Delante de la curva
Ejercer la dueñez hoy no encuentra treguas. La incertidumbre se volvió hecho cotidiano.

Dueñez* empresaria
Ejercer la dueñez hoy no encuentra treguas. La incertidumbre se volvió hecho cotidiano.
Aprendí a manejar en un Jeep entre cañaverales. Me enseñó a hacerlo el ingeniero Lima, responsable de campo en el ingenio El Portero, en Veracruz. Cada vez que se aparecía este querido colaborador de mi padre, me emocionaba. Un día, cuando él sintió que ya podía controlar el vehículo, me dijo: “Ahora vamos a salir a la carretera”. Recuerdo que tembló todo mi cuerpo, pero no dudé en decirle que estaba listo.
Salimos a la carretera que iba del ingenio hacia Córdoba, la ciudad más cercana. Cuando empecé a sentir la velocidad, me di cuenta de la diferencia. Llegaron las primeras curvas y sentí la fuerza de la inercia. Apreté el timón y seguí como pude el ángulo de las vueltas. Al salir de la parte sinuosa y continuar en una recta, el ingeniero Lima me dijo: “Tienes que ir delante de la curva”.
¡Vaya que se me quedaron esas palabras en la mente! Él me explicó que tenía que ir siempre preparado para dar vuelta, y que mi vista debía aprender a anticiparme antes de que me sorprendiera la curva.
Desde entonces he podido detectar cuando una persona sabe manejar en carreteras tortuosas. No es lo mismo que ir en recta. Demanda otras capacidades de manejo.
El entorno empresarial actual ha dejado de ser una autopista despejada, nuestras carreteras ya sólo tienen rectas cortas. Vivimos en una ruta tortuosa donde, apenas libramos una curva (como la disrupción tecnológica o la inestabilidad de mercados), y enseguida aparece la siguiente (como la Inteligencia Artificial o la volatilidad geopolítica).
Muchos empresarios parecen manejar viendo sólo el pedacito de camino que tienen enfrente, o peor aún, mirando el cofre del Jeep. Están tan absortos en la problemática inmediata, que han perdido la capacidad de mirar hacia el horizonte.
En rutas tan irregulares es peligroso manejar cansados. Gestionando la operación diaria nos mantenemos agotados al volante. Al mermar nuestros reflejos, nos volvemos reactivos.
El ejercicio de la dueñez demanda claridad de propósito, imaginación y lucidez mental, pero también resiliencia. Si el dueño está exhausto por “apretar el timón” en la operación diaria, no tendrá la agilidad visual para detectar las oportunidades que vienen tras la siguiente vuelta. La fatiga operativa es causa de frecuentes accidentes estratégicos en las empresas familiares y medianas. El costo de oportunidad no perdona.
Necesitamos desarrollar hábitos y mecanismos para levantar y enriquecer la mirada. Aquí van algunos:
Crear espacios para la dueñez. El quehacer cotidiano del negocio es absorbente. Es decisivo establecer tiempos y espacios para trabajar en el futuro, en lo discontinuo, en lo que creará valor mañana. Estos espacios son más productivos si aprendemos a pensar junto con gente brillante que nos alimente la mente con otras perspectivas, que nos cuestione y aporte experiencias y miradas distintas.
Zafarnos de la operación. Es importante mantenernos al tanto de nuestros clientes y mercados, de colaboradores, proveedores y aliados, de no perder sensibilidad del negocio. Pero necesitamos también no concentrar nuestra agenda solamente en trincheras de la empresa. Viajar, sacar la cabeza, tomar cursos, asistir a eventos, salir a ver qué hacen en otros países e industrias. Todo eso nos alimenta de ideas frescas y de nuevas posibilidades.
Construir un equipo con talento visionario. La misma gente, a la larga, nos dirá las mismas cosas. Necesitamos otros puntos de vista y maneras de pensar. No podemos claudicar a la búsqueda incesante de personajes que vengan a hacer la diferencia. La atracción de gente clave para nuestra organización ha de ser un proceso constante, metódico, y con los mejores medios para hacerlo.
Involucrarnos en el cambio tecnológico. La velocidad de adaptación es ya ventaja competitiva. No podemos estar a la expectativa. Tenemos que adelantarnos. Si los máximos líderes de la empresa no estamos metidos de fondo impulsando y guiando el aprendizaje, el costo de oportunidad puede ser grande.
No podemos rendirnos. Nos toca adaptarnos a manejar en este entorno cambiante, una curva a la vez.
Carlos A. Dumois es presidente y socio Fundador de Cedem.
* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.
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