Saber que Dios nos habla
Jesucristo nos muestra a Dios y transforma la relación del hombre con Dios rota por el pecado en una relación de amistad y de amor. Cristo establece la Alianza nueva y eterna, en la que ya nada nos puede separar de su amor.

1) PARA SABER
“La amistad o nace entre iguales o los hace tales”. Con esta frase de san Agustín, el papa León XIV nos recuerda que nosotros no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo. Después del Año Jubilar, el Papa ha iniciado un nuevo ciclo de catequesis dedicado ahora al Concilio Vaticano II, a sus 60 años, el cual “constituye la estrella polar del camino de la Iglesia”. Como enseñaba Benedicto XVI «los documentos conciliares no han perdido su actualidad con el paso de los años; al contrario, sus enseñanzas se revelan particularmente pertinentes”. Volver a esos documentos nos ayudará a “renovar la alegría de llevar al mundo el Evangelio del Reino de Dios, que es un Reino de amor, de justicia y de paz”, afirmó el papa León.
Y para iniciar, comenzó el Papa a profundizar en la Constitución dogmática llamada “Dei Verbum”, sobre la divina Revelación. Dijo que es uno de los documentos más bellos y más importantes. La palabra “revelar” proviene del latín: re-velare, significando “quitar el velo”. Lo cual indica que Dios mismo se “quita el velo”, es decir, se nos da a conocer. Haciéndose verdad las palabras de Jesús: “Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre» (Jn 15, 15). Jesucristo nos muestra a Dios y transforma la relación del hombre con Dios rota por el pecado en una relación de amistad y de amor. Cristo establece la Alianza nueva y eterna, en la que ya nada nos puede separar de su amor.
2) PARA PENSAR
La Revelación es lo que Dios ha hablado a lo largo de la historia. Y parte de ella se haya contenida en la Sagrada Escritura. Un libro de gran valor que propios y extraños lo reconocen. Por ejemplo, un pensador que no se caracterizó por su religiosidad, sino todo lo contrario, fue Juan Jacobo Rousseau, a quien el mismo Voltaire lo acusó de ultrajar el cristianismo. Pues incluso este personaje reconoce el valor de la Biblia al escribir: “¿Cómo rehusar el testimonio de un libro escrito por testigos oculares, que lo firmaron con su sangre, recibiendo en depósito por otros testigos, que nunca han dejado de darlo a conocer en toda la tierra, y por el que han muerto más mártires que letras tienen sus páginas?... Confieso que la majestad de los Evangelios me asombra: La santidad del Evangelio habla a mi corazón. Mirad los libros de los filósofos con toda su pompa, ¡qué pequeños son comparados con aquel!”.
3) PARA VIVIR
El Concilio Vaticano II ha redescubierto el rostro de Dios como Padre que nos llama a ser sus hijos. Y en la Constitución Dei Verbum nos recuerda que Dios nos habla. Por ello la primera actitud que hemos de cultivar es escucharlo, para que su Palabra divina penetre en nuestras mentes y en nuestros corazones. Y al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Dios. Por ello importa la oración, para vivir y cultivar la amistad con el Señor. En la oración litúrgica Dios mismo nos habla por medio de la Iglesia. Y en la oración personal, cada uno habla con Dios y tiene lugar en el interior del corazón. Aconseja el papa León XIV que en cada día no falte un momento sereno de oración para escucharlo y hablar con Él en el silencio y la intimidad del corazón. Pues sólo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él.
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