Edición México
Suscríbete
Ed. México

El Imparcial / Columnas /

Inteligencia artificial, ¿para quiénes?

El intenso enfoque sobre la IA visto en el reciente Foro Económico Mundial en Davos no habla sino de una carrera muy competida

Jesús Canale

Si bien el progreso científico y tecnológico ha sido espectacular en los últimos cien años, la brecha en el beneficio de tal avance entre -por ejemplo- los mexicanos pobres y los de clase media en todos esos años no se ha reducido, al contrario, se ha ensanchado. Los avances han tenido una tendencia asimétrica en el limitado provecho que han puesto al alcance de los pobres y el mayor aprovechamiento a disposición de las clases medias.

No estamos diciendo que todos los pobladores de una determinada región habrán de beneficiarse exactamente igual, pero sí que el sentido común ético -si se permite decirlo así- supone un nivel de beneficio que aporte significativamente al desarrollo y bienestar de los grupos económicamente más desfavorecidos, no sólo por lograr que hoy estén mejor que antes, sino porque los avances reflejen en todos al menos un mínimo “saludable” de provecho.

Por lo menos en nuestro medio el progreso que la tecnología ha acarreado para la educación, la atención a la salud y un bienestar material palpable que al menos pueda considerarse decoroso (agua, alimento, vestido, techo y servicios básicos), y sin negar que lo ha habido en algún grado, está claro que el beneficio ha llevado dedicatoria muy preferencial a los estratos medio y alto.

Bueno, pues precisamente sobre este panorama, que de hecho existe en muchos países, se fundamenta una de las preocupaciones más espinosas del aprovechamiento de la IA, pues de continuarse esa tendencia, lo que ocurrirá con esta modalidad naciente de informática, será mayor distancia en el aprovechamiento de la IA entre los de clases bajas y los de clases medias, elevándose notablemente el “analfabetismo digital” para los primeros con efectos indeseables en la educación, capacitación y oportunidades para los que de entrada ya son los menos favorecidos.

El intenso enfoque sobre la IA visto en el reciente Foro Económico Mundial en Davos no habla sino de una carrera muy competida, ya no sólo entre las grandes potencias económicas del mundo sino en cada vez más países, en buena medida por las definitivas ventajas de la IA y también porque, como en muchas otras áreas de la vida, el que llega primero arrebata más, y sucede ya desde ahora que no pocos pueblos del mundo son solo espectadores distantes de esta novedad, corriendo desde ahora el riesgo de llegar muy tarde. Mucho tendrán que ver sus propios líderes políticos, académicos y otros pero también porque hay una planeación calculada de los grandes que “dosifica” para los pequeños las capacidades y habilidades de la IA.

No son estos los únicos retos éticos que ya desde ahora enfrenta el desarrollo de la IA en el mundo, comenzando porque las oportunidades de beneficios son enormes, simplemente considerar que se proyecta que la IA contribuirá al crecimiento económico global con 16 trillones de dólares en los próximos cinco años lo que lógicamente supone un pastel muy codiciado por muchos. En cuestión de salud, la IA mejorará cada vez más la rapidez y precisión diagnóstica, el desarrollo de nuevos medicamentos y de tratamientos personalizados que resultarían en ahorro para las economías nacionales, pero que podrían estar más accesibles a las economías fuertes.

En agricultura, la IA optimizará los cultivos con lo que se obtendrá más cosecha por área sembrada, hará predicciones climatológicas más exactas, etcétera. Pero el principal problema ético de la IA a gran escala es precisamente su adopción más pronta, más rápida y más eficiente por las economías ricas dejando a los países de bajo ingreso aislados al respecto sobre todo por su atraso en infraestructura y capacitación digital. Andrés Oppenheimer en su libro “Basta de historias” (2018), por cierto dedicado a Latinoamérica, ya advertía claramente sobre el costo que en el progreso y bienestar comparativo de los pueblos supone el atraso científico y tecnológico. Pues sí, ya basta de historias.

Jesús Canale

Médico cardiólogo por la UNAM.

Maestría en Bioética.

jesus.canale@gmail.com

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí