La salida de Adán Augusto
...la buena noticia es la defenestración de Adán Augusto López. La mala es que seguirá en el Senado. Y la peor es que seguirán impunes sus comprobadas fechorías.

De política y cosas peores
Este cuentecillo, de paleozoica antigüedad, puso en mi adolescencia los primeros asomos sicalípticos. Desde la superficie del mar el jefe de la embarcación le preguntó por cable al buzo: “¿Qué ves?”. Contestó el hombre: “Peces”. Poco después le preguntó de nuevo: “¿Qué ves ahora?”. La respuesta: “Algas”. Y luego de un rato: “¿Ahora qué ves?”. Respondió el buzo: “Peces con algas”. “¡Agárralos, pend…! -clamó el jefe-. ¡Son sirenas!”. A pesar de ser filósofo, Tessagy Agetro tiene una vida interesante. Viajero infatigable, ha visitado las grandes metrópolis del mundo: París, Roma, Londres, Viena, Moscú, Nueva York. Sólo en Saltillo no ha estado. Aun así conozco sus doctrinas. Afirma el pensador que todas las construcciones sociales, el lenguaje entre ellas, han sido hechas bajo la perspectiva del varón. Eso se observa, por ejemplo, en los diccionarios, donde los vocablos aparecen registrados en el género masculino, y segundamente en el femenino. Para fortalecer su tesis, Agetro analiza la palabra latina virtus. No sólo quiere decir virtud, sino también fuerza, valor. Y sucede que esa voz deriva del masculino vir, que designa al hombre, como si esas cualidades pertenecieran en exclusiva al másculo. De la palabra virtus deriva el verbo desvirtuar, que significa alterar la naturaleza de algo, adulterarlo, corromperlo. Eso ha sucedido con el fuero, institución que originalmente servía para garantizar a los diputados y senadores la libre expresión de sus ideas, y los amparaba contra cualquier persecución gubernamental por ellas. La institución ha sido desvirtuada. Ahora pone a los políticos por encima de la ley, y los libra de ser procesados por delitos del fuero común. A ese respecto la buena noticia es la defenestración de Adán Augusto López. La mala es que seguirá en el Senado. Y la peor es que seguirán impunes sus comprobadas fechorías. No sólo eso: Todo indica que su salida fue negociada, pues queda en su lugar uno de sus lugartenientes. Figura en mi biblioteca el copioso “Merriam-Webster’s Geographical Dictionary”. En él aprendí que el sitio que conocemos como Timbuctú es más bien Tombouctou. Fue en la antigüedad importante centro comercial en la ruta de las caravanas de camellos del Sahara, cuyo acompasado paso fue descrito musicalmente por Tchaikovski en “El Cascanueces”, y por el poeta colombiano Guillermo Valencia en armoniosos alejandrinos cuyo ritmo imita el caminar de esos navíos del desierto, los camellos. Todo esto me sirve para decir esto: Ya que la Presidenta no puede enviar a López a la cárcel, pues es hermano postizo del otro López, el que manda desde enfrente, envíelo entonces a Timbuctú, o Tombouctou, cuyo nombre usamos para aludir a un remoto sitio del planeta. Alejar de México a ese individuo será bueno para México. El cliente le preguntó al vendedor de frutas y legumbres: “¿A cómo está el tomate?”. Respondió el tipo: “A 50 pesos pieza”. “¿50 pesos por cada tomate? -exclamó indignado el comprador-. ¡Métaselos ya sabe dónde!”. “No puedo -respondió calmosamente el individuo-. Ya tengo ahí una piña de 500 pesos”. Gin Harlot, aspirante a actriz de Hollywood, se presentó en la oficina del director de cine luciendo una provocativa vestimenta cuya incitante brevedad hacía que por arriba se viera hasta abajo y por abajo se viera hasta arriba. Untó su cuerpo al del director, y se movió con ondulantes movimientos tanto frontales como laterales. Le preguntó al cineasta: “¿Qué posibilidad tengo de actuar en una de sus películas?”. “Miss Harlot -respondió el director respirando con agitación-. En estos momentos su posibilidad está empezando a crecer”. (No le entendí). FIN.
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