El Imparcial / Columnas /

Homenaje a Heberto Castillo

Para mí generación que nos tocó vivir la transición a la democracia, Castillo desempeñó un papel fundamental.

Leo Zuckermann

Juegos de poder

Hay personajes políticos que marcan a una generación. Para la mía, uno de ellos fue Heberto Castillo, ingeniero, académico, activista y político, pero, sobre todo, luchador incansable a favor de la democratización de México.

Yo comencé a admirarlo desde que leí su libro “Si te agarran, te van a matar” (1983). El título viene de la advertencia que le hizo Lázaro Cárdenas cuando el régimen autoritario priista lo perseguía por su participación en el Movimiento Estudiantil de 1968. Heberto se encontraba escondido para que el Gobierno de Díaz Ordaz no lo detuviera y matara, tal como le había advertido su amigo, el ex Presidente.

Heberto narra la represión del Movimiento del 68 y su vida en la clandestinidad. Describe cómo operaba el régimen priista que no tenía empacho en reprimir violentamente a cualquier disidencia.

Los opositores de esa época literalmente se jugaban la vida, vivían escondidos, con un miedo constante y gran incertidumbre sobre su futuro. Es un retrato muy humano del activismo político, la persecución, las detenciones arbitrarias y la tortura.

De un Estado que, en lugar de proteger, persigue a sus ciudadanos.

Con un estilo directo y testimonial, sin adornos y con una fuerte carga emocional, Heberto critica al autoritarismo, la concentración de poder y la simulación institucional.

Para mí generación que nos tocó vivir la transición a la democracia, Castillo desempeñó un papel fundamental.

Tras haber sido encarcelado y posteriormente liberado por participar en el Movimiento del 68, Heberto pasó de la academia (era profesor de la UNAM) a la política. Fundó el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) como alternativa de izquierda democrática. Recordemos que, por aquel entonces, los comunistas veían a la democracia como una farsa “burguesa” que había que derrocar para imponer la dictadura del proletariado.

No era poca cosa proponer una izquierda no alineada con modelos autoritarios de Gobierno.

Gracias a la reforma política de 1977 que liberalizó el régimen autoritario priista, el PMT obtuvo su registro legal como partido en 1984. Heberto se convirtió en diputado federal en 1985 en la LIII Legislatura cuando el presidente era Miguel de la Madrid.

Fue en ese entonces cuando lo conocí personalmente por única ocasión.

Yo estudiaba en El Colegio de México y no recuerdo por qué, pero un grupo de amigos fuimos al Palacio Legislativo de San Lázaro. En ese entonces cualquiera podía entrar al Pleno sin ningún problema. Mis amigos y yo vimos a Heberto en su escaño. Nos acercamos a saludarlo. Muy afable, Castillo se puso a platicar con nosotros. Algo estábamos hablando del PRI y, no recuerdo por qué, pero utilizó una frase con gran precisión que zanjó por completo el debate en cuestión: “Eso sería como echarles margaritas a los cerdos”.

Castillo se lanzó como candidato presidencial en 1988. Ya en plena campaña, hizo algo poco visto en la política nacional: Declinó a favor de Cuauhtémoc Cárdenas. Puso el objetivo colectivo por encima del individual.

Sabía que, si la izquierda se dividía, el oficialismo tendría más ventaja. Con la modestia que lo caracterizaba, entendió que Cárdenas era más popular que él y con mayor posibilidad de integrar un movimiento amplio de izquierdistas de diversas facciones, ex priistas del ala nacionalista del partido y diversos actores de la sociedad civil.

No se equivocó. La coalición histórica que se formó en 1988, y que puso en aprietos a la poderosa maquinaria electoral del PRI, acabó convirtiéndose en un nuevo partido, de la Revolución Democrática, después de las elecciones de ese año.

Heberto siempre puso a la democracia por arriba de sus aspiraciones personales. Desgraciadamente no llegó a ver cómo la oposición le arrebataba la mayoría al PRI en las elecciones intermedias de 1997 y Cárdenas se convertía en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido en las urnas. Murió ese año, en abril, a los 68 años.

Yo no comulgaba con muchas de las posturas ideológicas de Castillo. Escribió, por ejemplo, un libro para explicar por qué estaba en contra del Tratado de Libre Comercio criticando el modelo económico neoliberal.

Sin embargo, siempre lo admiré por su talante democrático liberal.

Sí, era de izquierda, pero no de una izquierda autoritaria o populista, sino democrática. Lo más parecido, quizá, que ha tenido este País a una socialdemocracia.

Se pueden tener diferencias ideológicas, pero los que creemos en la democracia liberal le debemos mucho a Heberto Castillo por su lucha contra del autoritarismo.

El Senado develó, antier, un busto de su imagen como homenaje a su trayectoria política. Se merece eso y más.

Leo Zuckermann

X: @leozuckermann

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí