido tiene continuar sobre estos dilemas acerca de la vida en otros astros mientras tenemos aquí una serie de pendientes por resolver como el daño ambiental, guerras, crímenes, hambre, enfermedades, y tantos otros?
No hay una respuesta fácil, pero sabemos que tenemos un compromiso no sólo con nosotros hoy sino también con las y los que por siglos y milenios vendrán. Si descubrimos que hay vida en otros sitios de la creación sabremos también que tenemos la esperanza de reservas indispensables para continuar existiendo en caso de catástrofe ambiental irremediable, y si no hay vida fuera de aquí tenemos que aceptar que nuestra Tierra es más vulnerable y está en todavía mayor riesgo, y con ella nosotros.
Si hay vida allá, la biología y la biotecnología serán ciencias aún más relevantes para nuestra seguridad y sobrevivencia. Si hay vida allá, tendremos que prepararnos ya no sólo para la cooperación internacional sino cooperación interplanetaria, y claro que por ahora pensar esto es una locura, pero nuestra historia primitiva está llena de locuras. Si el conocimiento nos asegura que la vida existe o que es posible fuera de Tierra, nuestra gratitud hacia el Creador será -si se puede decir así- aún más pronta y más grande por haber palpado -de nuevo, si se puede decir así- su infinita generosidad.
Jesús Canale
Médico cardiólogo por la UNAM.
Maestría en Bioética.
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